Cuando un país quiere ser de cómica

La opinión de….

EBRAHIM ASVAT
easvat@elsiglo.com
 

Contrario a todas las corrientes modernas que despenalizan la calumnia e injuria, un grupo de anticuados abogados panameños han presentando un proyecto de ley donde se penaliza a los periodistas que cometan delitos contra el honor.

 

En un país como el nuestro, típicamente folklórico, son los deshonrados los que más necesidad tienen que se respete la honra y la reputación por lo menos en forma cosmética. Transforman la ley en una especie de ungüento o pomada, tipo Max Factor o Esté Lauder, con la cual esconden las arrugas o las manchas faciales.   Diré faciales porque el honor, la honra, la reputación es algo que permite salvar la cara más cuando se es de concreto como la de muchos en nuestro país.   Los rostros angelicales, transparentes, joviales o hermosos no necesitan de una ley que los proteja porque el honor, la honra o la reputación irradia y difícilmente puede ser ultrajada.

 

En los países civilizados no meten a los periodistas en la chirola, como escarmiento por una pluma atrevida. Se privilegia el debate de ideas, la transparencia, la libertad de prensa y expresión e igualmente la libertad intelectual. Frente a la importancia de que estas garantías desenvuelvan la función coactiva del Estado, se limita privilegiando estas libertades más allá de conceptos no tan precisos de honor o reputación.

 

A nadie le parecería más insultante al honor y a la reputación que el conyugue infiel que en forma escandalosa y pública traiciona a su pareja.   No hay la tipificación delictiva de la conducta del cónyuge.   Lo que cabe es el divorcio civil.

 

El proyecto de ley de los poco ilustrados abogados pretende a la vez constituir en delito la injerencia arbitraria e injusta a la intimidad o a la privacidad de las personas.   Hace unos años atrás, la esposa de un primer ministro canadiense amaneció con uno de los integrantes del grupo de rock Rolling Stones. La prensa canadiense registró los hechos.   En Francia, la anterior consorte del Presidente se empató con un ciudadano en la ciudad de Nueva York siendo Primera dama. La prensa francesa registró el hecho. En Paraguay, varias madres solteras le reclamaron la paternidad de su prole al Presidente de turno, la prensa registró los hechos.   Pretendemos penalizar hechos notorios, y a veces públicos, aduciendo el derecho a la intimidad personal. No hay periodismo perfecto, así como no hay seres perfectos ni vida social perfecta.   La responsabilidad sobre los actos o las declaraciones y noticias siempre será reclamable, pero de allí a privar la libertad personal por ejercer la libertad de prensa es un oxímoron.

<> Este artículo se reprodujo de la publicación del 19 de octubre de 2010 en el diario El Siglo,  a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el credito que les corresponde.

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Deuda ecológica

La opinión del Economista, Docente universitario y Político….

Juan Jované 

La deuda ecológica es un concepto vinculado al intercambio ecológico desigual, destinado a destacar una forma de deuda acumulada por los países de alto desarrollo con los países menos desarrollados, que estaría explicada por el pillaje de los recursos naturales, los daños ambientales y la ocupación libre del espacio ecológico destinada a depositar desechos, tales como los gases invernadero, que los primeros realizan en detrimento de los últimos.
El grupo de investigadores de la Ghent University, dirigidos por Erik Paredis, a quienes se les dio la tarea de definir el concepto con precisión, llegaron a la conclusión de que el mismo contiene tres componentes.
El primero se refiere al daño ecológico causado a través del tiempo por un país en otro por medio de sus patrones de producción y consumo.
El segundo representa al daño ecológico causado por un país a ecosistemas que están más allá de toda jurisdicción nacional, debido a sus patrones de producción y crecimiento.
Por medio del tercero se incorpora la explotación y uso de los bienes y servicios de los ecosistemas a través del tiempo por parte de un país a costa de los derechos de otros países sobre dichos bienes y servicios.

