¿Es competitivo el sector público?

La opinión de…

 

Omar Zambrano

El sector público juega un rol crucial para la economía y la competitividad de un país. El Estado formula políticas públicas que orientan la actividad económica de manera directa, definiendo así lo que algunos llaman “reglas del juego”.

Adicionalmente, la estabilidad resulta crucial para lograr crecimiento, lo que exige por ejemplo en materia de política fiscal que el Estado mantenga dentro de límites razonables su nivel de gasto y deuda para mantener un buen grado de inversión.

Hasta el primer trimestre de 2010, el resultado del balance fiscal consolidado del SPNF del Gobierno panameño fue de –0.5%, mejorando la meta proyectada para el año (que es de un déficit de –2.0% del PIB), logrando así iniciar un ambicioso programa de inversiones públicas queno ha afectado hasta ahora el balance fiscal.

En general, la adecuada administración pública provee un buen clima de negocios para invertir, producir, exportar y desarrollar cualquier tipo de actividad económica que contribuya al desarrollo económico del país y el bienestar de los ciudadanos. Un buen clima de negocios lo crea el sector público, ya que su función es guiar la gobernabilidad del país en paz, orden y de acuerdo a la ley.

Las políticas macroeconómicas adecuadas son fundamentales para fomentar la competitividad y el desarrollo integral, porque crean estabilidad y crecimiento, pero no son suficientes para lograr desarrollo. Se necesitan además políticas microeconómicas de desarrollo humano, institucionalidad y reducción efectiva de la pobreza.

Por otro lado, el gasto público resulta primordial para proveer servicios y bienes públicos en beneficio de la comunidad, a objeto de lograr mayores niveles de equidad social y desarrollar la plataforma de infraestructura sobre la cual operará la economía nacional. En Panamá, por ejemplo, el gasto público representa aproximadamente el 26% del producto interno bruto (PIB), lo cual constituye un importante nivel de gasto.

Otra área de política de altísima importancia para la competitividad es el comercio exterior, que involucra el fomento de las exportaciones como vehículo primario de crecimiento y apertura comercial, manteniendo la competencia como instrumento de fomento a la productividad. Esto último se logra a través de los llamados acuerdos comerciales (TLC).

Por su lado, las exportaciones se incentivan a través de la capacitación y el uso de tecnología por parte de los productores, facilitando el crédito, los encadenamientos de sistemas de producción, transporte y mercadeo en sectores promisorios como los servicios del conglomerado, las agroindustrias y el turismo. Otras políticas que fomentan la competitividad incluyen mantener un sistema financiero sólido con esquemas que facilitan la introducción de capital de riesgo.

La formación del capital humano mediante la inversión pública es otro aspecto fundamental para lograr el crecimiento sostenido de la productividad económica y el bienestar social, así como la aplicación de políticas laborales para fomentar la productividad.

Entre más expeditos, transparentes y seguros sean los trámites de la administración pública, más competitivo será el país.  El Gobierno actual ha emprendido un ambicioso programa de innovación gubernamental desde la Presidencia, donde se planea introducir sistemas computarizados que permitan realizar trámites públicos que simplifican los sistemas y evitan el papeleo mejorando la eficiencia, transparencia, agilidad y profesionalismo de los servicios públicos.

Hasta el momento se han hecho programas efectivos como PanamáTramita, PanamáCompra, PanamáEmprende, ventanillas únicas, sistema de control de expedientes y otros más.

Si bien el papel del Gobierno es de primaria importancia, se requiere el concurso de todos los sectores empresariales y gremiales. Quizá la política más trascendental para la competitividad sea la de abrir espacios para la colaboración y concertación entre el sector público y los demás actores nacionales.

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<> Este artículo se publicó el 15  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/zambrano-omar/

Debate público con el profesor Jované (IV)

 

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La opinión del Activista de los Derechos Humanos…

MANUEL CASTRO RODRIGUEZ

castroeducacion@yahoo.es

Profesor Jované, el tipo de régimen que usted pretende instaurar en Panamá viola sistemáticamente todos los principios consagrados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Por ejemplo, aunque el artículo 13 de la Declaración expresa: “Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”, el castrismo le niega ese derecho al pueblo cubano. ¡Corea del Norte y Cuba son los únicos países que le exigen visa a sus nacionales!

La tiranía le negó el permiso de entrada a su patria a la jugadora de voleibol Taismary Agüero, que lo había solicitado para poder ver a su madre que se encontraba muy grave de salud y que falleció a los pocos días. Taismary es una gloria deportiva de Cuba: Con la selección cubana, Taismary ganó doce medallas, incluidas las logradas en los Juegos Olímpicos de Atlanta”96 y Sydney”00. Celia Cruz y otros miles de cubanos sufrieron lo mismo.

