Panamá ha vuelto a la Edad Media

La opinión de…

Roberto Quintero

Octubre fue un verdadero mes de brujas. ¿Será posible que en pleno siglo XXI en Panamá sigamos discutiendo si se debe o no festejar Halloween, como si fuese urgente no dejar la decisión al libre albedrío, criterio y costumbres de cada panameño? Peor aún cuando se saltan la discusión y aparece un diputado que exige a la ministra de Educación un decreto para prohibir “los disfraces diabólicos” en los colegios en alusión a la fiesta de la calabaza.

Como si con prohibiciones y censuras pudiesen cambiar los códigos de valores, la pluralidad de opiniones y costumbres de tres millones de personas.

Lo que me asusta, y lo digo genuinamente, es que cuando se den cuenta de que las leyes no son efectivas para controlar el Halloween o cualquier costumbre que no aprueben, buscarán la forma de meternos presos o eliminarnos. Porque entre católicos y cristianos están instaurando en Panamá una dictadura fundamentalista religiosa, bajo el silencio de la gente pensante y la celebración triste y ruin de aquellos que no duermen de solo saber que existen otros que no pensamos como ellos ni vivimos bajo su moral.

Yo ya estoy un poco harto de este Estado que cree que tiene potestad para decirme si puedo o no disfrazarme de bruja o pintarme el pelo, y salir así a la calle a pedir pastillas con mi familia y amigos, y luego ir a bailar, como si yo no fuese ya mayor de edad y responsable de mis actos. ¿Acaso sospechan que los panameños somos una manada de ovejas a las que hay que decirles por donde andar?   O lo que es peor, ¿una sociedad tonta que por sí misma no puede decidir lo que le conviene?

Es tan grave este tema del Halloween en Panamá, que hasta intentaron, o lo lograron no sé, crear una Ley Anti Halloween. So pretexto de que es “pecado”, claro, y de que hay que exaltar las fiestas patrias.   ¿No hay otra forma de estimular el desarrollo de la identidad panameña y promover la discusión en torno a quiénes somos y cuál es el país que queremos construir?  Porque eso sí que es vital y urgente hacerlo. ¿Pero una ley contra los disfraces diabólicos? Es que parece un chiste.   ¡Con la cantidad de problemas reales que tenemos!

No quiero dejar de comentar que los organizadores de la Caminata Zombie 2010 en San Felipe, días antes de obtener los permisos, fueron amenazados por autoridades del área y la policía,  con que irían presos ellos y todos los que se aparecieran disfrazados.   Presos, sí, porque parece que es lo mismo disfrazarse de muerto viviente que ser asesino.   Es inaudito y reprobable. Pensar que usan mis impuestos para amedrentarnos y atentar contra las libertades que nos otorga la Constitución. Y sí, a mí también me parece ridículo defender el derecho a que los panameños se disfracen. Pero jamás renunciaré a mi derecho a ser ridículo y a caer en la tentación.

<> Este artículo se publicó el 2  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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