Hacia una política del perro y del gato

La opinión del Profesor de la Universidad de Panamá e investigador asociado al CELA….

MARCO A. GANDÁSEGUI, HIJO
gandasegui@hotmail.com

Parece que el presidente Ricardo Martinelli prepara su estrategia para salir victorioso en las elecciones de 2014. Desde 2009 planea cómo conseguir una mayoría en los otros poderes del Estado: la Asamblea Nacional de Diputados y la Corte Suprema de Justicia. En el caso de la Corte le correspondió nombrar tres magistrados afectos a su persona poco después de asumir el mando. En el caso de la Asamblea le ha resultado algo más lento, pero no tan difícil.

En las elecciones de 2009, el Partido Revolucionario Democrático (PRD), perdió la Presidencia, pero conservó la bancada más grande en la Asamblea. Un total de 26 curules de un total de 71. El Partido Panameñista, que ganó las elecciones en alianza con el presidente Martinelli, logró un total de 25 puestos en la Asamblea.

La sorpresa fue el Partido Cambio Democrático (CD) que obtuvo, junto con sus aliados menores, un total de 19 asientos. El éxito relativo fue gracias a la campaña millonaria del candidato victorioso Ricardo Martinelli. Con esta bancada, sin embargo, el CD no podía aspirar a desarrollar una política agresiva y autónoma. En 2009 y 2010 logró controlar la agenda legislativa con los votos de su aliado de fórmula, el Partido Panameñista. Todo indica que esta fórmula le resulta incómoda al presidente Martinelli.

Para corregir este problema político, entre 2009 y 2010, el Ejecutivo ‘secuestró’ tres diputados del Partido Panameñista. Para agregar a esta labor, y que impresiona aún más, se ‘llevó’ cinco diputados del PRD a sus toldas. En poco más de un año logró sumar a su bancada un total de ocho diputados. A fines de 2010 ya cuenta con 27. Es, actualmente, la bancada más grande en la Asamblea. El Partido Panameñista quedó con 22 y el PRD solo tiene 21 curules.

La guerra política declarada por el CD, sin embargo, está lejos de cantar victoria. Al contrario, el presidente Martinelli solo se sentirá satisfecho cuando logre amarrar una mayoría absoluta en la Asamblea. Es decir, cuando tenga 36 diputados (el 50% más uno) en su bancada. Para lograr este objetivo necesita arrear para su lado a nueve diputados más. Si entre 2009 y 2010 el CD logró quitarle a los otros partidos un total de ocho diputados, no hay por qué no creer que pueda restarles otros nueve legisladores en los próximos dos años (2011 y 2012).

Con una mayoría absoluta en la Asamblea, el CD no dependería de su actual aliado, el Partido Panameñista. A principios de 2009, ambos acordaron en la Embajada de EEUU que formarían un pacto electoral —con Martinelli a la cabeza— para presentarse en las elecciones de ese año. El acuerdo incluía un compromiso —con la embajadora de testigo— de que el Partido Panameñista encabezaría la alianza en las elecciones de 2014. Si el CD obtiene una mayoría absoluta en la Asamblea ese pacto puede considerarse letra muerta.

La agresividad del presidente Martinelli ha soltado muchas tuercas en las viejas máquinas electorales y mostrado las múltiples debilidades de los partidos tradicionales.   Los diputados ‘saltamontes’ no tienen lealtad alguna para con los partidos que en una época decían que eran ‘nacionalistas’ y ahora han demostrado ser neoliberales.   Las cúpulas de los partidos han perdido contacto con sus bases y las decisiones se toman en el marco de un directorio ampliado que maneja los hilos del poder utilizando el clientelismo. Los diputados electos, en su mayoría, no responden a sus partidos y menos a las bases. Son ‘cuadros’ sin ideología, pero con una gran ambición y que son fácilmente manipulados por quienes manejan los hilos del poder.

El escenario político puede complicarse si el presidente Martinelli pretende utilizar su poder político (más sus conexiones económicas) para alterar la correlación de fuerzas establecida en Panamá después de la invasión militar norteamericana en 1989.

La alternabilidad política entre las fracciones que controlan la economía del país era lo que perseguía la Embajada de EEUU en 2009. Si el CD amenaza ese equilibrio, pueden surgir muchas alternativas. Entre las mencionadas se destaca una opción popular encabezada por el Frenadeso y/o el Partido Alternativa Popular.

También puede darse una alianza entre el PRD y el Partido Panameñista para detener las pretensiones de Martinelli y su Partido CD en 2014. ¿Imposible? Solo un pacto de este tipo podría detener una ofensiva política de Martinelli en la Asamblea y, de paso, en la Corte Suprema de Justicia. Más aún, sería la única ‘llave’ capaz de levantar una fórmula para detener al actual mandatario en las elecciones generales de 2014.   ¿Como mezclar el agua y el aceite?   Mejor todavía, jugar al perro y al gato.

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<> Este artículo se publicó el 9  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

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