‘Pro Mundi Beneficio’

La opinión del Empresario…

Arturo D. Melo S.

Lo dice nuestro escudo.  ¿Y para los panameños, qué? Pareciera que en letras invisibles dijera: “que se jo…”. Somos una especie en vías de extinción.   Ya hemos perdido el 56% de nuestro hábitat ante el avance de las zonas protegidas y las comarcas indígenas. Y el 44% del territorio que todavía nos quedan para vivir las generaciones presentes, cada vez es más “Pro Mundi Beneficio”.

Pareciera que la famosa poesía de Amelia Denis de Icaza, Al Cerro Ancón pudiéramos parafrasearla con el nombre de “A Panamá”. “Ya no guardas las huellas de mis pasos, ya no eres mía, idolatrada Panamá”. Ya ni la cerveza, que un día el inolvidable Mayor Alemán llamó “pan líquido panameño”, es fabricada por panameños.

Todavía se usan los nombres “Atlas y Balboa”, aunque cada día aparecen más marcas extranjeras; pero los dueños de las plantas ya no son panameños. Y se nota la diferencia: aquellos elegantes “jardines de cerveza”, al estilo alemán tropicalizado y ubicados a las faldas del “idolatrado Ancón”, el rancho, el Balboa y el Atlas, ya no existen. Ahora la cerveza se vende en las llamadas “parrilladas” o “jorones”, donde se incuban los vicios, y su consumo es masivamente promovido para maximizar utilidades, que salen del país para engrosar las arcas de sus propietarios en otras partes del mundo.

Ya el “Banco del Istmo” no es del Istmo, sino del Hong Kong and Shanghai Banking Corporation (HSBC). Todavía Panamá participa minoritariamente en los teléfonos de Cable & Wireless, pero no en Movistar ni en Digicel ni en Claro.Com. Antes teníamos a nuestro Intel. También teníamos a nuestro Irhe. Ahora todavía nos queda la empresa transmisora de electricidad, pero ya no somos dueños de las distribuidoras, que ahora son Electra Noreste y Unión Fenosa, ni tampoco somos dueños de la mayoría de las generadoras. Nuestros principales puertos: Balboa, Cristóbal, Manzanillo, Evergreen y Rodman son ahora muy eficientes, pero no son operados por panameños.

Ni las principales avenidas son ya nuestras: el Corredor Sur es de ICA y el Corredor Norte es de Pycsa, empresas mexicanas, que en la única forma que se puedan llevar sus inversiones es si les compramos los corredores, en vez de regularlos para el beneficio de esa especie en vías de extinción, los panameños. También la Coca-Cola es ahora propiedad de mexicanos, la misma empresa extranjera que está en vías de comprar la mayor parte de la distribución de leche en el país. Será un poco empalagoso comer Corn Flakes hecho en Guatemala, con Coca Cola mexicana.

Recuerdo cuando, siendo niño, compré orgullosamente con mis “ahorros” de regalos de cumpleaños unas cuantas acciones de “Cemento Panamá”. Ya Cemento Panamá no es panameño. Tampoco lo es ese otro cemento que todavía lleva el nombre de nuestro héroe, “Bayano”, en vez de “Cuauhtemoc”, héroe de los mexicanos, dueños ahora de Cemento Bayano. Ya no se fabrican con mano de obra panameña el aceite y los detergentes “Urracá”, ni los productos Kraft. Los embutidos Blue Ribbon y Berard ya tampoco son panameños, sino colombianos. Ya tampoco hay Pan Ideal o La Favorita. Ahora el pan es Bimbo, de México.

Y no hablemos de nuestras playas e islas, parte de ese 44% del territorio que todavía nos queda para vivir las generaciones presentes, que cada día pasan más a manos extranjeras y son menos accesibles a los panameños. Ni tampoco hablemos de la Zona Libre de Colón. Ni de las otras muchas actividades económicas que se escapan a estas líneas.

Pero sí debemos meditar sobre las razones por las cuales estamos perdiendo a nuestra “idolatrada Panamá”. Tal vez la principal de ella sea la falla de nuestro sistema educativo. Hace 30 años se rechazó la propuesta “Reforma Educativa” y desde entonces no se ha considerado otra. Necesitamos una verdadera “Revolución Educativa” si queremos preservar nuestra nación y progresar. Es inexplicable que nuestros estudiantes se gradúen de secundaria y, después de 12 años de estudiar inglés, no dominen este idioma, tan importante en el mundo moderno. En nuestro presupuesto se incluyen partidas significativas para la construcción de calles y carreteras, hospitales, cárceles y muchas otras obras importantes, pero, para escuelas, las partidas son mucho menores. Y nuestros educadores hablan de partidos políticos y de aumentos salariales, pero no de enseñar.

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<> Este artículo se publicó el 13  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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