Adrián Leiva, periodista cubano residente en Miami, murió el 22/3/2010 en extrañas circunstancias mientras trataba de entrar a Cuba, después de que en reiteradas ocasiones el castrismo le negó la entrada a su patria. Su hermana Eva reconoció su cadáver en la morgue de La Habana.

Hilda Molina tuvo que esperar quince años para poder reencontrarse con su único hijo y conocer a sus nietos. Un año antes, en el prólogo con fecha 4/6/2008 de la edición cubana del libro ‘Fidel, Bolivia y algo más…’, Fidel Castro escribió: “Se le niega a ella [Hilda Molina] la solicitud de viajar al exterior”. Durante el período 2004-2009 dos presidentes argentinos hicieron intensas gestiones ante Fidel para lograr la salida de Hilda.

¡Cuántos hijos, madres, padres, esposas y esposos de emigrados cubanos no reciben la solidaridad internacional que tuvo Hilda Molina, y permanecen secuestrados por la gerontocracia estalinista que apoya Jované!

Un primo mío, Pedro Castro, estuvo quince años sin poder ver a sus padres y hermanos. Un amigo de la infancia, Ángel García, tuvo que esperar más de veinte años para poder reencontrarse con sus padres.

En al menos seis ocasiones, el ídolo de Jované le ha impedido viajar al extranjero a la filóloga Yoani Sánchez, para recibir premios y participar en eventos internacionales. Yoani -una de las “100 personas más influyentes” del mundo, según la revista Time-, ha ganado el Premio Ortega y Gasset de Periodismo Digital (2008), la mención del María Moors Cabot de la Universidad de Columbia (2009), la distinción del Instituto Internacional de la Prensa (2010) y el Premio Príncipe Claus (2010).

Jované debiera tener la entereza de explicarle a la sociedad panameña: ¿Por qué los cubanos tienen que pedirle permiso o “carta de liberación” al régimen para poder viajar al extranjero? ¿Por qué el castrismo despoja de todas sus pertenencias –dinero, casa, auto, muebles, televisor, refrigerador, etc.-, a los cubanos que desean vivir en el extranjero y los castigan con la “salida definitiva”?   ¿Por qué el cubano que reside fuera de Cuba debe solicitarle autorización al régimen militar para entrar a su patria?   Continuará.

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<>Artículo publicado el 15  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/castro-rodriguez-manuel/

José Renán Esquivel

La opinión del Médico Oncólogo….

 

FERNANDO CEBAMANOS

fcebamanos@hotmail.com

Solo observando las cifras de la mortalidad en nuestro país nos damos cuenta de que algo importante sucedió. En 1970 fallecieron 10225 personas.   A partir de ese momento se observa un progresivo descenso de la mortalidad, hasta llegar a 6497 defunciones en el año 1984. Las políticas de salud con énfasis en la prevención son la explicación de este hecho trascendental. El impulsor fue José Renán Esquivel.

Con lenguaje sencillo afirmaba, en sus amenas conversaciones, que ‘los grandes hospitales son grandes monumentos a nuestro fracaso en salud’. Su filosofía era la de la salud integral, la de la participación directa de los pueblos en la gestión de su salud a través de los comités de salud.

Lo que sucedió posteriormente es tema de nuestros días. Los comités de salud se transformaron en botín político de las actividades de los partidos políticos solo en busca de votos. La salud, cada vez más inserta en políticas de mercado, que buscan satisfacer solo intereses económicos poderosos, no responde a los intereses de las mayorías.

Se podría hacer una larga lista de logros impulsados por José Renán Esquivel, pero no sería suficiente. Él fue sensible al sufrimiento de los más necesitados y sus esperanzas se fundaban en que las poblaciones organizadas hicieran cambiar este país de profundas injusticias en otro justo, democrático e independiente. Su aporte debe constituirse en un legado para las comunidades en la lucha por la construcción de su propio destino.

 

 

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<> Este artículo se publicó el 15 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

¡Qué se marchen las marchas!

La opinión de…

Roberto Brenes P.

El Presidente y la ministra de Educación han advertido sobre la obligación de los colegios y escuelas de desfilar los días patrios para “honrar a la patria”.  Mala onda.

Los desfiles además de onerosos para las familias, son muestras de prepotencia del Gobierno, resaltan valores marciales y militares que son ajenos a la democracia y son el ego trip de una burocracia entarimada, endiosada por una pleitesía obligada, haciendo marchar a menores de edad que ni siquiera han cometido la insensatez de elegirlos.

