Un lugar privilegiado llamado Panamá.

En conmemoración a los 107 años de vida independiente de la Repúblia de Panamá.

La opinión de….


Nelva Marissa Araúz Reyes

nelmar_ar@yahoo.com

Cuenta la leyenda que cuando el arquitecto del mundo trazaba los primeros esbozos de su plano, contempló reservar grandes espacios de tierra que sirvieran de base para sostener a poblaciones numerosas. Estos grandes espacios tendrían un diseño amorfo; la mayoría gozaría de cuatro estaciones climáticas al año; y tendrían que enfrentar los desastres naturales con tenacidad y coraje, ya que la posición geográfica en la que fueron situados y la composición de sus tierras, es muy sensible ante las calamidades que la naturaleza deja en su enojado paso.

No obstante, dicho arquitecto, estimó prudente reservar un pequeño suelo para que fuese habitado por un selecto grupo de seres vivos, con características muy particulares. Muchos dicen que su diseño es parecido al de una S acostada. Sin embargo, si se aprecia bien, podrán observar que más que una S tiene la forma de aquella ave, que en su categoría, es la más grande del continente americano y que de hecho ha elegido como uno de sus hábitats favoritos esa pequeña tierra, convirtiéndola así en su ave nacional. Esta teoría guarda un sentido más apegado a los propósitos del arquitecto, ya que al ser un lugar selecto, se requiere, por un lado, de la visión del hermoso águila arpía para que oriente a sus habitantes en el viaje de sus vidas, y por el otro, se requiere de la fortaleza de sus alas para cubrir, evadir y proteger a los descendientes de esa tierra, ante cualquier calamidad.

El ingenio del arquitecto no tuvo límites y creó todo lo necesario para que aquel lugar fuera realmente privilegiado y gozara de un toque de magia que pudiese enamorar a todo aquel que pisara su suelo, de modo que existieran no una, sino muchas razones para que quien lo conociera lo llevara siempre en su memoria y quien naciera allí no le quedaran ganas de irse.

Es por ello, que a diferencia de los grandes espacios de tierra, a este privilegiado suelo el arquitecto le otorgó sólo dos estaciones climáticas al año: el verano y el invierno. El verano inicia justo al comienzo del nuevo año, mostrando los amaneceres y atardeceres más hermosos que en ninguna otra posición geográfica, el cielo pueda reflejar y expresándole así a su gente que el viejo año se fue no sólo con hechos negativos, sino también con momentos tan bellos como el atardecer, que quedarán grabados en sus vidas para siempre, y que les acompañarán en el nuevo amanecer.

Por su parte, las lluvias, la humedad y el calor que acompañan los nueves meses del invierno, también dan fe de las intenciones del arquitecto, porque son esas lluvias las que mantienen y alimentan los lagos, los ríos, los dos mares, la flora y la fauna que acompañan a esa privilegiada tierra. Permitiendo que en todo el año sus habitantes y visitantes puedan disfrutar de lugares paradisiacos en compañía de las bondades que la naturaleza les regala.

Además, el arquitecto pensó en la economía de sus habitantes, ya que al sólo tener dos estaciones muy parecidas en cuanto al tipo de clima que se genera, la gente no tiene la necesidad de gastar dinero en comprar ropas para cuatro tipo de estaciones, sino sólo para una.

La posición geográfica de este sitio elegido influye en la mente de cada uno de sus habitantes, porque al ser el enlace entre América del sur, Centroamérica y América del norte, su gente es consciente de que si bien ha sido escogida para habitar en un lugar privilegiado, debe servir de instrumento en la comunicación de otras poblaciones. Es por ello, que la solidaridad se hace presente en su gente y a diario se concreta el lema que reza en el escudo nacional de esa tierra, al decir pro mundi beneficio, es decir, al servicio del mundo.

