La derrota de Obama

La opinión del Profesor de la Universidad de Panamá e Investigador asociado al CELA….

MARCO  A.  GANDÁSEGUI,  HIJO
gandasegui@hotmail.com

Los resultados de las elecciones del 2 de noviembre de 2010 representan una derrota contundente del pueblo norteamericano. Más allá de las elecciones, se trataba del fracaso del presidente Barak Obama, quien fuera ungido en 2008 para dirigir el país del Norte hacia un puerto seguro frente a la crisis del capitalismo y las guerras imperialistas. El Partido Demócrata del presidente Obama perdió la mayoría en la Cámara de Representantes (responsable de la política fiscal) y apenas conservó su poder en el Senado (responsable de la política exterior).

Durante los dos años en la Casa Blanca, Obama aplicó las mismas políticas que desarrolló su antecesor —George W. Bush— de 2001 al 2009. Le transfirió fondos públicos a la banca para sacarla de la bancarrota y destinó cada vez más recursos a las guerras en Asia. Con una economía nacional ‘enferma’ que no produce de manera competitiva, Obama simplemente logró extenderle la vida unos años más a los especuladores que juegan a la quiebra del sistema capitalista.

Casi todos coinciden en que el principal factor que explica la derrota es la economía que está estancada. Lo más alarmante es la tasa de desempleo (9.6 por ciento).   Estas circunstancias han dado pie a la aparición de una nueva corriente electoral derechista, que logró atraer mucha atención y muchos fondos para su causa. Los sentimientos de xenofobia contra los migrantes de países latinoamericanos fueron manipulados y convertidos en un problema de ‘seguridad nacional’.   El historiador Garry Wills agrega algo más: la reacción francamente racista contra un hombre negro en la Casa Blanca.

Según Amy Goodman, los grandes medios de comunicación fueron los principales ganadores en las elecciones de este año en EEUU. ‘Estas fueron las elecciones legislativas de mitad de mandato más caras en la historia: costaron casi cuatro mil millones de dólares, de los cuales tres mil millones se gastaron en publicidad. ¿Qué pasaría si el tiempo publicitario para las campañas fuera gratuito? No se oyen debates al respecto, porque las corporaciones obtienen inmensas ganancias con los avisos publicitarios de las campañas políticas’.

La reacción derechista es parte del caldo de cultivo que caracteriza la sociedad norteamericana en esta coyuntura. La promesa de Obama se hizo humo y sectores amplios de la población simplemente no acudieron a las urnas. Estaban decepcionados y no creen que la solución de sus problemas está en los partidos políticos o en los discursos bien articulados de sus representantes. Incluso, muchos se inclinaron por los candidatos de la extrema derecha que postuló el Partido Republicano y su nueva vanguardia, el Tea Party.

La fracción derechista representada en el Tea Party aprovechó las políticas erráticas de Obama e introdujo un elemento de miedo y odio, a la vez, en el proceso electoral de 2010. La profesora Ruth Rosen, de la Universidad de California — Berkeley, apunta al hecho que ‘dentro de unas cuantas décadas la población no blanca será mayoría en EEUU.   Muchos cristianos evangélicos se sienten sitiados y las mujeres, por su parte, sienten que deben proteger públicamente a sus familias de cambios tan vertiginosos y posiblemente dañinos.   Sienten que burócratas, inmigrantes o minorías anónimas a las que identifican como ‘los otros’ amenazan su pureza moral. Lo que no les despierta miedo es que las corporaciones hayan tomado al gobierno’.

Las políticas públicas norteamericanas han logrado, en gran parte, construir una sociedad con tres estamentos, con el objetivo de mantener un control social sobre las organizaciones populares. Por un lado, una masa de trabajadores que hasta hace poco era considerada afluente y estable. Esta población, en su mayoría trabajadores asalariados, proviene de migraciones europeas de fines del siglo XIX y principios del siglo pasado. Por el otro, una población calificada como negra, de ascendencia africana, que llegó a las costas norteamericanas como esclavos hace tres o cuatro siglos. Por último, la población llamada ‘latina’, producto de migraciones masivas, especialmente mexicanas, de la última mitad del siglo XX. La aparición del Tea Party es un indicador de futuros enfrentamientos entre estos estamentos creados artificialmente por políticas públicas de la elite gobernante.

