La ciudad privada

La opinión de…

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Paco  Gómez  Nadal

Tenemos derecho a una ciudad decente. Me refiero a la capital, pero también a las del interior.

David, que en algún momento soñó con ser ejemplar, es ahora una carretera plagada de centros comerciales y comercios descentrados mientras sus calles históricas agonizan de olvido; Santiago es una valla publicitaria con problemas de basura, de ordenamiento urbano y de integración territorial;   Changuinola está buscando desesperadamente su primer parque público, pero no lo encuentra;    Yaviza se alegra por el pavimento que la conecta al mundo pero se aburre por la falta de infraestructuras públicas…

¿Y ciudad de Panamá? Una gran oportunidad perdida. Mientras los politiqueros se la pasan peleando por pequeñas cuotas de poder y el mega-alcalde pierde su día tratando de mantener el sillón,   la ciudad se va perdiendo al vaivén de lo que los constructores deciden, sin un mínimo de planificación,   sin una idea del entorno urbano que queremos y que, al final, se refiere al tipo de vida que anhelamos.

Los múltiples consultores de la Alcaldía parecen no tener ni idea de la gestión urbana y el Gobierno central solo es una piedra en el camino hacia una administración capitalina descentralizada, profesional y plural.

Los espacios públicos cada día son menos, y sustituimos la Central peatonal o el Parque Urracá por centros comerciales y torres gigantes que borran la vista y cortan el aire.   La cinta costera, que fue vendida como un espacio público novedoso,   sigue sin gestión y sin propuestas (y sin baños).   Camino mínimo rodeado de carros.

Los proyectos que nos anuncian potencian todo el tiempo el vehículo privado. Se supone que cuando una ciudad invierte en transporte público debería desincentivar el privado para generar entornos más amables. Sin embargo, con el esquema anunciado por el Gobierno central, lo que se hace es construir más calles para los carros y un par de alivios para que los pobres (expulsados de la ciudad día a día) puedan llegar a trabajar a tiempo.

El debate sobre la basura no es sobre cómo se gestiona o sobre un modelo efectivo de separación y gestión de residuos, ya que apenas estamos tratando de quitar la fétida fachada de la capital.

Los ciudadanos, por tanto, se acumulan en tres estratos. Los privilegiados que están tomando la franja costera de la ciudad, que se está recuperando para solaz de los que más tienen pero pagándolo con los impuestos de todos los ciudadanos.   Una franja céntrica ocupada por las clases medias arrinconadas, que sobreviven en el marasmo de San Francisco, El Dorado o Patacón.   Y el estrato más bajo ha debido migrar a Panamá Este y Panamá Oeste, cada día más lejos, cada día en entornos más hostiles. Los pocos bolsones de pobreza que subsistían en plena ciudad están siendo desalojados poco a poco y de forma silenciosa (si a Curundú le ha llegado el turno, los vecinos de El Chorrillo ya pueden estar haciendo las maletas).

No tenemos ciudad, sino calles; no hay espacios públicos, sino comercio. Nos anuncian un año 2011 infernal, con obras en cada esquina y molestias cotidianas.    Si fuera para mejorar, todos aplaudiríamos; pero intuyo que solo ampliaremos el tamaño de Mafiópolis (término acuñado por Julio Manduley, el padre del tan acertado concepto de Mafiocracia) y reduciremos el oxígeno ciudadano.

Cuando se construía la cinta costera, planteé críticas similares y solo los primeros meses tuve que quedarme en silencio por si el invento funcionaba.    El tiempo ha demostrado que lo del espacio público era la máscara para ocultar la falta de concepto y que hoy, igual que antes de la megainfraestructura, el tranque de la tarde es monumental porque los carros privados, aunque queramos pensar otra cosa, no se pueden esconder.

Los problemas de movilidad y de convivencia son tan complejos que ciudades que se mostraban como ejemplo, como Bogotá, vuelven a estar saturadas de tráfico y de problemas ya que construir lo público no sirve de nada si no reducimos lo privado.   Nosotros elegimos: o una Panamá amable e integradora o este zoológico de vidrio y asfalto, caliente y hostil en el que nos desplazamos para ir del refugio del hogar al aire acondicionado del mall.

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<> Este artículo se publicó el 26  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/gomez-nadal-paco/

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