Por otro lado, el selecto grupo de personas que el arquitecto escogió para habitar la privilegiada tierra, es una de sus riquezas más grandes y preciadas. Es una especie de humanos que no se encuentra en otro lugar del planeta. Ellos conciben, literalmente, que la vida es un carnaval. Es por ello, que si bien es gente trabajadora, son personas que no pueden vivir sin la fiesta, el jolgorio, el ruido y la alegría, la cual se refleja en el caminar; en la forma de hablar; en el recibimiento de otras personas, ya sean extrañas o conocidas; en la forma de conducir sus vidas; e inclusive en la conversación más formal. Es gente valiente, luchadora, cordial, que le gusta la paz y que ha defendido a través de su historia el derecho inalienable de ser quienes conduzcan los destinos de su tierra. Y es que este espacio privilegiado de tierra lo ha querido poseer, en todo o en parte, varios países, tales como España, Colombia, Francia y Estados Unidos. Pero su gente, repartida a lo largo y ancho de nueve provincias, ha luchado para poseer su soberanía. Ejemplo de ello lo es su independencia de España el 28 de noviembre de 1821; su separación de Colombia el 3 de noviembre de 1903; su lucha por la soberanía de la totalidad de sus tierras y para que las bases militares estadounidenses salieran de su suelo, la cual se vio culminada el 31 de diciembre de 1999. Si no hubiera sido por la valentía, el coraje y el amor de la gente a su tierra, al punto de dar la vida por ella en varios momentos de la historia, seguramente en estos días, ese privilegiado territorio sería parte de otro.

Sin embargo hoy, los habitantes de esa tierra celebran, al son de los tambores, redoblantes, clarines, liras y trompetas, sus 107 años de ser una joven república independiente, y con orgullo, sintiéndose eternamente agradecidos con el hecho de que el arquitecto del mundo los hubiese elegido a ellos, y no a otros, para formar parte de ese espacio de tierra tan privilegiado, ondean aquel emblema diseñado de forma inteligente por Don Manuel E. Amador, al elegir un diseño sencillo y elegante que les identificara, el cual les representa desde el 4 de noviembre de 1903.

Ese espacio de tierra tan privilegiado, del cual tan sólo se han dado pequeños esbozos de sus innumerables riquezas, fue bautizado con un nombre que según la leyenda posee tres significados: abundancia de peces, abundancia de mariposas ó en virtud de un árbol que fundó sus raíces en dicha tierra.

Con independencia de su significado, es un nombre fonéticamente fuerte, tan fuerte que al mencionarlo resuena en el corazón de quien lo escucha y lo siente, donde quiera que esté. Es un nombre que representa la patria que el poeta Ricardo Miró dibujó en su más célebre poesía al decir, sin equivocarse “! Oh Patria tan pequeña que cabes toda entera, debajo de la sombra de nuestro pabellón, quizás fuiste tan chica para que yo pudiera, llevarte toda entera (y por doquiera) dentro del corazón!”

Ese lugar privilegiado, en el que tan sólo habitan un poco más de 3 millones de selectos habitantes, fue bautizado con el hermoso nombre de Panamá.


<> Artículo enviado por E-mail y publicado el 3 de noviembre de 2010 en el sitio: www. escritoresdelalibertad.blogspot.com por la autora a quien damos todo el crpédito que le corresponde.
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La preciada democracia y su evolución

La opinión de la Abogada….

CANDICE   HERRERA
candiceherrera@hotmail.com
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¡Cuando la cultura política de nuestros gobernantes evoluciona, el país evoluciona! Existen principios básicos en el arte de gobernar, que en varios aspectos trascienden las ideologías y que vienen siendo exigidas crecientemente por la sociedad en general.  Es el caso de la Planificación de Políticas Públicas y del Gasto Público, la Medición de Resultados, la Transparencia, la Rendición de Cuentas y especialmente el estímulo a la Participación Ciudadana que permita garantizar la Gobernabilidad y propiciar el Desarrollo Sostenible.

El desconocimiento, la improvisación, las incongruencias, la desinformación y el sectarismo son algunos de los obstáculos que dificultan e incluso imposibilitan un crecimiento armónico en las sociedades y, por el contrario, tienden a entronizar formas autocráticas de control por parte de quienes gobiernan la nación por el establecido —e inamovible— quinquenio.