Según la apreciación optimista del economista Dean Baker, EEUU tiene que ‘recorrer un largo trecho para restaurar una economía que funcione para la gran mayoría, pero el primer paso es saber dónde estamos. La redistribución (de la riqueza) hacia arriba de las tres últimas décadas no tiene que ver con el mercado. Se trata de un proceso por el que el rico y el poderoso han reescrito las reglas para hacerse más ricos y más poderosos’. ¿Habrá tomado ese primer paso el presidente Obama?

 

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<> Este artículo se publicó el 18 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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¿Qué son los valores y a dónde vamos sin ellos?

 

La opinión del Ingeniero y Miembro del Club Rotario….

 

FRANKLIN  WARD

La palabra valor tiene tantos significados que parece hemos olvidado su importancia. El valor, definido como el grado de utilidad o aptitud de las cosas, para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite, parece ser una definición bastante amplia. Pero valor, puede referirse a la subsistencia y firmeza de algún acto o el rédito, fruto o producto de una haciendo, estado o empleo, por ejemplo.

Luego, existen diferentes valores, según sea lo que precisemos. En matemáticas, el valor absoluto viene siendo el valor de un número sin tener en cuenta su signo. En economía, el valor nominal sería la cantidad por la que se emite una acción, una obligación y otros documentos mercantiles, por ejemplo. Al que me quiero referir es al valor cívico, es decir, a la entereza de ánimo para cumplir los deberes de la ciudadanía, sin arrendarse por amenazas, peligros ni vejámenes.

Muy bien la definición, pero qué son los valores cívicos y, en buen panameño, ¿para qué sirven? Los valores cívicos son el conjunto de acciones que orientan y regulan la conducta de las personas en su relación con los demás y el gobierno. Entre éstos se encuentran: la participación, la pluralidad, la libertad, la igualdad, el diálogo, la tolerancia y la legalidad.

Todos podemos participar con nuestras ideas, opiniones y acciones a favor de nuestra comunidad y aportando propuestas de solución. Panamá se conforma de ciudadanos con diferentes maneras de pensar, orígenes, intereses, etcétera y esto debe enriquecer nuestra vida en comunidad.

La libertad, desde aquella Revolución Francesa, es un derecho propio del individuo para pensar, expresarse y participar sin dañar a los demás y sin que restrinja la libertad de otras personas.

La igualdad permite dar un mismo trato a los miembros de nuestra sociedad con los mismos deberes y derechos.

El diálogo que nos brinda la vía para compartir e intercambiar nuestras opiniones de manera pacífica y ordenada en la búsqueda de soluciones a los problemas comunes.

La tolerancia que se da cuando respetamos las diferentes actividades, opiniones y prácticas de los demás, aunque sean distintas a las nuestras. Las autoridades y los ciudadanos deben sujetar sus acciones a las leyes creadas por la propia sociedad.

No imagino la posibilidad de vivir en sociedad sin estos elementos; sin embargo, es evidente que debemos orientar, inculcar, practicar, motivar, enseñar, para que como sociedad podamos preservar los valores cívicos como parte fundamental de lo que debe significar ser panameño.

Entonces, incluyámosla en la educación de hoy para tener la posibilidad de cambiar el mañana; aceptemos que la participación es algo fundamental y ejerzámosla. Sin la participación, mediante los diferentes vehículos que existen, nos quedamos sin aportes significativos de los propios panameños para nuestro Panamá.

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<> Este artículo se publicó el 18 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Que no se repita la historia

La opinión de….

EDUARDO  MORGAN  JR.
eduardo.morgan@morimor.com

En  el mes de la Patria existe una fecha negra que nunca debemos olvidar: el 18 de noviembre de 1903,   día de la firma del Tratado Hay—Bunau Varilla.

