¿En qué podemos creer?

La opinión de…

Ruling Barragán Yáñez

Para las religiones y concepciones filosóficas que estiman las grandes dudas existenciales, la pregunta ¿en qué podemos creer? se comprende plenamente como una de las más fundamentales que pueda hacer un ser humano. Esta pregunta indica la búsqueda de sentido en que todos los seres humanos nos hallamos inmersos a través de los tiempos. Las creencias religiosas o filosóficas que tengamos en torno a ella define esencialmente la actitud que tomamos ante la vida y los demás.

Sin embargo, desde una perspectiva racional no todas las creencias resultan aceptables. La aceptabilidad de una creencia se da en mayor o menor grado; cuán aceptable (esto es, razonable) o no sea esta depende tanto de argumentos como de evidencias. Los argumentos deben ser convincentes y las evidencias, accesibles. Mejor aún, si se poseen ambas cosas. No obstante, es precisamente aquí el gran problema de las creencias. Los argumentos en torno a ellas no suelen convencer a todos. Por su parte, las evidencias que podríamos tener para sustentar una creencia no son siempre accesibles a los demás. Y aun en caso de serlo, podrían ser interpretadas de otro modo.

No obstante, la falta de evidencias o acuerdos no impide que cada persona desee y busque, en su fuero más íntimo, alguna certeza o seguridad respecto a sus más profundas convicciones. Este deseo y búsqueda probablemente sea una perenne condición humana. Al igual que sucede con la belleza, o la felicidad, no podemos dejar de anhelar el encuentro con las verdades más importantes.

Las creencias religiosas e ideas filosóficas sobre el sentido de la vida son sumamente variadas y complejas. No hay ser humano que pueda conocerlas y examinarlas todas, con la excepción –quizá– de una privilegiada élite de intelectuales. Sin embargo, de ser así, esto excluiría a casi toda la humanidad. Innegablemente, se necesita de algo de inteligencia –y a veces mucha– para conocer lo que, en última instancia, realmente importa.

No obstante, cabe la posibilidad de que la verdadera dificultad esté no tanto en el conocer, en especial, si este consiste primordialmente en adquirir información, o incluso ser capaz de generar nuevas e importantes ideas a partir de la misma. Con relación a esta difícil pregunta, “¿en qué podemos creer?” todo lo que me atrevo a sugerir, sin la seguridad que convenceré a mis lectores, pero con la esperanza de que sea tomado en cuenta, es que podemos confiar en que nuestras conversaciones en torno al sentido de la vida son realmente valiosas. Ellas ayudan a formarnos como seres humanos.

Nuestra comprensión de la vida y nuestra manera de ser en el mundo se orienta siempre en los discursos, lecturas y conversaciones que intentan captar el sentido de la existencia humana. Cuando prestamos atención a los otros, al escucharles o leerles sobre sus creencias, valores y convicciones no podemos ignorar la actitud de respeto que tienen hacia ellas. Aunque no podamos aceptarlas, debemos siempre reconocer el respeto que sienten por lo que creen. Simplemente por esto, estamos obligados a respetarles.

Si en algo podemos creer, entonces, deberíamos empezar por esto: respetar la seriedad que tiene el ser humano por sus creencias religiosas o filosóficas acerca del sentido de la vida.

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<> Este artículo se publicó el 18 de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/barragan-yanes-ruling/
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