Mujer y madre panameña

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…

 

GERALDINE EMILIANI
geraldinemiliani@gmail.com

ERES LO QUE ERES. No pretendas ser ‘otra cosa’. ¿Por qué has de ‘hacerte ajena’? Si eres, por creación de Dios, un ser ‘único’ y ‘original’. Los valores internos como: paz, armonía, sensibilidad, plenitud, y amor son objeto de tu inspiración, de tu intimidad, no son algo que tengas que conquistar. Son algo que posees, es el potencial esencial de tu ser, y que has de desarrollar, expresar y llevar en cada instante de tu vida.

A la hija, esposa, madre y mujer, a la madre—soltera, a la que sueña y piensa, a la que trabaja sin descanso, a la mujer y madre maltratada que tiene su alma lesionada, a la que por necesidad vende su esclavizado cuerpo, a la que sufre por el hijo descarriado, a la que se ilusionó y no pudo ser madre, a la que adoptó y crió como si fuera el nacido de sus entrañas, a la que defendió la vida de su hijo al decirle ‘no’ al aborto, a la que no se recobra por el hijo que perdió la vida, a la que se siente impotente ante la pobreza, la injusticia social y por la falta de una buena educación, a la mujer y madre con discapacidad, a la mujer y madre que perdona: tú aportas un valor único como pilar de familia y salvaguarda de la Patria que te vio nacer y a la que perteneces. Tienes el valor de la maternidad, el valor de la generosidad, el valor de la fraternidad, el valor de la sensibilidad y el valor del servicio por los demás. Lucha por tu dignidad y autoestima, porque después de todo, para nadie en el mundo eres tan importante como lo eres para ti misma.

Mujer y madre panameña, el mundo es tuyo, arráncale la porción que por derecho te corresponde, mira la vida con amor y optimismo en beneficio de los que amas, pero más que todo por ti, y recuerda que el mundo no sería el mismo sin ti.

A la mujer y madre panameña apasionada que sueña, pide, grita, gime y llora, porque se sabe bella, porque le arrebataron sus sueños de mujer, porque no la dejaron ser, porque no la dejaron crecer, porque no la dejaron madurar, porque no la dejaron realizar sus más caros anhelos, porque le coartaron toda la posibilidad de ascensión y la dejaron allí, mutilada y abandonada en un rincón de su tierno corazón, como una muñeca rota, con su zapatito de cristal perdido, como una cenicienta esperando que llegue el príncipe azul de sus sueños de toda la vida.

¿Y en qué cosas sueñan las mujeres y madres panameñas? Algunas intrépidas, sueñan con tomar toda el agua del océano con sus dos manos, otras sueñan con volar a la luna, otras sueñan con atrapar todo el aire y el viento en un solo suspiro, otras le apuestan a una sonrisa, y se sienten capaces de enterrar el alma de su amado, en su alma propia a través de un solo beso.

Y otras mujeres y madres panameñas más ambiciosas, sueñan con castillos en el aire, se sienten Reinas, Guerreras y Diosas de la más sutil sensualidad, seductoras por convicción, regalonas por devoción y doctoras del alma por su corazón.

Mujer y madre panameña cada alma viviente ha tenido o tendrá que tener alguna experiencia dolorosa y precisamente es a través de las experiencias dolorosas como vas desarrollando tu personalidad y conquistando un corazón grande para amar.

Si aún no eres madre, recuerda que muy posiblemente un día tú misma lo serás también, llegará el día que entregues todo por tus hijos, y así como quisieras que ellos lo aprecien y valoren, tu madre también lo merece. Enséñales a que amen a la tuya, porque ella te dio la vida, porque eres lo que eres gracias a ella. Ahora tú eres portadora de ese amor que su vida te dio, tú también entrega amor como solo una madre puede dar. Cuando los años empiecen a cobrar factura al cuerpo de tu madre es cuando más paciencia deberás tener con ella, te contará muchas veces los recuerdos que tiene, y deberás escucharla como si fuese la primera vez que te los cuenta. Ahora eres tú quien debe protegerla, amarla y valorarla.

Mujer y madre panameña, recuerda siempre que tu dignidad y valor no proceden de lo material que te rodea, de la belleza que tengas, de lo popular que seas o de lo alto que hayas llegado en tu carrera. Tu fuente es divina, eterna, hinchada de amor; y, recuerda siempre que eres hija de Dios y solo por eso ¡TÚ VALES!

 

<> Este artículo se publicó el 8 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.
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