Philippe Bunau Varilla, primer embajador de Panamá en Washington, fue un hombre extraordinario. En el libro ‘Con Ardientes Fulgores de Gloria’ se describen con lujo de detalles su personalidad, sus muchos méritos, su pasión por la construcción del Canal, en el cual trabajó muy joven, así como también la ayuda que prestó a Manuel Amador Guerrero para que el apoyo de EU asegurara la anhelada independencia. Son, precisamente estos atributos lo que hacen más execrable que negociara, con apuro y a escondidas, el Tratado que nos convirtió en protectorado, con una colonia extranjera en medio de nuestro territorio y privándonos de manera infame, por casi cien años, del usufructo de nuestra posición geográfica.

Los panameños esperaban que el Tratado Herran—Hay, ya aprobado por el Senado de Estados Unidos, fuera el que se firmaría con Panamá.   Pero a Bunau Varilla solo le interesaba la construcción del Canal y no la suerte de Panamá.   El francés y John Hay se olvidaron del Herran—Hay y redactaron y firmaron, con toda celeridad —de noche y en casa de Hay, para presentar a los enviados de Panamá, Federico Boyd y Manuel Amador Guerrero el hecho cumplido— un nuevo texto mucho más leonino para Panamá que el tratado negociado por Colombia. El Herran—Hay garantizaba la soberanía de Colombia y en los puntos más salientes la palabra soberanía era la más repetida.

En cambio, en el Hay—Bunau—Varilla solo se menciona la soberanía para decir que en la Zona del Canal Estados Unidos tendría todos los derechos de un soberano y que Panamá estaría totalmente excluida de ellos.    Pero todavía más perverso, les dio el derecho de dominio eminente sobre todo el país. Podían, en uso de este derecho, tomar cualquier parte del territorio alegando que lo necesitaban para el Canal. La zona de 10 kilómetros fue cambiada a 10 millas, o sea que creció un 60%.   Se les otorgó también el monopolio de la comunicación interoceánica en todo el territorio y el derecho de establecer bases militares. Mientras que el Tratado Herran—Hay contemplaba la intervención de jueces colombianos y se creaban tribunales mixtos, en el firmado por Bunau Varilla los panameños serían juzgados por jueces norteamericanos en la Zona del Canal.

El Tratado Hay—Bunau—Varilla fue la negación total de la equidad que debe prevalecer en el derecho internacional y se convirtió en modelo por excelencia de tratado injusto. Era tan leonino que se constituyó en una vergüenza permanente para la gran potencia, vergüenza que se acrecentó con el avance de la Humanidad hacia un mundo más justo y con el reconocimiento por las Naciones Unidas del derecho inalienable de los países a sus recursos naturales.   No cabe la menor duda que la injusticia del Tratado, a la postre, trabajó a nuestro favor, porque fue la causa mediata de que la perpetuidad se redujera a menos de 100 años y de que el Tratado Torrijos—Carter culminara la lucha generacional para el perfeccionamiento de nuestra independencia y la recuperación de nuestra gran riqueza, la posición geográfica.

En 1903 a la república recién nacida no le quedó otro camino que ratificar el tratado firmado por Bunau Varilla. La historia registra que éste sirvió de instrumento para que los Estados Unidos presionaran a Panamá, obligándonos incluso a que el Tratado inicuo recorriera, cual reina de belleza, todos los municipios de la República para ser ratificado por los Concejos Municipales con panegíricos a Bunau Varilla y a Estados Unidos.

Sin embargo, a la Junta de Gobierno le quedaba el consuelo de que, al excluirse de la concesión las ciudades de Panamá y Colón y sus puertos, por lo menos asegurábamos que la vía acuática sería el polo de desarrollo económico del país. ¡Qué equivocados estaban!

