Para detener una ejecución

La opinión de…

Betty Brannan Jaén

WASHINGTON, D.C. –Salvo que un milagro lo detenga, el estado de Arizona ejecutará pasado mañana a Jeffrey Timothy Landrigan.   La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha hecho un intento de última hora por suspender la ejecución, pero hay poca esperanza de que Arizona haga caso.   Estados Unidos, tanto a nivel federal como estatal, se permite el lujo de alegremente incumplir los pronunciamientos de la CIDH.

Increíblemente, Estados Unidos ni siquiera ha firmado la Convención Americana de Derechos Humanos (que Panamá firmó en 1978, en plena dictadura). Por ello, cuando gobiernos atropelladores como Cuba o China acusan que Washington carece de autoridad moral para criticar a otros países sobre el tema de derechos humanos, la triste realidad es que algo de razón tienen.

Landrigan no sería el primero que es ejecutado en Estados Unidos por encima de los esfuerzos de la CIDH. En 2006, Texas ejecutó a Maturino Resendiz, a pesar de que la CIDH había interpuesto una medida cautelar.

En 2008, Texas ejecutó al mexicano José Ernesto Medellín, en desacato a una medida cautelar emitida por la CIDH, que había emitido un informe señalando que el proceso penal contra Medellín no cumplía con estándares mínimos del debido proceso.   También en 2008, Texas ejecutó al hondureño Heliberto Chi Aceituno, irrespetando una medida cautelar de la CIDH.

En junio de este año, el estado de Utah siguió el modelo tejano con la ejecución de David Powell y de Ronnie Lee Gardner, desconociendo las medidas cautelares interpuestas a su favor por la CIDH.

Así llegamos a Landrigan, en Arizona, quien desde 2004 está protegido por una medida cautelar de la CIDH, que pedía tiempo para investigar a fondo las presuntas irregularidades en el proceso penal que lo condenó. Apenas el viernes pasado, la CIDH concluyó esa investigación, dictaminando que los derechos fundamentales de Landrigan se han violado y que ello requiere suspender su ejecución. La CIDH notificó inmediatamente al Departamento de Estado y a la gobernadora Jan Brewer de Arizona; a la hora de escribir esta columna, no se conoce cuál será su respuesta.

Landrigan fue condenado en 1990 por asesinato. Según un comunicado de Amnesty International, los hechos son estos:   Se le asignó como defensor de oficio a un abogado sin experiencia en casos de pena capital, y este hizo una labor pobre como defensor.

Los fiscales ofrecieron una sentencia máxima de 20 años si Landrigan se declaraba culpable, pero este rehusó; un jurado de conciencia lo condenó basado en pruebas circunstanciales. (Pruebas de ADN hechas después tienden a exculparlo).   A la hora de dictarle sentencia, el abogado no presentó evidencia atenuante y la jueza impuso pena de muerte. (Ella dijo después que hubiera dado una sentencia más leve si hubiera conocido los hechos mitigantes, como el que Landrigan sufre de severo daño cerebral).    Se apeló la pena de muerte en base a que el abogado no hizo una labor adecuada de defensa y esa apelación llegó hasta la Corte Suprema de Estados Unidos, que la desestimó.

Mientras tanto, en otro caso, la Corte Suprema falló que las penas de muerte deben ser dictadas por un jurado de conciencia, no por un juez, pero sin exigir que ese requerimiento sea retroactivo. Por ello, a Landrigan se le ha negado una audiencia nueva para que un jurado determine su pena. Para la CIDH, eso constituye una negación grave del debido proceso, puesto que Landrigan fue condenado a muerte por un procedimiento que la Corte Suprema ha declarado inconstitucional.

En los últimos 30 años, 138 condenados a muerte en Estados Unidos han sido absueltos después por pruebas de ADN o pruebas nuevas. ¿Cuántos otros habrán sido ejecutados injustamente? Para mí, ese es el argumento más poderoso en contra de instituir una pena de muerte en Panamá, por más que haya encuestas indicando que 59% de panameños aprueban la medida.

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<> Este artículo se publicó el 24  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en:  https://panaletras.wordpress.com/category/brannan-jaen-betty/

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