Desde el punto de vista práctico el elemento de la deuda ecológica que más se ha estudiado es el relacionado con el uso y abuso del medio ambiente global, entendido como un espacio común de la humanidad, debido a la emisión excesiva de gases invernadero en relación a lo que sería un nivel per-cápita sustentable para toda la humanidad.  Es así que, de acuerdo con John Bellamy Foster, ya en la década de los 90 del siglo pasado, esta deuda se podía calcular en cerca de 13 billones de dólares anuales, monto equivalente a tres veces el total de la deuda financiera de los países en vías de desarrollo con el Norte desarrollado.

En el caso de Panamá aparece una forma de deuda ecológica vinculada con el agua, la que ha sido pasada por alto muchas veces.   Esto se evidencia al tomar en cuenta que por cada barco que transita por el Canal de Panamá se vierten al mar cerca de 101,000 metros cúbicos de agua fresca, en condiciones tales que desde el inicio   de sus operaciones en 1914 hasta que el granelero Fortune Plum lo atravesó el 4 de septiembre de 2010 se han dado un millón de tránsitos por el mismo.    Si, por medio de una operación sencilla, se calcula el total de metros cúbicos de agua fresca utilizada en la operación del Canal y se le aplica, con fines de ilustración, un valor de B/. 0.10 por cada uno de estos, se llegaría a un total de B/. 10,100.0 millones, monto que serviría para dar una idea de la deuda ecológica que los usuarios del Canal, principalmente los Estados Unidos, tendrían con Panamá.

La moraleja es clara: en un mundo en que el agua se hace cada vez más escasa nuestro país deberá empezar a valorizar correctamente este bien ecológico fundamental.

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<> Este artículo se publicó el 19  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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La oposición en tiempos de aprobación

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La opinión del Ingeniero y Analista Político….

MARIO A. ROGNONI

marognoni@cwpanama.net

OPONERSE: 1. – Exponer razones contrarias a una idea o un proyecto;

2.- Poner un obstáculo para impedir una acción.

En política, son considerados partidos de oposición aquellos que no forman parte del gobierno, bien por no haber estado en una alianza ganadora o bien por salirse de la misma en algún momento.   Sin embargo, no hay que confundir el rol de los partidos en oposición.

No significa que un partido por ser de oposición deba oponerse a todo lo que proponga el gobierno de turno. Simplemente el partido en oposición está en libertad en cada instancia de aprobar o criticar una acción de gobierno, a diferencia de los partidos del gobierno que lamentablemente tendrán siempre que aprobar o guardar silencio en caso de no estar de acuerdo con alguna medida ya aprobada.

El PRD, en oposición, tiene que tener claridad de estos conceptos. Algunos miembros piensan que no se está haciendo un verdadero trabajo de oposición, pero dejan de entender que el actual mandatario y su gestión tienen 69% de aprobación popular, lo que implica que de criticar todo lo actuado estaríamos chocando con ese 69% de la población que aprueba la gestión. La estrategia debe ser otra. Claramente el gobierno de Ricardo Martinelli proyecta positivamente al actual presidente, pero sabemos que no hay reelección en Panamá. Por lo tanto, en el 2014 tendrán los oficialistas que proyectar un candidato que pueda sumar la popularidad directa del presidente Martinelli, algo altamente improbable. Es decir, aun llegando a finalizar con 70% de aceptación su gestión, el candidato que lo reemplace no tendrá ese mismo porcentaje.

Para la oposición, lo importante es ir descalificando posibles candidatos del oficialismo, de forma que el electorado en las próximas elecciones, aun satisfecho de la gestión actual, no vote por su continuidad, basado en el cambio de director. Muchos se han ido descalificando solos, con una gestión pobre en carteras ministeriales y diputaciones. Otros tienen que ser expuestos por la oposición mostrando sus insuficiencias y debilidades. Ciertamente un gobierno que da 100 a los 70, becas universales, útiles escolares, aumentos a jubilados, aumentos a educadores, aumento a policías, gozará de popularidad. Pero, ¿quién la capitaliza? El presidente actual, no su partido, no su vicepresidente, no sus ministros. Mientras todas las cuñas del Estado terminen en voz de Ricardo Martinelli y con su sello, solo él capitaliza la gestión.