Desde el 19 de enero, en carta enviada a Hay, nuestro embajador, Bunau Varilla, so pretexto de interpretar el Tratado y disipar algunas dudas del Senado, no solo ya había entregado los puertos, sino que había convertido en verdaderos guetos las ciudades de Panamá y Colón.  Aquí se produce la gran estafa que nunca ha sido debidamente registrada en nuestros libros de historia: según la interpretación de Bunau Varilla, los puertos que el tratado nos reservaba eran el muelle fiscal y el del mercado público, y las ciudades comprendían solo las áreas ya construidas.

Panamá y Colón quedaron, así, totalmente cercadas por la Zona del Canal.   Bunau Varilla fue irónico al decir en su carta interpretativa que quedaba a la voluntad de Estados Unidos ceder áreas para el crecimiento de las ciudades.    Nunca lo hicieron y en el año 1914 fue necesario permutar las orillas del Lago Gatún, que sobrepasaban las 5 millas a cada lado del Canal, por Las Sabanas.   Así al menos pudimos viajar a Chepo sin tener que pasar por la Zona.

Esa carta ignominiosa debe ser parte de la enseñanza de nuestra historia y los panameños debemos tenerla presente y estar alertas para que jamás se repita otro ‘Bunau Varillazo’.

A cambio del Canal, Bunau Varilla castró nuestra posición geográfica y le entregó a EU el desarrollo futuro de nuestro país.

Ojalá nunca tengamos que volver a claudicar frente a las presiones foráneas, poniendo en riesgos el futuro económico de la Nación.  Si lo hiciéramos, la lucha y el sacrificio de tantas generaciones, para recobrar nuestra soberanía e independencia, perdería vigencia como el capítulo más digno y hermoso de nuestra historia y volveríamos al infamante ‘Panamá cede’.

 

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<> Este artículo se publicó el 18 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Comida para hoy, hambre para mañana

La opinión de…

 

Arturo Rebollón

Algo así parece ser el criterio imperante en el Ministerio de Obras Públicas (MOP) para determinar cómo construir o reparar carreteras en el país.   Se mal invierte una gran cantidad de dinero en la reconstrucción de carreteras de asfalto que no duran ni el período de garantía de tres años (y si están ejecutando la fianza de garantía no lo anuncian).

Hay muchas deformidades en la carpeta de rodadura, la densidad del asfalto es diferente por áreas en el mismo tramo, el asfalto de liga para la adherencia de la carpeta es insuficiente y totalmente contaminado; además, los problemas de drenaje bajo el pavimento que ocasionaron el colapso del pavimento anterior no se solucionan.

Es más de lo mismo, la crónica de una carretera colapsada por las mismas causas y en los mismos lugares. Pareciera que allí nadie está pendiente de lo que realmente hay que hacer en el proyecto antes de lanzar la licitación, resultando en una pérdida de dinero del pueblo panameño. Peor, esta polémica situación es algo que suena a negociado para los contratistas del ramo locales y extranjeros que rápidamente han adoptado las malas costumbres del patio y han bajado sus estándares, si es que alguna vez los tuvieron altos.

La supuesta ventaja del pavimento asfáltico sobre el pavimento de concreto se decía que era la suavidad en la superficie de rodadura (porque bajos costos o duración, definitivamente ¡no!). Sin embargo, aquí eso es inexistente. Son igual de brinconas que las de concreto que se construyen aquí; las reparaciones son absolutamente desastrosas: donde hubo una depresión sólo voltean el hueco; es decir, lo que antes estaba hundido, con la reparación resulta un promontorio que a la postre produce el mismo resultado dañino en los carros.

Cuando se hacían estos trabajos en la antigua Zona del Canal, estos eran impecables, duraderos, sin deformaciones; se hacían imperceptibles las transiciones y las reparaciones. Esto nos demuestra que hacer este trabajo con la calidad adecuada es posible, sólo falta la voluntad de inspectores y contratistas para hacerlo.

