Jugando a la unidad

La opinión de…

Mario Velásquez Chizmar

Enorme responsabilidad histórica tienen quienes, con amor patrio y prístina sinceridad nacional, pretenden conquistar la prosperidad general y el crecimiento sostenible, en el contexto del aumento de la productividad en un viaje sin retorno que enfila nuestra competitividad más hacia dentro del actual orden económico mundial.

Compromiso que va casado con la obligación de alimentar una infraestructura político–jurídica, que en lo esencial resista la influencia de cualquier personalidad, débil o fuerte, o de corrientes ideológicas u oportunistas, para quienes la vida del país solo dura cinco años. Coronada nuestra soberanía, el bienestar generalizado y el funeral de la pobreza, deben constituir las ya impostergables metas de los políticos. Digna del tercer mundo, la reinante prevalencia del presidencialismo como cabeza de la democracia panameña, impone extremo cuidado en la elección del personaje que llevará sobre sus hombros tamaña responsabilidad.

No precisamente el peso de esta magna responsabilidad fue lo que guió al electorado en mayo de 2009. Ahí se impuso una muy fina publicidad engañosa, confirmada por 16 meses de contradictoria y convulsionada gestión. Una cosa es el volumen del trabajo y otra hacer un buen gobierno, para garantizar instituciones panameñas eternas e irreversible la prosperidad de todos los habitantes del istmo. Conscientes del progresivo deterioro social, económico y jurídico que enfrentamos a diario los que aquí vivimos, 2014 adquiere relevancia excepcional. Ofrecerle al electorado lo mismo de siempre, aquello que lo impulsó a dejarse seducir por los publicistas, es ahora para él una ya consabida burla y un burdo fraude premeditado, que al proponente esta vez lo conducirá a saborear la derrota.

Sobrada razón para evitar enviar mensajes equivocados y mantener vivo el parásito del divisionismo. Cuando hay que hacer reuniones públicas de “precandidatos” con el objetivo de mostrar el interés común por la unidad, es probable que, ante un presidente que todavía goza de mucha popularidad, el mensaje enviado sea el opuesto, es decir, que al interior de la única opción real contra el engaño, el fraude y la mentira, leáse el PRD, lo que existe son distintas corrientes esperando el silbato de partida para sacarse los ojos.

El trabajo por la unidad solo es efectivo cuando se dirige a los miembros del colectivo respectivo. Cuando respeta estructuras operativas vigentes y atrae militantes a tareas del partido. Quien dirija su trabajo al saneamiento interno, a formación política, a disciplina partidaria, a revivir sus estructuras operativas y a fortalecer la capacidad de sus órganos de funcionamiento y de sus militantes, ganará mucho más que aquellos que apuntan llevarse la victoria presionando desde fuera.

Es legítimo poseer aspiraciones personales y coronarlas partidariamente, pero es irresponsable sobreponerlas al partido. Es un delito histórico proporcionarles a las corrientes políticas hoy en el poder, la herramienta fundamental para seguir gobernando. ¿Cuál es esa herramienta? Un PRD débil, fraccionado y exhausto por las luchas intestinas. La tarea colectiva es demostrarle a esta sociedad que la democracia interna permitió la entrada de dirigentes apropiados para los rigurosos nuevos tiempos. La unidad no es un juego.

 

*

<> Este artículo se publicó el 10  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/velasquez-chizmar-mario/

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