La ética se adquiere

La opinión del miembro del Club Rotario de Panamá…

FERNANDO MANFREDO JR.

La educación es apropiadamente percibida como una fuerza liberadora, un medio hacia la libertad, afirmación de la vida, libertad del individuo de sus limitaciones de ignorancia, prejuicio, lugar y tiempo.   Sin embargo, debemos recordar que nadie es una isla.   Como decía Albert Schweitzer, ‘afirmación de vida… es el acto espiritual por medio del cual la persona deja de vivir de forma irreflexiva; afirmar la vida es profundizarla, exaltar el deseo de vivir’.

Nosotros no tenemos otra opción que ponerle fin al encarcelamiento de uno mismo y tomar conciencia de que necesitamos un centro moral, no un encerramiento moral. Debemos ser capaces de sensibilizarnos al dolor de nuestro prójimo. Es importante no solo ser capaces de involucrarnos en nuevas ideas, sino estar dispuestos a hacer declaraciones públicas de nuestras convicciones y compromisos para luego traducirlas en acciones.

No podemos ser optimistas en cuanto a la ética, ésta no tiene final, no es un producto, se adquiere. Nuestro carácter se forma a través de la vida. No puede ser comprada y no se puede obtener a través de cursos tomados en escuelas de Medicina, Derecho o Negocios. Tenemos que darle significado dentro de nuestras propias vidas y compromisos. Cuídense de manuales y recetas instantáneas. No existe tal cosa como 50 grandes momentos en la ética.

El filósofo Henry Bergman escribió en una oportunidad que la persona tiene una inmensa ‘reserva de indeterminación’ y que nuestro poder de escogimiento entre lo bueno y lo malo es enorme. Es a través de escogencias que uno se convierte en un individuo. Tengamos presente que los valores morales no desarrollan raíces en las arenas secas del materialismo.

La ética no es solo obediencia a las reglas, sino la preocupación por el carácter personal ‘la reputación y buen nombre’ y, más importante aún, cómo se siente cada uno.

Peter Drucker resume el tema de la ética como ‘ser capaz de mirarse la cara en un espejo’. Los estudiantes y educadores en Panamá concuerdan en la enseñanza de valores y ética. Los valores morales derivan su fuente de experiencias humanas. La ética nace de las necesidades e intereses humanos. La razón y la inteligencia son los instrumentos más efectivos que posee el ser humano. Sin embargo, esto no excluye la enseñanza de la religión.

La enseñanza de los Diez Mandamientos y preceptos similares de la ética judeo—cristiana en las escuelas, es de inmenso valor. Los beneficios primarios son de un valor doble. Primero, los Diez Mandamientos les enseñan a los niños que la ética es más que una lección de utilidad; y segundo, los Diez Mandamientos les amplía las perspectivas terrenales.

<> Este artículo se publicó el 21 de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/manfredo-fernando/

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