Con la masiva solicitud de ‘cambio’, que exigió la ciudadanía en las pasadas elecciones, se reclamó un nuevo pensamiento y un nuevo actuar político. Ello no significa que los panameños queremos retroceder ni desconocer logros alcanzados anteriormente, por ejemplo, la exigibilidad de la responsabilidad política, económica y social, a la que tienen que acogerse todos los actores que aspiran a ser parte decisoria de la gobernabilidad de un Estado.

Por el contrario, tal solicitud de ‘cambio’, es una exigencia para reflexionar acerca de las falencias de los mecanismos de planificación y ejecución de las políticas públicas, la ausencia de una medición veraz de resultados que —por coherencia— deben ser contrastados con los Planes de Gobierno propuestos y la práctica de mecanismos crecientes de transparencia, rendición de cuentas y de participación ciudadana.

Las tareas reclamadas por la ciudadanía, especialmente las de trabajos estables, salud, educación, respeto al medio ambiente y gobernabilidad, deben ser afianzados y perfeccionados, mediante discusiones amplias y participativas, cuyos resultados se expresen en las futuras reformas y en las regulaciones cónsonas con los acuerdos previos, de igual forma en el caso de la Reforma Electoral en curso.

Aspiramos a que se continúe estimulando la conciencia social, la conciencia del gasto, la efectividad y buen uso de los subsidios electorales, así como los acuerdos éticos electorales que preserven la democracia y propicien la participación ciudadana.

Estimular la confrontación entre sectores de la sociedad, contra los partidos políticos, demuestra la manipulación perjudicial hacia una sociedad que, para la conservación de su democracia y el impulso de un desarrollo sostenible óptimo, requiere de la participación de organizaciones como los partidos políticos, para los que el subsidio electoral que les otorga el Estado genera parámetros, condiciones y exigibilidad de sus responsabilidades y manejos, no solo a lo interno, sino en su accionar dentro de las estructuras de poder público y ante la sociedad en general.

Queda en cada uno de los ciudadanos panameños la oportunidad de promover una nueva cultura política y evaluar el cumplimiento, el respeto, el comportamiento, la capacidad, la honestidad, la sostenibilidad, la congruencia, la seriedad y la ética; de quienes emitan propuestas y planteamientos que ofenden la conciencia social, la capacidad de análisis y atentan contra la tan preciada democracia.

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<> Este artículo se publicó el 16 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la   autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/herrara-candice/

Periodistas: ¿qué somos?

La opinión del Periodista…

 

ADÁN  CASTILLO  GALASTICA
agalastica@yahoo.es
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Mucho se ha dicho, se dice y desdice de los Periodistas y su profesión, cada cual desde su óptica y al son del ‘tambor de orden’. En consecuencia, hay Periodistas, y ‘periodistas’ (igual médicos, abogados, etc.).

No obstante, existe una línea definitoria; dos precondiciones de principio: Vocación y Compromiso. Las vocaciones, por ejemplo, se despiertan, fomentan y se hacen madurar. La dinámica social, para quien la practica, ejerce influjo y necesidad casi obsesiva hacia el periodismo. Bien se indica que una vez que el ‘bichito’ del Periodismo entra, se empodera y jamás nos abandona.

El Compromiso es otra dimensión. En esta lógica, entiendo por ser Periodista: Centinela, Maestro, Guía, promotor de solidaridades, convivencias, tolerancias. Abridor de trochas de los que no tienen voz. Adalid y ariete. Lo contrario: Informar por informar con aparente ingenuidad, nos sitúa ante un difusor, informante o propagador de hechos, pero difícilmente ante un Periodista, tal como lo visualizamos arriba.

Vocación y compromiso, hacen la diferencia para que el Periodismo sea un ejercicio de transformación permanente. En consecuencia, postulamos un Periodismo gestor, proponente, zapador. ‘Quijotes’, nos llaman algunos con mofa (y en esto tienen razón), sobre todo cuando resistimos la mediocridad y su madrastra, la ignorancia. Tal resistencia conlleva acorralamientos, ostracismos, cárcel, exclusiones y la muerte, tal como se informa cada día.