Todo en un estado de tortura física y mental; causada por las inclemencias del tiempo y la estridente cacofonía de las bandas “de guerra”.

¿No es tiempo acaso para que repensemos el valor patriótico de esta aberración castrense?

Cierto es que por generaciones los panameños hemos desfilado en los días patrios. ¿Pero, es esa una tradición que ensalza y fortalece nuestros ideales nacionales? ¿O, por el contrario, la tradición marcial de nuestros desfiles donde las escuelas tienen “batallones” armados y “estado mayor” no fomentan más bien el militarismo y el autoritarismo? ¿Y dónde está el objeto del desfile? ¿O es que se honra a la patria desfilando ante un grupo de burócratas (algunos de los cuales debían estar presos) y no que están allí por designio divino, sino solo porque los papás de los que marchan los eligieron? ¿O es que como empleado público entarimado de verdad se siente la representación abstracta o concreta de la nación o del Estado?

Si de honrar a la patria se trata, nuestras efemérides deben dedicarse a ensalzar valores nacionales y fomentar la democracia de mil y una formas más modernas, imaginativas y más civilizadas… y seguramente con mejor música de fondo. En una democracia activa, donde tenemos la fortuna de tener días seguidos de celebración patria, las posibilidades de honrar los valores –y en el proceso educarnos y perfeccionar nuestras ideas patrióticas– exceden el exiguo valor (si alguno) de marchar.

Empecemos por el ruido. En vez de fomentar la proliferación de bandas “de guerra”, fomentemos y cultivemos las bandas de música y de paso rescatamos una materia importante en vías de extinción de las escuelas: la educación musical. Además le brindamos a los educandos una disciplina y quizá hasta una profesión como músico; bastante mejor que tamborero de comparsa, que es a lo que aspiran y llegan los cracks del redoblante y el tambor. Una actividad de las fiestas patrias sería, entonces, a todo nivel los concursos y competencias de bandas de música en teatros, parques y espacios adecuados, que además de cultivar al muchacho serían el deleite de los asistentes y ¿por qué no?, embrión de competencias internacionales.

La patria, su origen, su presente y su futuro, debe ser un tema obligado de las festividad. Más concursos de oratoria, concursos de ensayo, conferencias y seminarios a todo lo largo y ancho del país. Que la escuela y universidades se engalanen con actividades históricas y culturales de acceso público. Cada ciudad, barrio y escuela podría ser un centro de difusión de valores históricos, de principios, de democracia y de amor al país, a su gente y a sus tradiciones. En fin, ideas e iniciativas no nos faltarán.

Y lo mejor de la propuesta es que tendríamos plata de sobra, si los recursos dedicados a los desfiles, desde las tarimas, los adornos y todos los parafernales que conlleva tener de invitados a la alta burocracia en los desfiles, se reorientaran a conceder premios a los múltiples concursos y competencias, a pagar buenos conferencistas, a financiar obras conmemorativas con valor histórico o democrático ya sean gráficas, de radio, internet y cualquier medio masivo.

Con un programa nacional así cambiaríamos radicalmente el interés de la juventud por las fiestas patrias. En vez de verlas como una obligación odiosa, costosa y sudorosa para rendir pleitesía artificial al Gobierno, las fiestas patrias serían verdaderos festivales de conocimiento y diversión, en los que los muchachos serían los protagonistas, fomentando un círculo virtuoso de conocimiento, amor a la patria y valores democráticos. Y toda la población pasaría de ser un espectador pasivo a un participante activo en el conocimiento, preservación y difusión de los valores nacionales.

Y si el Presidente y la ministra insisten en que hay que marchar, propongo que invirtamos los papeles: que marchen los funcionarios y que el resto ocupemos la tarima. ¿No les parece justo que desfilen frente al pueblo que los eligió, la plana mayor del Gobierno? Todos, con sus guayaberas blancas, lejos de sus carrazos de vidrios teñidos, sin guardaespaldas, sin “esepeis” y sin la consabida estela de manzanillos.

Así los ciudadanos tendremos oportunidad de verlos, al menos, moviéndose (y hasta tendremos la rara ocasión de verlos sudar). Y que los de la tarima les dediquemos, entonces, los aplausos o los abucheos que se merezcan. ¡Eso sí es un ejercicio democrático!

