Inocencio Galindo: ciudadano y amigo ejemplar

La opinión de…

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Luis H. Moreno Jr.

A la nobleza, a la amistad y al afecto del entrañable Chencho, debo este, su anticipado, último y honroso encargo de darle el postrer adiós a nombre de la legión de sus amigos que hoy, con dolor, nos recogemos ante su partida. Y es que, como sentencia el poeta, cada vez que un hombre muere, algo perdemos dentro de nosotros mismos, porque todos somos parte de la humanidad.   Por eso no debemos preguntar, y menos hoy, por quién doblan las campanas, porque doblan por nosotros mismos, al disminuirnos la ausencia del amigo, en la tristeza de su pérdida irreparable.

Ya no lo disfrutaremos, como antes, en su incomparable bonhomía, en su sabia sencillez y en su ejemplar tesón y rectitud; ya no reiremos con él junto a su buen humor, ni penetraremos en la realidad nacional de la mano de su experiencia sana y orientadora, recogida a su paso seguro y edificante por la Asamblea Nacional, como Diputado y Presidente, por el Gabinete como Ministro de Estado, por la Contraloría General de la República, como su guía, por la Presidencia de bancos prestigiosos y de gremios cívicos y profesionales, pero guardaremos cada uno de sus recuerdos obligantes, y los llevaremos siempre con nosotros como teas inextinguibles de inspiración y compromiso.

Consciente de una prosapia, por generaciones esculpida al cincel de la virtud y del trabajo, hizo honor a ella junto a sus hermanos y familiares, dejando tan vital legado en manos ansiosas de querer honrarlo. Desde mis responsabilidades ocupacionales bancarias, recuerdo imborrables estampas de la mejor antología bancaria de honestidad y responsabilidad, impresas por Chencho y su no menos diligente y emprendedor hermano Juancho, dentro de la incesante actividad de sus múltiples empresas. Y sin jactancia ni ostentación supieron compartir el fruto de sus esfuerzos.

Cómo olvidar las regias veladas de ópera en su acogedora residencia de Contadora, con intermedios finos y deliciosos de la mano de una anfitriona inigualable como Mery; y los cumpleaños celebrados en Isla Grande, donde los atardeceres y manglares encendían de entusiasmo su amor por la naturaleza.

Recuerdo las esperadas y furtivas bolsas de chicharrones, que le llevaba los domingos en fraternal complicidad, y que luego con cariño racionaba la muy leal esperanza.

No todo fue grato y fácil en la vida sencilla de Chencho y Mery.   La mayor prueba de dolor que tan trágicamente arrancó de su regazo al ser querido tan ansiado, la convirtieron su fe, generosidad y su entrega, en desprendimiento, en caridad y amor al prójimo.    Se me ocurre que a esta hora, una vez cumplido su diario rosario, ritual y refrescante, en la inmensidad celestial, Mery pilotea la gran nave espacial de su corazón, con Ricardo y Chencho de copilotos, a caza de estrellas para llevar luz a todos los que, por el llamado del Altísimo, se quedaron sin su acción de pura bondad; y recorrerán el infinito para recoger destellos de sabiduría, a fin de encender, colegiadamente, competencia sana y superior en todos sus colegas empresarios; y llenar de luceros de justas aspiraciones los bolsillos juveniles, sembrar de becas de superación el corazón de tanto talento necesitado de recursos y valores del espíritu y de aquellos llamados a seguir divulgando la palabra de Dios.

En ese vuelo fantástico se encontrarán con viejos y buenos amigos con quienes compartieron ansias y júbilos; amigos a quienes confiaron iniciativas y proyectos y que partieron antes que ellos . Se sentarán a conversar sobre sus esfuerzos y logros, y confiarán en que los fieles a su amistad y a sus principios, seguirán trillando el camino para hacer la paz entre los hombres de buena voluntad.

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<> Este artículo se publicó el 23  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Mas artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/moreno-jr-luis-h/:
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