La CSS no debe hacer aumentos selectivos

La opinión del Abogado…

Lisímaco Jacinto López y López

Les están regalando 100 dólares a 90 mil panameños que nunca cotizaron en la Caja de Seguro Social (CSS), lo que suma más de 90 millones de dólares por año. Eso es paternalismo demagógico, porque la ley obliga a todos los panameños a cotizar en la Caja de Seguro Social.

Todos tenemos derecho a un aumento de salario, porque el alto costo de la vida altera proporcionalmente nuestros niveles de vida en sociedad.

Desde hace aproximadamente 10 años, los aumentos salariales solo se hacen para los que han cotizado hasta 500 dólares. Si solo se sigue contemplando a ese grupo, se actúa injustamente con quienes solamente hemos recibido aumento de las cuotas para pensionarnos y un aumento de impuestos directos e indirectos (7%).

Se dice que la administración de la CSS solo contemplará aumentar las pensiones mínimas. Esa acción viola la propia Ley Orgánica de la entidad, porque siendo sus directivos servidores públicos, estos “servidores públicos solo pueden hacer lo que la ley expresamente les ordena”.

El dinero consignado en la Caja de Seguro Social es de los que cotizamos, no del Gobierno para cumplir sus promesas electorales.

La ley ordena pagar pensiones en razón de la proporcionalidad a la cotización aportada, no respondiendo a criterios demagógico-paternalistas. La ley no le permite a la Caja de Seguro Social actuar selectivamente, es decir, para unos sí y para otros no.   Esa no es su función.

Quienes tenemos pensiones altas, pagamos altas cuotas para mantener nuestro nivel de vida familiar, pero nos lo están reduciendo con el descontrol de la economía, y como ejemplo vemos que la planilla estatal registró un gasto total de $176.4 millones en incremento. Esa planilla aumentó en 5 mil funcionarios, quienes en promedio ganan $3 mil mensuales.

A los que más cotizamos, nos cuesta más la vivienda, la comida, los servicios básicos, las medicinas, el transporte, comunicarnos, y la recreación.   Todo nos cuesta más y nuestro único ingreso es la pensión.

Si la CSS no tiene el dinero para cubrir un aumento en todas las pensiones, porque se descapitaliza, entonces ese dinero lo tendrá que aportar el Gobierno, del presupuesto nacional, para todos los pensionados, basado en una ley especial que así lo ordene, como lo ha hecho con “100 para los 70” y la Policía.

Si hay $176 millones para 5 mil nuevos empleados, ¿por qué no hay $90 millones para todos los pensionados?

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<> Este artículo se publicó el 14  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La intolerancia como práctica del poder

La opinión del Profesor Titular de Psicología Clínica y miembro de la Asociación Panameña de Psicólogos……

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Jorge I. Cisneros 

“Pensar ya no es otra cosa que estar cada instante pendiente de si puede pensar.” T. Adorno.

La Universidad de Panamá cumplió el 7 de octubre setenta y cinco años de fundación, fue construida a pulso por las inteligencias de Octavio Méndez Pereira, Harmodio Arias Madrid y panameños que supieron avistar el futuro y valorar la trascendencia que la educación superior tendría para el futuro de la República.

Hoy el esfuerzo que significó la fundación de la misma ha redituado con creces las expectativas iniciales, la plataforma científica, administrativa, educativa, de salud y las redes de comunicación viales han encontrado los profesionales competentes que esta casa de estudios ha sabido proveer.

Este año esperábamos que la fecha sirviese para hacer un balance de los logros y las carencias que habría que enfrentar en este universo complejo del saber y la búsqueda de la verdad. No obstante las energías fundamentales de sectores universitarios están orientadas hacia el quehacer político, específicamente hacia la continuidad en el poder. La sociedad desconoce la urgencia de mantener en el poder a quienes lo detentan ya casi tres lustros.

Adverso la continuidad que esta vez se presenta con intenciones ilimitadas. Sobre todo porque se contraria el espíritu que animó la legislación que hoy rige la institución y porque en reiteradas ocasiones, quien hoy lidera esta propuesta hizo explícita su renuencia hacia la reelección, por ello cuestionó acremente al Dr. Abdiel Adames y porque en debates pasados expresó que no volvería a recurrir a la figura reeleccionista. Pero sobre todo cuestiono el intento de permanencia indefinida porque percibo que la Universidad de Panamá, está perdiendo su esencia fundamental de libertad y somos rehenes de quienes actúan cuestionando y sancionando a quienes objetan sus métodos.

Decíamos hace un par de semanas, que cada rector ha tenido retos y tareas para perfeccionar la calidad de la vida académica de la Universidad de Panamá, y señalaba que al Dr. Ceferino Sánchez le cupo la responsabilidad de diseñar y desarrollar el Estatuto que devolviese la democracia interna de la Universidad, el Dr. Adames, intentó, en un clima de adversidades, elevar la capacidad científica e investigativa y que entendíamos que las tareas del rector que debe ser elegido en el año dos mil once, eran dos, la primera la devolución de la confianza de la sociedad en su institución superior heráldica y la segunda restituir el clima de debate, discusión y disensión en todos los ámbitos.