Ese error lo vivió el PRD con un gobierno popular y que terminó con aprobación alta a Martín Torrijos, pero la popularidad y aceptación de Torrijos no pasó a las manos de la candidata Herrera ni siquiera a los diputados PRD.    Hoy el partido puede capitalizar el mismo error cometido ahora por quienes lo reemplazaron en el poder.   No se deben atacar programas populares ni atacar medidas sociales positivas, pero sí hacer el trabajo de oposición debilitando figuras del gobierno que mañana serán candidatos a alcaldes, diputados y presidente.

Por otro lado, lo más importante para el PRD en estos momentos es lograr la unidad. Algunos creen que es positivo que recorran medios y el país aspirantes a candidaturas presidenciales. Creo que es un gran error, lo que deben hacer si quieren proyectarse es formar parte del equipo oficial de vocería y actuar según líneas del CEN y del partido.    Ya en algunas redes sociales vemos los ataques personales que tanto daño nos hicieron en el 2009, y estamos a cuatro años de la elección.   Faltan por darse los congresos de la Juventud, del Frente Femenino, del frente Empresarial y Frente de Profesionales, aparte de la elección del nuevo CEN previo a las primarias.

 

Es triste que algunos miembros piensen más en su futuro que en el futuro del partido, más en su opción que en la opción del partido. En lugar de unirnos y trabajar juntos con la dirección del partido para definir estrategias, aplicar tácticas y proyectar al partido, prefieren salir a vender su capacidad de dirigir la nación.

Lo que requiere el PRD es un baño del pasado, cuando los economistas producían análisis de las medidas que el gobierno de turno tomaba y se entregaba a los voceros, cuando una comisión estudiaba las leyes y preparaba a los voceros, cuando se recorría el país para actualizar a los dirigentes naturales. El PRD de ayer, seguro ganaba en el 2014.   El de hoy, dependerá de sus miembros.

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<> Este artículo se publicó el 19  de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Crecimiento, lento pero seguro

La opinión de…

 

Luis E. Porras

A los panameños nos encanta decir que San José es un pueblón, y nos gusta burlarnos de sus calles, llenas de huecos.   En un viaje reciente al vecino país encontré que los costarricenses estaban, también, algo autocríticos.   Al ver que era panameño, inmediatamente me preguntaban sobre Martinelli, sobre la cinta costera y sobre el crecimiento rápido que viene teniendo nuestro país. Los encontré preocupados porque Costa Rica se está quedando atrás.

Yo no quise decir mucho, pero por dentro sentí una combinación de orgullo y ansiedad.   Aunque es cierto que Panamá está creciendo rápido, me pregunto: ¿qué tan sostenible es nuestra economía en comparación a la de Costa Rica?   Tal vez los ticos, aunque van más lento, lo hacen con más seguridad.   Para evaluar esta hipótesis hablemos un poco sobre la disparidad de riquezas y la educación.

Primero revisemos algunos datos claves. ¿Es cierto que Panamá ha estado creciendo más rápido que Costa Rica?   Según el Banco Mundial, el PIB de Panamá creció en 11.5% en 2007, y 9.2% en 2008, mientras que Costa Rica creció en 7.8% y 2.6%,  respectivamente.

Al mismo tiempo, si dividimos la riqueza de cada país entre sus habitantes, en estos momentos estamos bastante igual que nuestros vecinos. Según el Banco Mundial, en 2008 Costa Rica tuvo un PIB per cápita de $6 mil 564 y Panamá de $6 mil 93, esencialmente el mismo.

