Cultura e identidad

La opinión del Psicólogo y Docente Universitario…

Javier Comellys

 

Tanto la cultura como la identidad son dos conceptos que están íntimamente relacionados, funcionan como elementos cohesionados dentro de los grupos sociales y actúan entrelazados para que los individuos que la forman puedan fundamentar su sentimiento de pertenencia.

Ambos tienen que ver con el conjunto de rasgos distintivos: espirituales y materiales, intelectuales y afectivos, valores y tradiciones, símbolos y creencias, modos de comportamiento, etc.

Por otro lado, algunos antropólogos consideran la cultura y la identidad, como la vida misma, una totalidad de bienes y vínculos, una red de funciones de producción y reproducción social, un código de lectura y de acción, un tejido de convivencia, un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con la naturaleza y con los demás.

Su importancia radica en que a través de la cultura el ser humano puede expresarse libremente, sin coacción, dogmas ni imposiciones que le impidan ejercer sus derechos en la búsqueda de la perfección y la realización. Es decir, cada cual debe tomar conciencia de quiénes somos y cómo somos.

En otras palabras, la cultura y la identidad son todas aquellas expresiones que el hombre ha ido incorporando a su naturaleza, como humano a lo que necesita saber para poder sentir, actuar y pensar de manera correcta dentro de su grupo social.

Dentro de la práctica cultural existe lo que se denomina la conciencia de una identidad común, ella implica que hay un motivo hacia la preservación de esa identidad y hacia la preservación de la cultura. De ahí que la identidad cultural es similar a todo aquel conocimiento que hemos adquirido, compartido y transmitido de generación en generación y que hemos puesto en práctica como un aprendizaje heredado de nuestros antepasados.

A lo largo de la historia de la humanidad, los pueblos han sufrido el fenómeno de la transformación cultural, la aculturación y la deculturación. La primera se refiere al proceso mediante el cual una cultura receptora asimila e incorpora elementos procedentes de otra cultura o de otros grupos con los que ha estado en contacto directo y continuo durante cierto tiempo; la segunda es la pérdida de los elementos de la propia cultura original.

Cuando los grupos humanos son absorbidos por otra cultura más dominante. Estos procesos se entienden en la actualidad como una forma de colonialismo y neocolonialismo, un proceso de intercambio cultural en el que una cultura dominada asimila los rasgos de otra dominadora.

Durante el periodo de la conquista y colonización de América se dieron estos fenómenos por arte y parte de las potencias europeas, que no vieron en estas tierras más que una fuente de enriquecimiento, hecho ocurrido durante y después del siglo XV. El descubrimiento de América y las consecuencias de la conquista llevaron a los pueblos indígenas a su deshumanización, casi a su extinción; millones de amerindios murieron en nombre de la colonización y evangelización.

Las poblaciones indígenas de América fueron utilizadas por las potencias europeas como carne de cañón, tratados poco menos que como seres salvajes por el simple hecho de andar con taparrabo y tener una identidad cultural distinta a ellos. Fue un verdadero holocausto lo que ocurrió en América durante la conquista, con el exterminio de millones de indígenas.

El descubrimiento de América y sus consecuencias culturales devastadoras llevaron a la europeización forzada de las colonias y a lo que se denominó el “Nuevo Mundo”.

Otra forma de transformación y extinción de la identidad cultural la encontramos en los regímenes y sistemas totalitarios, dictatoriales y autoritarios. Es cuando el dictador impone las reglas del juego en lo político, en lo social, en la educación en lo cultural en todo lo relacionado a las actividades diarias en que se desenvuelve la sociedad.

Cuba, por ejemplo, ha sufrido por más de medio siglo un proceso paulatino de deculturación. El pueblo cubano ha perdido los elementos propios de su cultura, su idiosincrasia, su religión, sus estereotipos, su manera de sentir, pensar y actuar, por la imposición de una ideología ajena a su sistema cultural, el marxismo leninismo.

A Fidel sólo le faltó reemplazar la bandera cubana por la hoz y el martillo, traicionó los más nobles y legítimos ideales del patriotismo y nacionalismo, dejando a su pueblo sin identidad propia.

Con la dictadura militar en Panamá ocurrió algo parecido, Torrijos, sin una verdadera conciencia nacionalista trató de cubanizar nuestro país, con reformas al sistema educativo, con los denominados asentamientos campesinos, la estatización de empresas privadas, la expropiación de las tierras a los campesinos, todo esto aunado a un siglo de asimilación de la cultura del imperionorteamericano contribuyó a extinguir la identidad cultural del panameño, su nacionalismo y con ello su idiosincrasia.

Hoy en día, nuestra juventud no sabe qué se celebra el 3 de noviembre, desconoce nuestros símbolos patrios, le da igual que el escudo nacional lleve impreso una pica una pala, un azadón o un mazo; que la bandera ondee con los colores invertidos o que el himno lo canten como si fuera un regué.

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<> Este artículo se publicó el 20  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/comellys-javier/

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