Campos de concentración panameños

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La opinión de…

Efraín Hallax

“Todo es asunto de percepción.   Las horas se deslizan con la parsimonia de un antiguo ritual, o con la velocidad de un cometa.    Mientras pasan las cosas, nos pasan.   La subjetividad nos impide deslindar un matiz de otro; seduce nuestros sentidos, los transforma; nos induce a la tergiversación.   Sin embargo, creemos siempre dominar la verdad, ser incapaces de equivocarnos. Así somos, pero seguimos en la misma”.   De esta manera nos habla Enrique Jaramillo Levi en su maravilloso libro de poesías, Mirada interior.

Después de ver la obra Bent en el teatro La Quadra, dirigida por Edwin Cedeño, no pude evitar sentir que algo se había descompuesto en mi páncreas.   La trama gira en torno a un campo de exterminio nazi en donde cada grupo “indeseable” tenía un logo en su solapa:   los judíos la estrella de David, los homosexuales un triángulo,   los drogadictos un círculo, etc. Símbolos inspirados por el olor de sus lágrimas.

El desenlace de la trama nos muestra a un homosexual oculto, arrepentido de su cobardía después del asesinato de su amante, quien prefirió la muerte llevando en la frente el símbolo de homosexual, a morir portando una estrella de David.

Todo es asunto de percepción, dice Jaramillo Levi.   Desgraciadamente la percepción honrada y noble esquiva la realidad en el ser humano de la misma manera que las burbujas del río evitan ser capturadas por mis manos.   Estamos todos tan metidos en el clóset que ni siquiera mi computadora tiene una corrección para la palabra “prostitución”; entonces, de acuerdo con mi ordenador, la prostitución no existe.

En Panamá nadie fuma mariguana. ¡Sssht!   No hablemos de drogas, silencio.   La guerra contra las drogas está perdida, siempre lo ha estado. Helicópteros y ametralladoras no harán un cambio respecto al uso de drogas en los pueblos del mundo.   Debemos despertar algún día y oler cómo los latidos de nuestro corazón no armonizan con lo que vemos. Hoy es un buen día para ello.

El campo nazi para etiquetar y eliminar todos los problemas todavía funciona en Panamá. Olvidándonos que la represión sin educación no funciona.   El primer paso es tener el valor de ver lo que está ocurriendo en nuestra sociedad.   De otra suerte, no podremos dar este primer paso. Entonces los enfermos somos nosotros.

El 98% de los accidentes automovilísticos ocurre por causa del alcohol. Pero, desgraciadamente, seguimos promocionando su consumo en los medios de comunicación y en afiches en la calle.   ¿Ceguera o hipocresía colectiva?

Si nos quitamos la venda que nos cubre las neuronas, comenzaríamos a sospechar que en las cárceles existen montones de drogas.   Más allá de la sospecha, en la cárcel existe, efectivamente, un mercado gigantesco de drogas. La única diferencia es que si ya estás en la cárcel,   puedes consumirla libremente.   Entonces, ¿para qué mandamos a un drogadicto a la cárcel? ¿cuál es el propósito del campo de concentración? ¿cuál es la razón de colocarle una etiqueta a un consumidor y mandarlo al peor infierno que existe en Panamá?    Salgamos del clóset y hablemos; vamos a conversar.

La moneda tiene dos caras: quien la vende y quien la consume. Ni el vendedor desaparecerá, ni el comprador va a emigrar.   Las cárceles continuarán creciendo y el negocio en el campo de concentración aumentará con su etiquetado… “drogadicto”.

Estoy seguro de que cuando salga de la cárcel este joven no habrá sido transformado por nuestro “maravilloso” sistema de rehabilitación carcelaria.

En casi todas las capitales del primer mundo al adicto o aspirante a serlo se le llama consumidor y al que la vende traficante.   Inclusive en algunos países “desarrollados” existen impuestos estatales, y cafeterías con espacio asignado para quienes deseen fumar yerba.   La cárcel es un anatema para un consumidor.   Mandar a un joven a la cárcel por consumidor es inmoral y estúpido;   es suicidarnos colectivamente. Entras drogadicto y sales drogadicto con maestría de criminal. ¡Enfrentemos la música!

El 2 de noviembre próximo en el estado de California los americanos votarán si despenalizan o no el consumo de la marihuana.   El resultado es de mucha importancia política para la derecha republicana.   Pero la realidad es otra; actualmente ya es legal a través de clínicas.   Los gringos son muy parecidos a los panameños: ambos somos campeones en el arte de la ceguera.   Ambos virtuosos en las ciencias del negocio.

Recordemos de nuevo a Jaramillo Levi: “Ser incapaces de equivocarnos. Así somos.   Pero seguimos en la misma”.

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<> Este artículo se publicó el 23  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/hallax-efrain/

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