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<> Este artículo se publicó el 15  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Hay plata para muy pocos

La opinión del Abogado…

Lisímaco Jacinto López y López 

Les están regalando B/ 100.00 a 90,000 panameños que nunca cotizaron. Eso suma más de 90 millones por año. Eso es paternalismo demagógico, porque la Ley obliga a todos los panameños a cotizar en la Caja. Todos los panameños tenemos derecho a un aumento de sueldo, porque el alto costo de la vida nos altera a Todos, nuestros niveles de vida en sociedad. Desde hace aproximadamente 10 años, los aumentos solo se hacen para los que han cotizado hasta B/ 500.00. Si solo se sigue contemplando a ese grupo, se actúa injustamente con quienes solo hemos recibido aumento de las cuotas para pensionarnos y aumento de impuestos directos e indirectos (7%). Se dice que la Caja solo contemplará aumentar las pensiones mínimas. Esa acción viola la propia Ley Orgánica de la Caja porque siendo sus directivos, servidores públicos, estos “servidores públicos solo pueden hacer lo que la ley; expresamente, les ordena”.

Los dineros consignados en la Caja son de los que cotizamos y no del Gobierno, para cumplir promesas electorales.

La Ley ordena pagar pensiones en razón de la proporcionalidad a la cotización aportada y no a criterios demagógico-paternalistas. La Ley no le permite a la Caja actuar selectivamente: para unos sí y otros no. Esa no es su función.

Quienes tenemos pensiones altas, pagamos altas cuotas para mantener nuestro nivel de vida familiar y nos lo están reduciendo con el descontrol de la economía nacional y como ejemplo vemos que la planilla estatal registró un gasto total de $176.4 millones en incremento. Aumentaron 5 mil funcionarios que en promedio, se les paga B/ 3,000.00 mensuales.

A los que más cotizamos, nos cuesta más la vivienda, la comida, los servicios básicos, las medicinas, transportarnos, comunicarnos y hasta la recreación. Todo nos cuesta más.

Si la Caja no tiene los dineros para cubrir un aumento a Todas las pensiones, porque se descapitaliza; lo tendrá que aportar el Gobierno del Presupuesto Nacional para Todos los pensionados, con base en una Ley Especial que así lo ordene, como lo han hecho con 100 para los 70 y la Policía.

¿Si hay 176 millones para 5,000 nuevos empleados, por qué no hay 90 millones para Todos los pensionados?.

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<>Artículo publicado el  15  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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El oficio de informar

La opinión de….

 


ERNESTO A. HOLDER    
ernestoholder@gmail.com

Este pasado sábado 13 de Noviembre se celebró el Día del Periodista. Mis felicitaciones a todos los que dedican sus esfuerzos y la razón de sus días al ejercicio de esta profesión, en un tiempo en que el trabajo periodístico ha evolucionado notablemente. Un tiempo en el que el fin de trasmitir los mensajes e informaciones a través de sofisticados sistemas de comunicación e información regional y global, requiere de una preparación seria, constante y de calidad profesional. Un tiempo en el que el oficio es amenazado por las estructuras de poder. Igualmente un tiempo en que es una de las más peligrosos profesiones para la integridad física y que ha costado la vida de 38 periodistas alrededor del mundo en lo que va de este 2010 y 72 durante el año pasado.

El oficio de la comunicación, a través del Periodismo, tiene como objetivo, para muchos de los que trabajamos en esta disciplina de las ciencias sociales, la tarea de informar. Pero este ejercicio se da en el marco de parámetros definidos por los intereses de los propietarios de los medios, y por las relaciones que éstos sostengan con los centros de poder. Y, claro está, los periodistas y las empresas de la comunicación entran en conflicto cuando se dan confrontaciones entre el criterio de servir objetivamente al derecho de la información y salvaguardar los intereses económicos de la empresa frente a los intereses del poder político.

Dejo claro que la práctica del Periodismo a nivel local, en términos generales, crea desolación. Los medios —especialmente los televisivos— insisten en presentarle al público informaciones por intermedio de personal poco preparado y sin la capacidad profesional necesaria para lograr el objetivo de informar. ‘The medium is the message’, señaló Marshall Mcluhan. Este principio resalta en la medida en que observamos cuidadosamente el tratamiento de una misma información por distintos medios de comunicación, y todos parecen inclinarse en estos tiempos a la presentación de programas sensacionalistas en vez de informativos.

La idea de que los eventos son espectáculos en vez de hechos informativos, ha ido calando significativamente. Cuando un reportero le pregunta a una víctima ‘¿cómo te sientes?’, después de que acaba de perder a un ser querido, por ejemplo, debe ser suficiente indicativo de que es necesaria la revisión de los objetivos del medio y los requisitos profesionales que ese medio le exige al reportero para la captura y presentación de la información.

