Consumir y consumir

La opinión de…

Marcelino González T.

Se acerca el fin de año y las personas se preparan para lo que debe ser una “verdadera fiesta”. Se dice que una de las características del capitalismo es su voracidad consumista ilimitada y en constante incremento. En la mente de los individuos está la idea de que mayor consumo es igual a mayor felicidad; esto es evidente en distintas temporadas como la de fin de año, cuando el fenómeno se convierte en la condición esencial para muchos.

El consumismo se define como la práctica excesiva y recurrente de comprar sin importar el derroche económico. El ritmo de vida acelerado de las ciudades, el culto a la imagen y la excesiva publicidad, entre otras razones, han originado en un número importante de personas un actuar autómata al adquirir cualquier producto, y una falta de razonamiento al comprar sin medir ni saber los efectos que esto genera. Son diversas las situaciones que marcan la tendencia a caer en la compra excesiva. Algunos investigadores lo limitan a aspectos de tipo psicológico, medios masivos de comunicación y modelos de vida. Tratar de ser feliz por el simple hecho de comprar es un error y el inicio de una dependencia que genera problemas económicos y familiares.

La consecuencia principal es de tipo económico, no olvidemos que consumismo se contrapone al ahorro. Ser inconsciente del tipo de gasto que se hace es malgastar el dinero; nos centramos en adquirir cosas insignificantes, y nos convertimos en lo que los teóricos llaman “consumidores totalmente mecánicos”, al grado de que todo nuestro entorno social se basa en relaciones de tipo comercial.

El consumista cae en la euforia de la compra, sin darse cuenta ni prever el gasto que ha hecho, lo que se convierte en un padecimiento económico que lo puede llevar a una inestabilidad personal significativa. Al consumir en exceso se cae en la enajenación y en el culto a los estereotipos fomentados por la publicidad, valores criticados por los especialistas, y es a jóvenes y niños a quienes más afecta, al crear generaciones encaminadas a modelos consumistas, sin un pensamiento crítico y social.

Hoy, el reto es lograr la armonía entre factores sociales, económicos y ambientales. Tener hábitos de compra autocontrolados, pensados y responsables equilibran esta balanza y mejoran nuestra calidad de vida. Es preciso fomentar generaciones menos vulnerables ante modelos con fines comerciales, promover valores encaminados a los derechos económicos, sociales y ambientales. Tenemos que consumir, es un hecho, pero la diferencia está en ser conscientes del tipo de consumidores que queremos ser: consumidores nocivos o consumidores responsables.  Ya sea por la publicidad o por seguir modelos de vida, el mundo moderno apunta a una tendencia capaz de dominar significativamente y negativamente la mente de muchas personas.

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<> Este artículo se publicó el 26  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/gonzalez-t-marcelino/

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