Sumado esto a los problemas del asfalto, también persisten los mismos defectos: taludes inestables (comprobados por años), drenajes mal diseñados, compactación defectuosa, hombros y barreras al borde del precipicio, totalmente inestables y más. Tal como podemos apreciar en los trabajos de ensanche de la Autopista Arraiján–La Chorrera, en la que cuando se pagaba se hacían reparaciones burdas, y ahora que es gratuita se invertirán en ella más de 100 millones de dólares; todo apunta que es para beneficiar a los desarrolladores de proyectos urbanísticos del área.

En este proyecto se habla de poner en práctica algo curioso, se trata de fracturar todas las losas de las carreteras existentes, inclusive las sanas (inconcebible porque no existiría mejor base que una placa de concreto sana), para entonces colocar sobre las rotas el asfalto, que es un pavimento flexible. Por lo que se ve en el camino, pretenden hacer el tercer carril sobre el antiguo hombro y el nuevo hombro en el antiguo sobreancho que protegía de erosión la carretera; ahora este hombro presenta taludes que por lo pronunciados, necesariamente son inestables y peligrosos.

Los ciudadanos tenemos que convertirnos en fiscalizadores de las inversiones públicas y exigir verdaderos controles de calidad y la publicación de quiénes serán los responsables de las mismas por el MOP, para poder deslindar responsabilidades en el futuro cercano.

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<> Este artículo se publicó el 17  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Sócrates y la importancia de la filosofía

La opinión de Licenciado en Filosofía, Etica y Valores

 

Marcos A. Pareja

Actualmente la propuesta del cambio curricular establece la disminución de las horas en filosofía y lógica. Ante esto cabe preguntarnos si es esto lo que realmente nos conviene como sociedad. Dejemos hablar a Sócrates a ver qué tal.

Sócrates (470 a.C–399 a.C), filósofo griego de madre Fenareta, una partera y padre Sofronisco, un escultor. El maestro de la mayéutica y la ironía, primer mártir de la filosofía, era de estatura pequeña, vientre abultado, ojos saltones y nariz respingona.

Creía en el efecto terapéutico del diálogo, en esto sería el predecesor del psicoanálisis, como sabiamente comenta Lacan. Pues la mayéutica como “partera de ideas” os lleva al “concepto” universal enseñándonos a descubrir la verdad –aléthia– por nosotros mismos, a través del constante preguntar cuya finalidad es formar el “hombre de bien” (ciudadano ético). Dado que él, “yo solo sé que nada sé”, docta ignorantia.

Anito, Meleto y Likón lo acusaron de pervertir a los jóvenes con eso que enseñaba; argumentos vertidos antes por Aristófanes en Las Nubes con esa sátira totalmente alejada de la realidad. Por lo cual tuvo que pagar con su vida bebiendo la cicuta (veneno).

¿Cuál fue su pecado? Enojar a los poderosos y demostrarles que ignoraban aquello que se jactaban de saber. Criticar la estulticia, la hipocresía y la corrupción.

Si el “mal se comete por ignorancia”, entonces la cura es el conocimiento y tres cucharadas de diálogo sincero, sin cera (sin defectos ocultos). Valores promovidos por y desde la filosofía.

Por eso murió por la justicia, el deber ciudadano, el amor al conocimiento y las ciencias como medios para educar al “hombre de bien”, “obedeceré a Dios antes que a vosotros y mientras yo viva no cesaré de filosofar”, “si la vida continúa en otro lugar, entonces seguiré allí mis averiguaciones y preguntas”.

José Pablo Feinmann, filósofo argentino, nos dice: “la filosofía se hace preguntas que no todos quieren preguntarse”.

Conclusión: No permitamos que una vez más los Anitos, Meletos y Likones de la sociedad quieran hacerle tomar la cicuta a la filosofía para que deje de hacer esas preguntas tan incómodas. No dejemos que la sombra de Calicles dirija el movimiento anti–filosófico y a–logos que lo único en que se guía es un pragmatismo de hecho sin reflexión que no le importa el ¿qué? o el ¿porqué? de las cosas know what, tan solo así son y punto. ¿Cómo? know how business and employed educativo.