Habrá que recordar a cada paso que el Periodismo panameño está gloriosamente abonado por estas consistencias de heroicidad y no pocos sacrificios, cuyo tributo rendimos hoy a Gaspar Octavio Hernández.

De mi parte, junto a otros, me inicié en el Periodismo en el Nido de Águilas, cuando al decir del Prof. Ricardo Ríos Torres, el Bachillerato en Humanidades equivalía a una Maestría y hoy a un Doctorado.

Cinco décadas de este batallar del criterio me impulsan a compartir el siguiente mensaje: Los Periodistas panameños tenemos mucho que aportar con gestión creativa hacia el bien común. Enfrentar la pobreza extrema y la marginalidad, la devastación ambiental, las iniquidades.

Para cumplir con estos cometidos y compromisos, repito, hay que transformar conductas, la propia y la ajena. Leer incansablemente, escuchar con respeto, aprender con humildad, renovar vocaciones, recomponer valores, levantar esperanzas. En suma, ser cada vez mejores.

¡Salud, Colegas; salud Gaspar!

 

<> Este artículo se publicó el 16 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/castillo-galastica-adan/

La historia es también asunto de intereses

La opinión de…

Francisco Díaz Montilla

La historia registra que cuando el general Mariano Montilla tuvo conocimiento de los hechos de la “independencia” de Panamá de España, el 28 de noviembre de 1821 sentenció: “no cabe duda de que Panamá es tierra de comerciantes, ha sabido evitar los horrores de la guerra proclamando en buena hora su independencia”.

Ciertamente, mientras el resto del continente libraba su independencia desde una década atrás en el campo de batalla, los istmeños permanecimos fieles a la corona española, y si finalmente actuamos como hicimos se debió a un cálculo de utilidades que –al menos para los sectores comerciantes– era sumamente prometedor. Entonces eran irrelevantes los ideales de Nación,  independencia y soberanía. Lo determinante, por el contrario, era que la Gran Colombia de Bolívar,   a la cual nos uníamos voluntariamente, garantizara el libre comercio por el Istmo.

81 años, 11 meses y 25 días más tarde, la historia sería similar.   En esta ocasión no hubo pagos de salarios atrasados a soldados, aunque sí sobornos a importantes funcionarios del Gobierno de Colombia y a otros “patriotas”, algunos de ellos elevados a la categoría de próceres, y –sobre todo– la posibilidad de realizar magníficos negocios con la construcción del canal de Panamá por parte de Estados Unidos.

Lo demás es historia: un chino muerto y una mula heroica, un tratado que cedía a perpetuidad parte del territorio nacional y un artículo de la Carta Magna que legalizaba las intervenciones norteamericanas en el Istmo.     En fin, un país mutilado que habría de iniciar un tortuoso proceso de autoafirmación que, en pleno siglo XXI, no termina de realizarse y que –según parece– ya no interesa.

Años después de la separación de Colombia, una de las mentes más preclaras que ha vivido en este país,  Eusebio A. Morales,   señalaba en uno de sus escritos que el problema principal de los panameños era la ausencia total de sentimiento patrio, y que entre los involucrados en los hechos secesionistas había quienes no creían en la empresa que estaban realizando, y que el móvil de las acciones de estas personas era más bien crematístico.

Pero los panameños sobredimensionamos los hechos y celebramos pomposamente con marchas, salomas, bandas musicales de poca monta y bailes que no vienen al caso, acontecimientos  de los cuales no tenemos la más remota idea o que carecen de proyección nacional pero que súbitamente –debido a la extraordinaria fantasía de historiadores de cuentos de hadas (historiadores Alicia) o de retóricos gubernamentales– parecieran ser la manifestación del alma nacional que desborda todo condicionamiento temporal (incidente de la tajada de sandía, 10 de noviembre de 1821, 5 de noviembre de 1903, etc.).

