‘Halloween’, independencia y soldaditos

 

La opinión del Médico

 

Daniel R. Pichel

Todos los años se repite la misma historia. Cuando se acerca noviembre, entramos en las mismas discusiones absurdas al margen de nuestros verdaderos problemas…

Lo primero es la eterna polémica sobre el Halloween y las fiestas patrias.   Yo creía haber oído todo sobre este tema, hasta que me desayuné con la brillante idea de que el Ministerio de Educación pretendía prohibir la celebración de la “noche de brujas” porque no es una fiesta propia de los panameños.    Francamente, me parece un argumento ajeno a toda lógica.   Ante la presión natural que producen las comunicaciones masivas y la globalización cultural y comercial, hoy todas las fiestas son propias de todo el mundo.

Además, desde que la especie humana existe, hay una natural tendencia a seguir aquello que genera diversión, a lo cual los panameños siempre hemos sido particularmente propensos.   Lo interesante, son los argumentos que esgrimen los “anti-brujas” considerando pecaminoso celebrar “fiestas paganas”.    Esta “paganofobia” me parece ridícula cuando en realidad, gran parte de las fechas de importancia religiosa son adaptaciones de celebraciones que nada tenían que ver con creencias y deidades.

Cuando uno comienza a atar cabos alrededor de estas medidas, es difícil que no levante suspicacias la afinidad de las autoridades educativas con el Opus Dei que pretende hacernos vivir a todos bajo los parámetros medievales que defienden el Vaticano y sus secuaces.    Honestamente, si dejaran de prohibir las calaveras, calabazas y vampiros y se dedicarán a propiciar una adecuada educación en salud sexual y reproductiva, harían bastante más por la sociedad en su conjunto.

Después, vuelven las curiosas manifestaciones de “amor a la patria” a que nos someten durante estas fechas.    Que conste, no encuentro nada malo en que se celebre nuestra historia, ni que todos participemos de una u otra forma en esa celebración.    Sin embargo, me da la impresión de que cada vez se olvida más el significado del evento que se celebra, frente a los absurdos de que somos testigos año tras año.

El 3 de noviembre, me dejó patidifuso el “despliegue de fuerza de choque” que trataron de demostrar los “estamentos de seguridad del Estado”.    La fotografía de unos soldados portando bazookas, cañones y armas de grueso calibre como parte de nuestro “servicio de protección de fronteras” me ocasionó un aterrador deja vú de aquellos años donde nos gobernaban desde los cuarteles.

Es difícil para los que vivimos aquella época, no recordar cómo se dilapidaron millones y millones de dólares armando a un ejército que “nos defendería de cualquier agresión” y que terminó siendo un simple escudo de pacotilla que solo servía para reprimir a civiles comunes y corrientes.   Todos recordamos cómo, el día que llegó el momento de los balazos de verdad, gran parte de aquellos “soldados de la patria”, que desfilaban en ropa de camuflaje, tanquetas, helicópteros y armas de guerra, salieron huyendo despavoridos como gallinitas en ropa interior, para no ser identificados.

Luego, los colegios siguen haciendo un despliegue absurdo de imágenes pseudomilitares que no tiene ningún sentido en un país donde, por orden constitucional, no hay ejército.   Y encima, al son de las marchas de aquella época.   Por momentos, desfiles que debían ser sencillos y con gran fervor patriótico, parecen más aquellas demostraciones de poder nuclear que se organizaban en la Plaza Roja de Moscú, durante la guerra fría.

Creo que, lo ideal, sería que durante el mes de noviembre se presentaran actividades académicas y culturales enmarcadas en la celebración de nuestras fiestas patrias. Concursos de redacción, pintura, oratoria, declamación y fotografía, pudieran encajar perfectamente en el marco del “mes de la patria”, con mucho más sentido que estos desfiles absurdos llenos de galones, charreteras, sables y fusiles.

Tampoco pidamos mucho en un país en el que se presenta un reality show llamado Mi Talento y donde creí se presentarían cantantes, artesanos y músicos, resultó ser un espectáculo en el que uno de los competidores demostraba cómo era capaz de comerse una navaja de afeitar mientras otro metía un gusano por una fosa nasal y lo sacaba por la otra. Ante estas manifestaciones de “talento”, tampoco podemos pretender que eliminemos las charreteras y los “pasos de ganso” de nuestro homenaje a la patria.

<> Este artículo se publicó el 7  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/pichel-daniel-r/

 

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