Nuestro Comité Olímpico

La opinión de…

Desmond Harrington Shelton

Días atrás me enteré de la suspensión temporal de Panamá como sede de un evento deportivo, gracias a unos conflictivos dirigentes de los que jamás he escuchado que se hayan desempeñado como atletas o algo parecido (ojo, rayuela no cuenta).

Todo individuo que seriamente participa en algún deporte a nivel competitivo sabe muy bien, por experiencia propia, que “Victoria” te es infiel si tu vocación a ella se desmejora. Más aun, sabes que “Gloria” y sus laureles, con que te colmarán en caso de triunfar, son perecederos y que pasarás el resto de tu vida mirando atrás, recordando esos contados alegres momentos que nadie te los podrá arrebatar, ya que son solo tuyos. Sin embargo, regresas al ruedo, una y otra vez, porque son contadas las actividades en esta vida –contrario a las que realmente importan– que en tan corto plazo ves sus frutos y te dan tan alucinante satisfacción (aunque transitoria).

Por esto es que a quienes hemos sido atletas no nos interesa participar en directivas deportivas, porque estas giran en dirección contraria a la excelencia.

Es un círculo vicioso en el que las altas plazas vacantes son eventualmente ocupadas cuasi monárquicamente (como en la UP), por dirigentes cuyos infundados egos y tacto nos meten a todos los panameños en vergüenzas, tal como la que estamos actualmente experimentando ante el mundo deportivo, privando a nuestros atletas de finalmente competir en casa.

Aunado a esto, muchos recordamos cuando en Barcelona 1992 a otro dirigente, Melitón Sánchez, entonces presidente del COI–Panamá) lo arrestaron afuera de un coliseo, durante aquellas olimpiadas, por vender boletos de cortesía que había recibido gratuitamente por parte del comité anfitrión.

Por años, mi compañero de lucha grecorromana y hoy difunto diputado, Tomás Gabriel Altamirano (q.e.p.d.), mirábamos con sorpresa cuando competíamos, pero en pesos diferentes por la provincia de Panamá, dentro y fuera de nuestro terruño, cómo el porcentaje de delegados eclipsaba al de atletas. En muchos casos no volvíamos a ver a muchos de estos delegados hasta que nos volvíamos a meter en el avión o bus que nos traería de regreso.

Debido a esta parasitaria costumbre por parte de los dirigentes –que insisten en desviar los escasos recursos dirigidos a los atletas para su beneficio propio, poder conocer el mundo y nutrir su evidentemente disfuncional ego– me uno al pedido del pentacampeón Roberto Durán quien pidió la renuncia de la alta dirigencia del COI local, por el bien del país que ellos graznan querer.

*

<> Este artículo se publicó el   9  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/harrington-s-desmond/
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