Entre la libertad de expresión y la calumnia e injuria

La opinión del Periodista…

J. Enrique Cáceres-Arrieta

Mi asesor de tesis de periodismo manifestaba que “los médicos entierran sus errores, pero los periodistas publicamos los nuestros”. Dificulto que todo error médico sea causal de muerte. Mas, es indiscutible que el periodista publica sus meteduras de pata, y el efecto inmediato suele ser denuncias por calumnia e injuria del afectado y la mofa de la competencia.

Ha habido innumerables casos en los cuales el periodista y el medio han tenido que disculparse por el manejo irresponsable de la información. No vivimos de rumores, creencias o suposiciones, sino de hechos reales, y es un irresponsable quien se adelanta a los hechos por “tener” la primicia.

A periodistas y medios nos perjudican en demasía las meteduras de pata porque erosionan nuestra confiabilidad. Y la negligencia en la utilización de la información ha provocado la pérdida de credibilidad de la prensa. La credibilidad construida a lo largo de toda la vida puede colapsar en cuestión de segundos y nunca reconstruirse.

El periodista debe ser autocrítico. Investigador en pos de la verdad para transmitirla sin limitarse a una fuente, por muy “garganta profunda” que parezca. Deberá escudriñar otras fuentes, dependiendo de la gravedad de lo descubierto. No hacerlo es irresponsable porque la prensa es el cuarto poder en el engranaje socio-político y económico de un país, y el daño causado por noticias falsas, inexactas o manipuladas jamás es completamente subsanado.

En la libertad de expresión subyace la responsabilidad que protege tal libertad. Esto es, la responsabilidad es una precondición de la libertad. El periodista responsable no tiene por qué preocuparse por demandas o réplicas serias. Por otra parte, el derecho de la reserva de la fuente es para proteger fuentes fidedignas, no para encubrir calumniadores y demagogos. Tal prerrogativa no disculpa informaciones irresponsables ni exime al periodista de constatar los hechos.

Nadie tiene derecho a calumniar e injuriar. Quien lo haga y se demuestre (muchas veces no se evidencia y se viola el principio de presunción de inocencia del periodista) que lo hizo, debe atenerse a consecuencias legales. No se puede jugar con la honra de las personas y salir inmune.

“El periodismo es el oficio más bello del mundo”, afirma García Márquez. Pero debe estar sujeto a leyes no para amordazarlo, sino para que haya una atmósfera de respeto a la dignidad de las personas y a la verdad periodística. La sabia ley de prensa no censura al periodista, sino que le garantiza el ejercicio de la profesión y salvaguarda a terceros de irresponsables escondidos detrás del periodismo para calumniar e injuriar, e incluso para lucrar al vender su conciencia y su pluma.

A ello se debe que la ética periodística lleve al medio y al periodista a tomar conciencia del poder de la página impresa, la pluma y la palabra. Como toda profesión, el periodismo se rige por ética, respeto y amor al prójimo, aunque ciertos prójimos se porten mal con los dineros del pueblo y/o el poder. El que no la debe no la teme, mas buena parte de los políticos teme porque la deben. De ahí su afán por crear leyes mordaza.

¿Te has preguntado la razón del aborrecimiento de los dictadores o pichones de dictadores a la prensa libre? Al sentirse acorralados por la crítica inteligente (constructiva) solo atinan acabar con el periodista o cerrar el medio. Por ello el interés de silenciar o comprar conciencias. Si no se venden, serán blanco de persecuciones e historietas gubernamentales. Recuérdese, el primer fruto agusanado del dictador de derecha o de izquierda es la intolerancia a las críticas. En Panamá, los tiempos de calumnia e injuria quedaron atrás con los terroristas de la pluma y del verbo de la dictadura militar.

No obstante, me preocupa la comunicación sensacionalista y utilitaria vestida de sangre, novelas, chistes y programas propios de cantinas, violencia, excesos religiosos y superchería astrológica en televisión. Asimismo la prensa amarillista, crónica roja y pornografía. Me inquietan programas de opinión donde panelistas se irrespetan y casi se lían a bofetadas. Me alarma el estilo brusco, desafiante e irrespetuoso del intolerante con las creencias religiosas del prójimo. Al ejercer su derecho de expresarse, el crítico conculca derechos ajenos, cayendo en intolerancia y dogmatismo criticados. La razón para comunicar su verdad le nubla el entendimiento. Para las gentes, sus creencias son sagradas. Más las religiosas. Para denunciar fanatismos hay maneras y maneras. Insensato es arrojar piedras al avispero y no esperar picaduras.

Ahora bien, el periodismo está entre las profesiones más sacrificadas y mal remuneradas. Un apóstol del periodismo es digno de respeto y admiración. ¿Qué otro profesional arriesga como el periodista? Pocos. El periodista compromete su vida, familia, carrera, buen nombre y credibilidad. Cada año periodistas y comunicadores son asesinados, perseguidos, expatriados, y la mayor parte de los casos queda impune, para complacencia de los enemigos de la libertad de expresión.

¿Nace o se hace uno periodista? El periodista no solo se hace sino que además nace. Si no hay vocación, si no corre por mis venas amor y respeto a la verdad y a la ética periodística, mejor es que cambie de profesión.

*

<> Este artículo se publicó el 13  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/caceres-arrieta-j-enrique/

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