¡Vamos bien Presidente…, vamos bien!

La opinión del Economista, Educador y Humanista…

VICTORIANO  RODRÍGUEZ  S.
diostesalvepanama@yahoo.com

Mucho se ha dicho sobre las persecuciones que recibimos los comunicadores sociales cuando mantenemos actitudes positivas, imparciales, transparentes, apegadas a la verdad y exponiendo con objetividad, independientemente a corrientes políticas o partido en el poder.

Nunca hemos estado tan cerca a esa realidad. Hoy somos más los comunicadores sociales asediados o acosados, producto de nuestras posiciones objetivas en los medios.   Se comenta que a Juan Carlos Tapia y Guillermo Antonio Adames les cayeron ‘coincidentalmente’ auditorías de la Dirección General de Ingresos. Si fueron ‘meras casualidades’, a otros se les acosa o levantan falsas acusaciones para hacerles expedientes desfavorables.  ¡Vamos bien Señor Presidente…, vamos bien!

El imperio del miedo llegó. Los funcionarios públicos no se atreven a hablar.   Son muchos los destituidos bajo el concepto de cargos de ‘libre nombramiento y remoción’ (irrespetando el profesionalismo, años de servicio y experiencia), pero no para quienes adulan al Rey, según expresó Diógenes a Aristipo.

La mentira, así como el concepto poco claro, libre de ética y más enredada que un brillo viejo de metal, se ciñe sobre personas serias, objetivas y honestas.   El fantasma es la calumnia e injuria. Correrán igual suerte decenas de periodistas y dirigentes gremiales honestos por sus claras posiciones.  ¡Vamos bien, Señor Presidente…! ¿Fortaleciendo valores?

Definitivamente que a personas sin mayor criterio que la ‘rabia’, producto de su impotencia intelectual, no les queda de otra que lanzar, cual dragón mitológico, bocanadas de fuego, arrasando hasta con sus propios adeptos.

Quienes históricamente hemos hecho gala de una pluma y opinión vertical, sincera y honesta, sin permitir presiones ni aceptar dádivas; hemos sido víctimas de esas persecuciones y atropellos.

Tanto en las instituciones públicas como en la calle, la ciudadanía se siente víctima del miedo. Una anécdota antiquísima, casi desconocida, dice que había un reino donde la gente podía hablar solamente cuando el Rey se los permitía, muchas personas estaban tan temerosas hasta de pensar, considerando que con ello ofendían al Rey.

Cuando estas cosas ocurren, más preocupante que la propia perversidad de esos infames, es la indiferencia con que actúan los buenos. La historia nos enseña que por ese poco importa o ‘no es conmigo’ ensuciarán su cara, como quien escupe para arriba.   Dios te salve, Panamá.

*

<> Artículo publicado el 2 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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