Retorno al antiguo paganismo

La opinión de…

Marcelino González T.

En estas fechas se celebra con bastante expectación una fiesta dirigida a niños, jóvenes y adultos. En las tiendas y almacenes de nuestra ciudad vemos las promociones que se hacen para la adquisición de atuendos y trajes diseñados para la ocasión. “¡Celebramos Halloween!”. Y ¿qué tiene de malo? ¡Mucho…! porque todo esto no es sino maldad disfrazada de inocencia.

Halloween significa all hallow’s eve, palabra que proviene del inglés antiguo, y que significa “víspera de todos los santos”, se refiere a la noche del 31 de octubre, víspera de la Fiesta de Todos los Santos.   Sin embargo, la antigua costumbre anglosajona le ha robado su estricto sentido religioso para celebrar en su lugar la noche del terror, de las brujas y los fantasmas. Halloween marca un triste retorno al antiguo paganismo, tendencia que se ha propagado también en nuestro país.

Vivimos con una cultura de consumo que propicia y aprovecha las oportunidades para hacer negocios, sin importar cómo. Hollywood ha contribuido a la difusión del Halloween con una serie de películas en las cuales la violencia gráfica y los asesinatos crean en el espectador un estado morboso de angustia y ansiedad. Estas películas son vistas por adultos y niños, creando en estos últimos miedos y una idea errónea de la realidad. El Halloween hoy es un negocio. Máscaras, disfraces, dulces, maquillaje y demás artículos son un motor más que suficiente para que algunos empresarios fomenten el consumo del terror.

Ante todos estos elementos que componen hoy el Halloween, vale la pena reflexionar y hacerse las siguientes preguntas: ¿Con tal que se diviertan, podemos aceptar que los niños al visitar las casas de los vecinos, exijan dulces a cambio de no hacerles un daño?    ¿Qué experiencia moral queda en el niño que para “divertirse” ha usado disfraces de diablos, brujas, muertos, vampiros y demás personajes relacionados principalmente con el mal y el ocultismo, sobre todo cuando la televisión y el cine identifican estos disfraces con personajes contrarios a la sana moral y a los valores?   Con los disfraces y la identificación que existe con los personajes del cine; ¿no estamos promoviendo en la conciencia de los pequeños que el mal y el demonio son solo fantasías, un mundo irreal que nada tiene que ver con nuestras vidas y que por lo tanto no nos afectan?

Es que nosotros, como mensajeros de la paz, el amor, la justicia, portadores de la luz para el mundo ¿podemos identificarnos con una actividad en donde todos sus elementos hablan de temor, injusticia, miedo y oscuridad?

Si somos sinceros con nosotros mismos y buscamos ser fieles a los verdaderos valores, llegaremos a la conclusión de que el Halloween no tiene nada que ver con nuestro recuerdo cristiano de los Fieles Difuntos, y que todas sus connotaciones son nocivas y contrarias a los principios elementales de la fe.   Los padres son los responsables de los hábitos positivos o negativos que nuestros hijos adopten.   Estos se les inculcan por la repetición de principios a los que se van habituando en sus vidas. Lo que hoy sembramos mañana recogeremos.

<> Este artículo se publicó el 30  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en:  https://panaletras.wordpress.com/category/gonzalez-t-marcelino/
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