Hoy la capacidad crítica es inexistente, los gremios docentes y de trabajadores, son parte del proyecto de la administración y el movimiento estudiantil, salvo honrosas excepciones, esta enmarañado en la red de privilegios que nulifican su capacidad contestataria.

Este año, el año de las Bodas de Diamante, dentro del conjunto de actividades que la Administración planificó se organizó un Premio de Ensayo, para la monografía que se acreditase triunfadora. Los trabajos de los concursantes debieron ser presentados con seudónimo, el Autor del Ensayo triunfador, recibiría siete mil balboas, un certificado y un acto público de reconocimiento. El tema “Universidad de Panamá. Antecedentes y perspectivas.”

El jurado que premió la obra estuvo integrado por el Dr. Miguel Ángel Candanedo, Secretario General de la Universidad; el escritor y poeta Pedro Rivera, el Dr. Alfredo Figueroa Navarro, sociólogo, catedrático e intelectual de créditos incuestionables.

La obra seleccionada fue escrita por mí y a la fecha la Universidad de Panamá, no ha divulgado en ningún medio, el fallo del concurso, y menos mi nombre. El Pergamino que me fue entregado en un acto discreto, a las cinco de la tarde, fue acompañado con una tarjeta de invitación donde la Universidad en forma anónima invita a la entrega del premio. En la tarjeta no aparece mi nombre. Dicho certificado no fue firmado por el Rector, sino por el vicerrector académico. La tarjeta que me envió la Vicerrectora de Extensión presidenta del Comité Organizador, me da una hora equivocada para el acto de entrega y en ningún momento ninguna autoridad, salvo la llamada telefónica que recibí del Secretario General, como jurado, informándome el haber sido el autor premiado y la nota del Comité Organizador, con datos erróneos. El Concurso de Ensayo en honor a las Bodas de Diamante no existió.

El mundo presente y el mundo futuro debe ser un universo de respeto a la diversidad y a la discrepancia y es lamentable, por decir los menos, que quienes quieren perpetuarse en el poder crean que los libros se pueden esconder, el próximo paso será quemarlos.

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<>Artículo publicado el  14  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Mismo auto por la misma vía

La opinión del Empresario….


JOHN A. BENNETT N.
jbennett@cwpanama.net

La falta de autoridad de la ATTT en las vías es patente, y no hace falta sino remitirnos a lo que vivimos todos los días en las calles, en donde el juegavivo es la norma y no la excepción.   En días pasados las filas de los dos paños viales en el Corredor Norte estaban estancadas, menos la del hombro por donde circulaban a gran velocidad autos y diablos rojos. Pero a esa hora los agentes de tránsito están escondidos o parados como estatuas en algún sitio que todos conocen.

La etimología de término ‘autoridad’ viene de autor y se refiere a quien tiene el poder o autoridad moral de mandar o actuar, ordenar o hacer cumplir, no necesariamente en virtud de un poder políticamente otorgado, sino en virtud del respeto, opinión, estima y entereza de carácter; que son las cosas que deben caracterizar una verdadera autoridad y no un título que a la luz de la realidad no se sostiene.

¿Qué clase de autoridad es aquella que mantiene límites de velocidad que convierten al 100% de quienes transitan en infractores y fuerzan a los conductores a desobedecerlos, porque de lo contrario pondrían sus vidas en peligro?   Ejemplos sobran, pero algunos son más chocantes que otros, tal como el límite de 25 kph en pleno Corredor Norte.   Esto se repite por casi todas las vías del país, en mayor o menor grado.   Tal parece que el propósito no es el de ordenar el tránsito, sino de servir como ardid para las coimas, pues, es mucho más fácil sentarse frente a las trampas de velocidad que corretear a los verdaderos y peligrosos infractores.

Lo sensato es encuestar la velocidad a la cual conduce el 80% de los vehículos que transitan por una vía, incluyendo los de la propia y supuesta ‘autoridad’, para escoger ese límite; de manera que en adelante el 80% de quienes transitan por allí dejarían de ser infractores.   Ahora sí que los agentes pueden enfocarse en ese 20% de quienes van por encima de un límite razonable.   Lo que señalo tiene un alcance mucho mayor, y es que con esos límites absurdos lo que hacemos es inculcar el irrespeto a las normas.

En síntesis, podría escribir un libro entero de ejemplos de mala administración vial. Nuestra realidad es que tenemos una inmensa deficiencia institucional, que incluye el conflicto entre la ATTT y el DOT de la Policía. Se requiere rediseñar por completo el tema de la administración vial. El metro, semáforos, sobrepasos y tal, son todos buenos, pero serán menos útiles en la medida en que los cimientos sean endebles.

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<> Este artículo se publicó el 14 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.