No somos capaces de darnos la oportunidad de evaluar los acontecimientos y el actuar humano bajo la mirada de la crítica, ni de advertir que –después de todo– nada es sagrado en la historia, o mejor dicho:   no somos capaces de advertir que no hay historia humana sagrada,  y que la historia no puede entenderse sino a partir de los intereses que la hacen posible.

Reconocer esto es el punto de partida para la tan necesaria tarea de desmitificar nuestro pasado, una tarea tanto más necesaria si se tiene en cuenta que la historia es un excelente recurso para la manipulación ideológica y política y para la propaganda oficial, y una forma de alimentar la alienante cultura del grupo o del rebaño, con todas las consecuencias discriminatorias que esa cultura implica.

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<> Este artículo se publicó el 15  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/diaz-montilla-francisco/

Los kunas y la separación de Panamá de Colombia

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La opinión del Educador Kuna…

Rodelick Valdes R.  

Durante este mes, el país repasa los hechos acaecidos en los primeros días de noviembre de 1903, se resaltan los personajes que tejieron muestra historia patria. Sin embargo poco se habla de dirigentes indígenas de la etnia kuna que tomaron partido en los eventos posteriores a la gesta istmeña y en la consolidación de la soberanía. Tal vez no es común escuchar nombres como Inanaginya, Inabaginya, Nele Kantule, Colman, Carlos Robinson, Inadoiginya e Igwanabdiler.

Cuando Panamá se separó de Colombia, el pueblo kuna debía decidir si apoyaba a la nueva república o seguían al lado de Colombia.   Carlos Robinson de Nargana fue uno de los primeros en reconocer a Panamá.    Después, se dieron cita la gran mayoría de las comunidades en un magno congreso general para analizar el tema, donde el Saila Inanaginya (máximo jefe de la comarca) y su consejero Inabaginya optaron en seguir con el país sureño siendo respaldado por un grupo de comunidades. Colman, Nele Kantule y otros prefirieron unirse a la nueva república, facción que también tuvo sus seguidores.   Esa división interna de los kunas, se agravó más cuando el cacique principal muere y sus sucesores no llegaron a un consenso.

Entre tanto, Los primeros gobiernos de Panamá le prestaron más atención a los pueblos que habían aceptado su soberanía desde el inicio, mientras que las islas rebeldes fueron objetos de medidas coercitivas y desconocían a sus autoridades para intimidarlos. Los propios presidentes Carlos A. Mendoza (1910) y Belisario Porras (1915) llevaron la desagradable experiencia de ver ondeando banderas colombianas en algunas islas durante su visita a la región. Entonces, los Intendentes, representantes del gobierno en la zona, iniciaron una política conciliadora y recomendaron a sus superiores mejorar el trato hacia los indígenas rebeldes para atraerlos.   Tras varios intentos de acercamiento, el Intendente Humberto Vaglio negoció con el cacique Inabaginya para que finalmente reconociera a Panamá.   Así los últimos pueblos izaron la bandera panameña a partir de 1919.

¿Pero por qué una confederación de pueblos se negaba a reconocer a Panamá? Las causas eran históricas y económicas. Desde el siglo XIX los kunas habían entablado una buena relación política con Colombia, a pesar de sus limitaciones. Además los vínculos comerciales entre ambos pueblos era satisfactorio y se pensaba que los panameños no tendrían el mismo trato para con ellos. De hecho, desde esos años sea mantenido esas relaciones comerciales hasta la actualidad y aún quedan pendientes en desarrollar y ejecutar programas sociales con su pueblo. Por lo tanto, recordar la ideología de estos caciques indígenas también hacemos patria.

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<>Artículo publicado el  15  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/valdes-rodelick/

Adelante, Mauricio Nelson

La opinión del politólogo….

 

ISAAC  M.  RODRÍGUEZ
cuimbae26@gmail.com

El rojo, no era rojo, y el blanco, no era blanco. Era una amalgama de colores, casi verdolaga; similar a los patios limosos de las casas condenadas, que todavía muchos políticos le remozan su fachada externa en los tiempos de campaña, para ganar simpatía y votos. La mentira cundía, cual gas perturbante en el estómago de los pobres; pero la verdad, cual cuadripléjico nadando en un pantano, se hacía notar paso a paso. Y fue una aciaga llamada, calculada a tiempo y en el lugar preciso, la que dio el tiro certero, el tiro de gracia.