La idea de que el periodista no tenga suficientes criterios, malicia o independencia como para saber, o cerciorarse de que lo están utilizando (caso Murcia—Velásquez—elecciones 2009), deja graves preocupaciones y dudas sobre el futuro de la profesión. Y la idea de que algunos se presten para el espectáculo, la indolencia y el descrédito, es más preocupante aún.

Si el medio no se preocupa por la preparación e integridad profesional de sus reporteros y periodistas, seguiremos siendo testigos cotidianos de estas vergüenzas. Si el trabajo de informar no se atiende con seriedad, no superaremos este nivel de tratamiento de la información. Esa es una responsabilidad del medio y de sus directores, pero ante todo es una responsabilidad personal, que debe tratarse con el celo más vehemente.

Aún, a inicios de un siglo que promete grandes avances para la especie en términos de perfeccionamiento del sentido de humanidad, al analizar la práctica del periodismo local, específicamente la televisiva, alejada de las apologías criollas, nos falta mucho por alcanzar. La práctica del Periodismo tiene que fundamentarse en el propósito primario de informar y ante todo, brindar un panorama coherente y objetivo de lo que se informa, asentado en una investigación profunda, seria y con el ánimo siempre de educar. Y esto va de la mano con la exigencia por realizar una labor periodística de excelencia y alejada de cualquier influencia, inclusive la de los dueños de los medios, sus anunciantes o el gobierno.

El Estado tiene necesariamente que abrir espacios para que los periodistas practiquen juiciosamente su profesión. Que tengan una justa oportunidad de moldear positivamente la vida de las personas, darle forma al contexto social, exponer las injusticias, crear discusiones interesantes que coadyuven a la solución de problemas. Y, ante todo, para que los medios se conviertan en la ventana por la cual todos pueden asomarse para contribuir o ser testigos del perfeccionamiento de nuestra sociedad, sin temor a espantarse.

Debemos abortar este asesinato sin repugnancia de la profesión periodística. Purgarla o, en el mejor de los casos, volver sobre los conceptos generales y básicos en el tratamiento de la información, para que los que ejerzan este oficio comprendan que su injerencia en la discusión pública, constituye uno de los pilares en la construcción y desarrollo de la condición social de la Nación.

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<> Este artículo se publicó el 15 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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El país portátil

La opinión de…

 

Federico Meléndez V.

Si en algo el señor Martinelli tiene razón es en haber reconocido que su gobierno está conformado por locos; hasta uno de sus más sobrios asesores, Jimmy Papadimitriu, ha sido contagiado con ese virus que se pasea rampante por todo el tejido de la actual administración.

Para validar su condición de gran estratega y exhibir de manera deliberada que después de RM él es el que decide lo que debe hacerse, arremete contra la prensa y por último expresa a voz en cuello “yo tumbé la licitación”, refiriéndose a la empresa que iba a fungir como administrador financiero del llamado sistema del Metro Bus.

¿Qué hay detrás de estas bravuconanadas?

Muchas cosas; pero lo peligroso de estas acciones y que evidentemente escapan de los cálculos del nuevo Rasputín de la Presidencia, es que expresarse de esa forma da pie a que el resto de la clase política, sociedad civil y medios de comunicación construyan sus propias suspicacias, mismas que por lo general no son favorables a la actual administración que en la fase pre electoral hizo mucho énfasis en la transparencia en los manejos de la cosa pública.

Incluso el propio señor Martinelli cuando tiene la oportunidad se jacta en decir que en su gobierno no hay espacios para la corrupción. ¿Cómo se explica entonces que el poder de un asesor llegue a puntos que no son de su área de competencia, como el tumbar una licitación donde empresas de reconocida reputación de Europa demostraron técnica y financieramente que con montos inferiores a lo planteado por otras con menos experiencia, podían solventar las llamadas tarjetas de prepago?

¿Cómo se explica la concesión minera dada a un amigo cercano de RM por 25 años para extraer recursos no metálicos en la provincia de Colón y en escenarios del área oeste de la provincia de Panamá?

Respetados lectores, la lista de irregularidades es kilométrica, pero estos dos ejemplos bastan para reflexionar de dónde emergen no solo las metidas de pata, sino también las metidas de mano;   ¿tienen acaso los periodistas y medios de comunicación la culpa?

El momento es pertinente para que tanto los miembros del Colegio de Periodistas como el Sindicato actúen en sana armonía y no se dejen amedrentar por las amenazas de un vocero que ha estimulado y lastimado la libertad de expresión y avalado un estado de indefensión en la justicia panameña.

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<> Este artículo se publicó el 15  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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