Desde mis días de estudiante de economía me di cuenta de este último dato, en ambos países existe más o menos la misma cantidad de plata por cada persona.   La gran diferencia está en la distribución de riqueza;   en Panamá los más ricos tienen un porcentaje más alto de la riqueza, y la diferencia entre ricos y pobres es más alta. Esta diferencia se puede traducir eventualmente en inseguridad y problemas sociales. La desigualdad de ingresos y oportunidades pone en riesgo la estabilidad de nuestra sociedad y nuestro desarrollo a largo plazo.

Ahora hablemos sobre educación. Por curiosidad, decidí consultar los recientemente publicados rankings de competitividad del Foro Económico Mundial.   En la categoría de salud y educación primaria, Panamá está de número 76 en el grupo de 139 países evaluados. Costa Rica está de número 22.   En cuanto a educación secundaria y entrenamiento profesional, Panamá está de 82, mientras Costa Rica está de 43.

El producto más tangible de la educación es una mano de obra calificada. En años recientes, Panamá ha estado recibiendo a compañías multinacionales como Dell y Procter & Gamble. Estas compañías necesitan contratar a gente capacitada, y ya se oye hablar sobre la falta de mano de obra calificada.

Pareciera que estamos llegando a nuestro límite en cuanto a la capacidad de apoyar a multinacionales.   Por otro lado, Costa Rica tiene mucha experiencia atrayendo y manteniendo este tipo de compañías.   Según el Ministerio de Comercio Exterior de Costa Rica, “el 2% del ingreso de toda la población tiene que ver con Intel” y Hewlett Packard tiene una operación de 6 mil 500 empleados en el vecino país.   No dudo de que su alto nivel de desarrollo en educación es una garantía para seguir atrayendo capital a largo plazo.

Para concluir, estoy muy orgulloso de Panamá y nuestros logros en los últimos años. Lo único que quiero decir es que algo de autocrítica de este lado de la frontera no tiene que restar el optimismo que nos caracteriza. Tenemos que reconocer que el bajo nivel de educación y la desigualdad son un talón de Aquiles para nuestra economía. Aprovechemos el crecimiento económico reciente para solventar los temas arriba expuestos. Prendamos las luces largas y reforcemos la educación y la igualdad de oportunidades. No perdamos esta oportunidad histórica para reforzar los cimientos de nuestra economía y nuestra sociedad.

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<> Este artículo se publicó el 19  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Cambios constitucionales: ¡Proponga, señor Presidente!

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La opinión del Jurista,  Político independiente…

Juan Manuel Castulovich

En sus 15 meses de gobierno, el tema constitucional no ha sido prioridad del “primer mandatario”; pero, recientemente, ya cuentan dos las ocasiones en que lo ha mencionado. Lo hizo en Nueva York, cuando asistió a la cumbre dedicada a los “objetivos de milenio” y,  también, cuando “concluyó” el diálogo sobre la “Ley Chorizo”.

 

En la primera ocasión dijo que “el país se encamina hacia unas reformas generales estructurales del Estado”.   En la segunda, avanzó que “una comisión como la que revisó la Ley Chorizo” podría ocuparse de preparar un proyecto de reformas constitucionales, para responder, según dijo, a “la demanda general o algo parecido” de que la Constitución sea reformada.   Aparte de esos dos avances nada más hemos sabido y, por tanto, nos quedamos sin saber que guarda “in pectore” o cuáles son las ideas que abriga “el primer mandatario” (significa, literal, política y jurídicamente: el que recibe el más importante de los mandatos, y para nada mandante y, mucho menos mandamás, como algunos, erróneamente, piensan, alientan o interpretan).

En sus propuestas electorales, utilizadas como “carta de presentación” para promover su candidatura, suscritas con su firma, el Sr. Martinelli prometía lo siguiente: “Para lograr el fortalecimiento de la democracia y la modernización del Estado, con énfasis en la reestructuración del sistema judicial, legislativo y electoral, se propondrán las modificaciones necesarias a la Constitución Nacional”.

