Reflexión a propósito de declaraciones del Papa

La opinión de…

 

Ángela I. Figueroa Sorrentini

Dice el Papa que la homosexualidad está contra la naturaleza. Habría que comenzar por definir qué es estar “contra la naturaleza”. Si estar contra la naturaleza es atentar contra ésta, actos contra natura –como los llama la Iglesia– serían todas las prácticas de consumo, malos hábitos en la disposición de desechos y proyectos desarrollistas que contaminan las aguas, secan los ríos, devastan millones de hectáreas e inundan otras tantas, acometen contra la flora y la fauna y aumentan de forma amenazadora el calentamiento global.

Aunque algunas y algunos piensan que el sexo gay o lésbico es lo más caliente que existe, les aseguro que no hay prueba científica alguna de que aumente el calentamiento global, afecte el curso de los ríos o coloque en peligro de extinción a especies marinas o aves tropicales.

Si estar contra la naturaleza es actuar en formas que no son inherentes a nuestra biología, sino que van en contra de ésta, la práctica sexual contra natura por excelencia sería la perpetua abstinencia. El sexo entre dos personas del mismo sexo no va contra nuestra biología, pues nacemos con el equipo y el potencial para dar y recibir gratificación sexual, tanto de personas del mismo sexo como del sexo opuesto.

Si el argumento es que va contra nuestra biología, porque dos personas del mismo sexo no pueden procrear, están cometiendo un grave error de razonamiento lógico: el que el sexo sirva para procrear no significa que tiene que limitarse a ese fin. El reducir el sexo a la reproducción de la especie es un argumento religioso, cultural, social, no un imperativo biológico. Además, quienes lo arguyen caen en la hipocresía de la doble moral, pues no condenan como contra natura el sexo entre personas del sexo opuesto, que no resultará en embarazo porque uno o ambos son estériles, porque usan protección o por otras razones. Y pregunto a las y los heterosexuales –sean sinceros (as) por favor– ¿cuándo fue la última vez que usted tuvo sexo cruzando los dedos para que el fruto fuera un embarazo?

Si estar contra la naturaleza tiene que ver con afectar/actuar sobre/transformar lo que se da naturalmente, contra natura sería producir, distribuir y consumir productos enlatados o congelados que prolongan la vida natural de frutas, vegetales, granos, mariscos y carnes. Contra natura sería la electrificación, focos con baterías y velas que prolongan la luz más allá de lo que la naturaleza brinda. También, las tecnologías médicas que permiten prolongar la vida con respiración artificial, transfusiones sanguíneas, trasplantes de órganos y tecnologías   similares.

Lo que nos lleva a un importante planteamiento: no todo lo que va contra la naturaleza es malo o inmoral.   En esta acepción, lo contra natura en materia sexual sería el uso de juguetes sexuales –sin que quiera decir que eso es malo o inmoral– más no el uso de la piel, la mente y toda la riqueza de órganos que la naturaleza nos regala y que sirven muy bien para el disfrute sexual, sea entre personas del mismo sexo o del sexo opuesto.   Ni siquiera sería contra natura el uso de pepinos o plátanos, porque eso también nos lo brinda la naturaleza y crecen sin una inscripción en su cáscara que diga: para alimento solamente.

Si estar contra la naturaleza es, como dice el Papa, “contra la naturaleza de aquello que Dios ha querido originariamente”, entonces no puede afirmarse que haya algo en este mundo contra la naturaleza. Aún si usted cree que existe ese ser sobrenatural que llamamos Dios, no hay forma humanamente posible de conocer qué es lo que esa entidad quiere, originariamente o en el presente. ¿Cómo lo sabríamos? Por la Biblia no, porque es racionalmente demostrable que la Biblia no puede ser la palabra de un ser quien es, por definición de los creyentes, omnisapiente, perfecto y sin error.

Porque lo dice el Papa o la Iglesia tampoco, porque el Papa es un ser humano y la Iglesia es un producto de seres humanos.   Recuerde que son estos seres humanos –no Dios– quienes dicen que su palabra es la palabra de Dios. Creerles sería admitir su fe ciega en hombres, no en Dios.   ¿Porque Dios lo puso en su corazón? Si cree en Dios, cree también en el diablo, ¿cómo exactamente sabe que fue Dios y no el diablo quien se comunicó con usted? ¿Cómo sabe que no es un diálogo de yo con yo? Por reclamos similares en los cuales no se incluye a Dios o a la religión, hay mucha gente internada en hospitales psiquiátricos.

En conclusión: no importa cómo definamos contra la naturaleza, no aplica a la homosexualidad.

*

<> Este artículo se publicó el 4 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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