Madre solo es una

La opinión del Periodista….

ERNESTO  A.  QUIJADA  DÍAZ
erluga.10@gmail.com

‘Una madre es capaz de dar todo sin recibir nada. De querer con todo se corazón sin esperar nada a cambio.  De invertir todo en su proyecto sin medir la rentabilidad que le aporte su inversión. Una madre sigue teniendo confianza en su hijo cuando todos los demás la han perdido. Gracias por ser mi madre’.

Pese a mostrarme en desacuerdo con la celebración de un día específico para reconocerles a las madres su papel en la vida de cada ser humano. Pese a entender que la festividad es una oportunidad de los comerciantes para engordar sus cajas registradoras, utilizando el bombardeo incesante de anuncios comerciales que comprueban el fenómeno del ‘ser humano rebaño’, tengo que aceptar que la fecha que por años se dedicó a la Inmaculada Concepción, era la más adecuada para venerar a su similar en la Tierra, que es la Madre.

Ese ser, que se priva de lo más necesario para ella, para ponerle un bocado de comida a su vástago. Que pasa frío, y limitaciones físicas para proveer a ese fruto de su vientre del calor necesario, esa que llora para adentro, con tal que no se le noten las lágrimas y en medio de su dolor nos transmite una sonrisa, ese ser humano cuya valoración muchas veces no es entendida por los suyos, sino hasta después que fallece, es a ese ser que quiero exaltar en la oportunidad de un nuevo 8 de Diciembre.

Existen tantas acepciones que nos dibujan las cualidades de una madre. Pero no quisiera entrar a hacer una valoración de ellas. Solo quisiera poder recoger en estas cortas líneas, lo que son las madres. En mi concepto resultan seres humanos especiales. Las hay blancas, morenas, amarillas, altas, bajas, incluso pequeñas, gruesas, obesas, delgadas, adustas o sonrientes, de cabello lacio, o enredado, pero todas rinden una cuota extra de sacrificio a la hora de procrear un hijo. No importa que sea en la Antártida, en algunos de los continentes del planeta, en una nación desarrollada o en un país de tercer o cuarto mundo, una de las pocas cosas que resultan similares, es el amor de las madres por sus hijos.

No existe termómetro que mida más amor o menos amor en una mujer que llevó durante su gestación un ser humano en su vientre. Todas, califican como excepcionales criaturas humanas cuando se valora su condición de MADRE. Yo veneré a la mía hasta el minuto final de su vida, en el cuarto de urgencia de la especializada del Seguro Social, un 19 de octubre de 1993 exactamente a las 5:43 minutos de la madrugada.

Por eso, al cumplirse una fecha de tanta importancia en el calendario religioso y humano, quiero expresarles a todos los hijos que tienen todavía el privilegio de tenerlas a su lado, que, por favor, no dejen pasar los días, sin reafirmarles lo importante que son en sus vidas. Que no sea durante una enfermedad, o en el sepelio de un familiar que se vean, que ojalá puedan hacer el ejercicio diario de tenerlas entre sus brazos, darles todos los besos que ella se merece y darle gracias a DIOS por haberles permitido ser parte de ella y de tenerla a su lado.

Los que la tenemos en el CIELO, nos corresponde seguir dándole gracias al Altísimo por regalarnos el tiempo que estuvo entre nosotros dándonos ejemplos de todas sus cualidades, pero que ahora que está al lado del Creador, nos sigue bendiciendo y protegiendo.

Programémonos, entonces, para dar tanto a la Inmaculada Concepción de María, como a su similar en la Tierra, que son nuestras madres un momento especial y sublime cuando nos toque reconocerles lo especial que han sido y siguen siendo en nuestras vidas.

‘Mi madre encuentra la felicidad cuando yo la encuentro. Cuando yo vivo algo hermoso, lo vive a través de mi experiencia. Mi madre reza por mí, incluso cuando yo solo rezo por mí mismo, mi madre me daría el mundo entero si fuera capaz’.   Gracias Mamá.

Madre Amorosa

Solo la madre amorosa,

de sus hijos cuidadosa,

yace en vela;

y a su afecto reverente

es, de la vida inocente,

centinela.

¿Qué del hombre sucediera,

si a su lado no tuviera

en la infancia,

de una madre el dulce anhelo,

sus caricias, su consuelo,

su constancia?

Rafael Carvajal (1818-1881)

 

*

<> Este artículo se publicó el 13  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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