Desde entonces, nada se ha hecho para mejorar el Órgano Legislativo, cuya dependencia del Órgano Ejecutivo ha aumentado hasta la subordinación absoluta. Tampoco ha mejorado la pésima imagen que el país tiene del Órgano Judicial. La última selección de magistrados, desdijo todo lo anunciado en el llamado “plan de gobierno” y durante la campaña.     Y, en cuanto al fortalecimiento de la democracia, que debe comenzar por una revisión profunda del sistema electoral vigente, “los resultados” de las interminables discusiones en la flamante “Comisión de Reformas Electorales” no pueden ser más magros; y sólo han servido para confirmar el maridaje entre los partidos gobernantes y de oposición, para esquivar el tema esencial del financiamiento “privado y secreto” de las candidaturas presidenciales.

Todas las constituciones pueden ser mejoradas y, aunque la que nos rige no es, ni de lejos, la causa de los “problemas estructurales” del país, abrir un espacio para la reflexión colectiva y la estructuración de un consenso nacional que culmine en un “paquete de reformas” no es inoportuno.   Pero, primero, es necesario “poner las cartas, abiertas, sobre la mesa”. Decir, con absoluta claridad, qué se pretende o, en otras palabras,   ¿qué se quiere reformar y para qué?

En el ambiente nacional flota, que el Sr. Martinelli, por iniciativa propia o “porque lo empujan” sus seguidores, pretende allanarse el camino, mediante una reforma constitucional, para la reelección inmediata.  ¿Es verdad?   ¿Es mentira?   El único que puede responderlo es el propio presidente.   Y ya es hora de que lo haga.

Que exista una “demanda general de reformas a la Constitución”, es materia para la especulación.    Pero, si “el primer mandatario” la ha detectado, su deber, interpretándola, es marcar el rumbo y decirle al país, cuáles son las reformas que “él siente” que son necesarias.   Por tanto, la iniciativa es suya. Y, por tanto, ¡proponga, señor Presidente!

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<> Este artículo se publicó el 19  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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El pueblo habló

La opinión del Periodista ….

JUAN LUIS CORREA E.

Los resultados de las últimas elecciones legislativas en Venezuela representan un significativo triunfo para la oposición y un claro mensaje a los que gobiernan, de que el camino para la construcción de un socialismo en la tierra de Bolívar no está en piloto automático. El domingo 26 de septiembre el gobierno venezolano perdió la mayoría calificada y, por lo tanto, el control absoluto de la Cámara Legislativa. El oficialismo le había apostado todo a estas elecciones. De hecho las convirtieron en una suerte de plebiscito nacional. El resultado es un duro golpe, un duro revés. El 52% de los venezolanos votó en contra del proyecto chavista, aunque no haya logrado mayoría en la Asamblea. Así de complejo es el sistema.

El rechazo contundente del pueblo venezolano no solo significa un distanciamiento del presidente Chávez, sino, también, una demostración de rechazo al sistema de gobierno autocrático de la Venezuela de hoy. El pueblo quiere más libertad de expresión, más libertad de elección y más libertad de decisión. Y lo que tienen es todo lo contrario.

A los venezolanos les vendieron un futuro más equitativo y democrático. La gente compró la idea de una sociedad más justa y pluralista donde prevalecería la justicia social, más salud y una mejor educación. Y pareciera ser que todavía lo están esperando. La mayoría de los analistas piensan que el proyecto está agotado. Venezuela tiene la mayor inflación del continente, una recesión galopante, la comida es escaza, la productividad negativa, hay menos plazas de trabajo, no hay suficiente energía eléctrica, una pobre atención hospitalaria y muy mala calidad en la educación. La inseguridad ciudadana se ha tornado insoportable y la ola de criminalidad sigue en ascenso, los servicios públicos son mediocres, la corrupción está fuera de control y la infraestructura nacional se encuentra en un franco deterioro. El famoso Bolívar ‘fuerte’ lo es solo por su nombre, puesto que en el mercado negro refleja su verdadero valor… ¡totalmente devaluado!