Es por esto que la disminución o eliminación de estas materias traería graves lagunas en la formación del estudiantado. La filosofía hace preguntas incómodas. Sí, pero sumamente necesarias ¿qué es la justicia? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es lo bello? ¿Qué es el bien? ¿Qué debo hacer? ¿Qué es la ciencia?

Para poder pensar se requiere de libertad de pensamiento y de opinión, algo muy importante para la formación del pensamiento crítico en una sociedad democrática. ¿Será eso algo nocivo para la educación panameña?

Creemos que no, por eso le pedimos humilde y respetuosamente al Ministerio de Educación que rectifique este error.

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<> Este artículo se publicó el 17  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Verdad histórica

La opinión de…

 

Roberto Arosemena Jaén

La historia son los hechos que sucedieron y que tienen significado en el presente que se vive y se proyectan al mañana. La filosofía de la historia se orienta más a criticar lo sucedido y a buscar un hilo conductor de lo que debe suceder con base a lo sucedido.

La historia, cada vez más, es una ciencia y en esa medida, la filosofía se podrá ajustar más a la realidad investigada. Una cosa es la historia y otra cosa la historia digna de ser contada, la narrativa histórica o la historia interpretada.

Una filosofía que hace filosofía desde una mentira histórica “indigna de ser narrada” tendrá que aceptar que sus conclusiones son producto de la imaginación, antes que del conocimiento de la realidad.

La crítica histórica ha concluido que las “filosofías de la historia” sin un esfuerzo hermenéutico son cuentos, fantasías y constructos ideológicos para encubrir la realidad, agudizar las crisis políticas que se enfrentan y ofrecer salidas caprichosas y autoritarias.

Un hecho tan lamentable como la Segunda Guerra Mundial se está interpretando como una patología propia de la ciudadanía liberal que se empezó a definir desde la lucha contra el despotismo laico o religioso. Atento, malas interpretaciones ocasionan catástrofes humanitarias.

En este caso se apunta a la “hipocrítica” de lo político y a la hipercrítica de lo moral. La solución natural era “ la moral al poder”. El poder sometido a la moral del gobernante. La solución fue sencilla pero totalmente fantasiosa. La soberanía del déspota pasaría a la soberanía del pueblo o de la nación, como sociedad política y culturalmente organizada.

Y surgieron los totalitarismos del siglo XX y el Consejo de Seguridad de las potencias nucleares. La falacia era la del “buen salvaje”, “el malestar de la cultura” y la dialéctica entre poder, sexo y verdad. El realismo de la dictadura del buen revolucionario para construir la humanidad de los derechos humanos o la sociedad universal comunista era la mentira histórica de la acción humana basada en la moral, la cultura y la educación. Jesús había solucionado el problema con menos filosofía: “Al César lo que es del César” a la esperanza, al amor y a la verdad insobornable (Dios) lo que le pertenece”.

El problema de la historia y de una filosofía no ideologizada es terriblemente complejo. Hay que partir del hecho que han demostrado los sociólogos clásicos: el hombre se mueve por valores y por intereses. De allí la importancia de la ética o de los principios universales de la conducta humana, al menos a nivel procedimental de una democracia constitucional de derecho.

En el caso nuestro, Panamá tiene su historia y como tal tiene que ser investigada. Pero no como observador de lo que sucede como hacen los extranjeros, sino como participante de los que padecen los acontecimientos y los hechos históricos. Esta metodología de participante se da en un contexto de diálogo, comunicación y debate permanente. Panamá es un país histórico y con historia propia que ha venido estructurando desde hace siglos. Los pueblos originarios con más tiempo a sus espaldas son tan panameños como los generados desde ellos.

¿Qué diferencia hay entre un antecesor con más de 500 años y un antecesor de 1964 que tiene medio siglo de haberse comprometido con la constitución de una patria libre, soberana y sin bases militares y con los testigos mudos de la invasión de 1989?   ¿Tiene el habitante del pasado más identidad nacional que el del presente y el del futuro?   O la nación no es más bien un diálogo entre generaciones, entre contemporáneos, antecesores y sucesores. ¿Puede hacerse historia sin expectativas de futuro permaneciendo solo en la experiencia del pasado?