En mis dos recientes visitas a la ciudad de Colón, en un tiempo denominada Aspinwall, confraternicé con distinguidas figuras del foro social colonense y les pregunté su opinión sobre el caso que vincula a Mauricio Nelson, ex comisionado en la provincia, con las cosas oscuras del narcotráfico y sus interpretaciones sobre el particular. Distintas opiniones coincidían en que la pútrida materia que rodea el caso, tiene ribetes y vestigios de un vulgar plante.   Como me decían los mismos, todo indica que un niño bonito, un yeyesón colonense podrido en plata, quien papi con todo su poder político protege y algunas autoridades complacientes le quitaron de encima, con una jugada sucia, a su nunca pensado e implacable perseguidor, que estaba a punto de ponerlo entre barrotes por ser quien estaba en el susodicho negocio de marras. Y el verdadero traficante, plantó la semilla, cual jilguero en nido ajeno.

No me cabe en mi acuciosa mente creer que ese plantado oficial que comandaba los distintos mandos y tropas para los días de desfile del 3 de Noviembre, cuyo garbo y donaire hacia romper en aplausos de los ciudadanos y nos hacía sentir orgullos a los egresados del Instituto Militar general Tomás Herrera. El hijo putativo y representativo de Chana, Juana, Pedro, Jacinto y José, mismo que, en la ciudad del Caribe hizo respirar aires de seguridad y protección, se vaya a convertir de la noche a la mañana, por obra y gracia de un testigo ‘bien protegido’ en un delincuente común.

Ese, sí, ese mismo, fue el mismo comandante a quien le dieron la responsabilidad de la custodia y el manejo del área sensitiva de Zona del Canal. Tal vez el mismo desvergonzado calumniador habrá pedido también que se le abra una investigación a Nelson y mande a revisar sus uniformes, para ver si tiene escondida alguna ala de una de las esclusas de Miraflores y que tal vez guarda, para cambiarla por una bolsa de arroz Compita, en la próxima feria del Mida.   No se extrañen de que con la conducta alarmista y chismosa con la que obran los malsanos en el Estado o los que acostumbran a detentar el poder a costa del sacrificio de los mejores hijos de la patria, que de repente encuentren que Mauricio tiene vínculos con Bin Laden, el Mulá Omar y los fedayines de Afganistán.

Te aseguro, Mauricio, que si tu apellido hubiese sido uno de los pomposos de la aristocracia que todavía prevalece en el país, aunque fueras culpable, hoy estarías condecorado o como agregado policial en alguna Junta Interamericana o en un país del Norte.   Porque, como dice el glorioso y muy respetado Rubén Blades en unas de sus muy gustadas canciones,   ‘la verdad es mentira y viceversa’ y en otra ‘alerta, que el que va en motocicleta, ningún carro lo respeta y autobús mejor ni hablar’.   Y a ti, te ven en moto, los dueños de los Jaguar, Mercedes y BMW.

He sido, igual que tú, blanco de tiro (más bien cholo de tiro), en muchas ocasiones, y para fregar, tú eres negro. Peor la cosa, porque el racismo en nuestra sufrida Nación todavía subsiste.

Tengo fe en tu inocencia; pero aprende y observa, cómo sobre las acciones de mis aguerridos compañeros y mías, se han trepado montones al poder y luego han usado la fuerza para perseguirme y aquí estoy vivo y cada día dando la cara al Oriente, donde el poderoso Creador nos ofrece su creación y moriré con orgullo y honor, reconociendo que nuestra Alma Mater nos enseñó a servir y no a ser servidos. Que somos una generación que lo que jamás nos perdonarán es que nos atrevemos a enfrentar el poder malhabido.

 

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<> Este artículo se publicó el 15 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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