Las opciones para el gobierno de Chávez no son muchas. Les ha costado aceptar esta dura derrota. Frente a las posibilidades de una apertura democrática, que incorpore el sentir de la mayoría venezolana, que habló el pasado 26 de septiembre, parece que han escogido todo lo contrario. La ola de nacionalizaciones de empresas privadas y la expropiación de tierras se han incrementado y todo parece indicar que antes de diciembre la Asamblea se encamina a producir una cantidad de leyes que le garanticen el poder absoluto al régimen actual, con el fin de neutralizar la nueva cámara legislativa recientemente electa.

Como bien lo dijo Pablo Ordáz: ‘En Venezuela un voto no es igual a un voto. Hay votos y hay votos’. El pueblo venezolano habló alto, claro y ganó. El 52% de los votos que obtuvieron significan mucho. Un rechazo al socialismo de Chávez y una luz de esperanza. Los venezolanos le están diciendo al mundo que quieren vivir en paz y armonía, sin persecuciones ni presiones, con respeto, tolerancia y equidad. Al final del camino anhelan la democracia y el Estado de Derecho.   Nada más.

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<> Este artículo se publicó el 19  de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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¿Reglamento de Carrera Administrativa?

La opinión de….

Nelly E. Sánchez V.

El reglamento de la carrera del personal administrativo de la Universidad de Panamá regula, entre otras cosas, el reclutamiento y la selección de su personal administrativo. Al producirse una vacante, la selección del personal administrativo debe efectuarse en primera instancia a través de un concurso interno, y si no hay interesados o “los concursantes de la institución no reúnan los requisitos mínimos para el cargo, se abrirá a concurso externo”.

Con todas sus imperfecciones, el reglamento ofrece a todos los funcionarios la posibilidad de concursar mediante una normativa legal en condiciones igualitarias para lograr sus justas aspiraciones y poder ascender. Al inicio de la década de 1990, se hicieron los últimos concursos y, sin que mediara explicación, la administración universitaria suspendió de hecho la escogencia y nombramiento del personal administrativo. Ahora las vacantes que se producen se asignan a allegados o familiares del círculo del poder universitario, cuyomayor mérito es el de ser “recomendado” por algún alto funcionario. No se aplica ningún tipo de prueba y no se da lugar a la competición, y en muchos casos se nombra a personas con mayores salarios que los que devengan funcionarios que ya están en el sistema con iguales funciones.

Esto se agrava porque algunos de los nombrados carecen de créditos, experiencia y de las competencias que exige el cargo, tal como lo establece el artículo 2 del reglamento aludido, lo que no responde al principio de ser “… un sistema de administración de personal de carácter técnico y científico, en el cual se tomarán en cuenta los méritos, competencias e idoneidad de los mismos”.

Lo que han hecho es institucionalizar esta irregularidad como forma de nombramiento, lo que no solo viola el reglamento, sino que irrespeta a muchísimos funcionarios que se han esmerado en superarse académicamente, que tienen un cúmulo de experiencia en la gestión pública, particularmente en la universitaria, y que han hecho filas esperando los concursos y/o las reclasificaciones como única forma de ascender profesionalmente.

Por otra parte, no vemos indicios de que esta situación se corrija ni que haya intención de volver a cumplir con la normativa del Reglamento de la Carrera Administrativa; todo lo contrario, los hechos demuestran que las altas autoridades proseguirán con esta práctica indebida, ilegal e injusta, pues la misma forma parte del gran lenguaje de la corrupción; han convertido la suspensión de los concursos, en botines políticos, fomentando y fortaleciendo el amiguismo y el clientelismo electorero.

La ejecución de esta forma de nombramiento somete a ese personal a una zozobra psicológica, porque ellos tampoco pueden obtener su permanencia, creándoles inestabilidad laboral y sobre todo una indigna relación laboral que los somete a los vaivenes políticos. Se evidencia, entonces, formas adulteradas del quehacer administrativo que mantiene el desasosiego en este sector de la población universitaria y, por otro lado, contribuye al poder que mantiene secuestrada a nuestra máxima casa de estudios.

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<> Este artículo se publicó el 18  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.