La historia sucedida tiene que ser escrita y debatida para que la memoria y el recuerdo renueven el presente no como algo acabado sino como un conocimiento crítico de lo que es y pudo no haber sido y un proyecto o compromiso de lo que sucederá porque queremos que suceda o porque estamos destinados a sufrirlo.

La historia no es maestra, ni manipuladora del pasado ni del futuro, es solo un conocimiento verdadero que nos advierte de lo que vendrá sino nos decidimos a construir el futuro. No caigamos en el triunfalismo. La historia como conocimiento es solo una oportunidad para actuar ética y políticamente en el mes de la patria y en los meses venideros.

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<> Este artículo se publicó el 17 de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Diógenes – Siglo 21

La opinión del Ingeniero  Administrador…

Roberto Castro

Dice la historia que éste filósofo griego caminaba por las calles de Atenas con una lámpara en la mano, buscando desesperadamente ciudadanos honrados y virtuosos.   Si los encontró o fracasó en su búsqueda, es algo que nunca sabremos. Dramáticamente, después de tantos siglos, millones de Diógenes siguen en esa ilusoria búsqueda, no solo en Panamá, sino también a lo largo de toda la llamada “aldea global”.

La avaricia, la codicia y el enfermizo amor por el aplauso y el reconocimiento, han hecho de la honradez y el servicio auténticamente desinteresado, virtudes en vías de extinción. De manera increíblemente veloz, muchos de nuestros ciudadanos se corrompen, muchos de nuestros empresarios se corrompen, muchos de nuestros líderes religiosos se corrompen, muchos de nuestros políticos y funcionarios públicos se corrompen.

La corrupción señorea en todo lugar, en todo momento, asesinando inmisericordemente la oportunidad de que la población pueda tener una existencia más digna y feliz. La felicidad, siempre tan esquiva y difícil de conseguir, ahora parece imposible de lograr. Cunde la desesperanza, aumenta la agresividad, el miedo habita entre nosotros. ¿Pesimismo?, ¿Realidad?

Cuando los Diógenes del siglo 21, por suerte o por regalo del cielo, encuentran una persona buena, no contaminada, con auténtica vocación de servicio, y tratan de que se convierta en líder, por lo general se encuentran desagradables sorpresas: o el “establecimiento” no la deja subir al poder demeritándola e imponiéndole mil trabas “legales”, o su idea ética de no pertenecer a ningún desprestigiado partido político y la consecuente falta de recursos económicos le impiden realizar su campaña electoral, o lo peor, la lamentable incultura política del grueso del electorado acostumbrado a cambiar su voto por un plato de lentejas, le gritan en su cara: “tus ideas me convencen, pero no me regalas nada”. Afortunadamente el adagio popular “tanto va el cántaro al agua hasta que al fin se rompe”, día a día se intuye como verdadero en el campo político.

En las calles, en los cafés, en la internet, se percibe ese cansancio y desesperanza, esa urgente necesidad de un cambio real, esa necesidad lacerante de que los millones de Diógenes de la aldea global concluyan exitosamente su búsqueda, y el ferviente deseo de que, una vez lleguen al poder esos “ciudadanos honrados y virtuosos”, desmientan el viejo y cruel dictamen de que “el poder corrompe”.

Y para que no se corrompan, el mandato de los Diógenes del siglo 21 deberá ser claro y contundente: “nuestro sistema será Democrático puro, sin genuflexiones, y para lograrlo, se buscará incesantemente y se respetará totalmente la independencia de los cuatro poderes: Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Medios de expresión popular”. No existe en todo el planeta una forma distinta de lograr paulatinamente la tan anhelada interdependencia armónica de los poderes del Estado. No existe ninguna otra forma de cortarle la cabeza al monstruo de la corrupción. Diógenes de todo el país: ¡ese es el camino!

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<>Artículo publicado el  17  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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