Democracia y educación

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La opinión del Pedagogo,  Escritor,  Diplomático….

Paulino Romero C.

Nuestro ciudadano común y corriente, se encuentra como un individuo que ve a través de un vidrio despulido y no puede decir con precisión qué es lo que ve. Sin embargo, esta incapacidad de definir no es incompatible con una profunda convicción de que la democracia es algo espléndido y que la seguridad nacional y del mundo depende de ella. Puede considerar, principalmente, ya sea el gobierno por voluntad de la mayoría o bien el derecho de todo individuo a vivir su propia vida, sin que se inmiscuyan indebidamente los demás; puede fijarse, ya sea en la supresión de privilegios especiales y de toda pompa, o bien en el hecho de que todo ciudadano por nacimiento puede aspirar a ser Presidente.

En todo caso, la idea fundamental es la misma, lo único que varía es el aspecto al que se presta mayor atención. Es la idea de que la democracia es un estado mental, de que una sociedad organizada democráticamente trata de proteger los intereses de todos sus miembros mediante responsabilidades y gobiernos colectivos.

La palabra educación posee un claro sentido antropológico; tiene que ver con lo que es el hombre y sus posibilidades de desarrollo. El acto educativo es un proceso que nace y muere con el hombre; es, además, un hecho complejo como la misma vida humana. El hombre se va formando, educando, durante su existencia toda: no solo vive bajo presiones externas; hace su vida, ante todo, gracias a que tiene conciencia de su ser, de sus actos. El hombre se transforma a lo largo de su vida, ya entrando en posesión de ciertos conocimientos, ya adquiriendo determinados usos y forma de conducta. Cuando esta modificación toca lo íntimo de su persona y se traduce en una manera de ser, tiene efecto el acto educativo. La educación es así un hecho real; un suceso de una efectividad evidente, que determina en su raíz la vida de los hombres.

La democracia desea que el hombre pueda entender en común los problemas sociales y llegar a razonadas soluciones, que aprenda a comunicarse y cooperar con los demás. Este régimen de vida debe posibilitar al hombre para que pueda convertir sus ideales en acción, y para esto tiene que desenvolver en él, por medio de técnicas educativas y sociales, habilidades que le permitan introducir el cambio en la realidad, sin desnaturalizarla: que la pueda modificar paulatina y progresivamente.

Ahora se procura la escuela que enfrente a las nuevas generaciones con los cambios sociales de nuestro tiempo, sin aislarlas del mundo. Un escolar hoy, es un educando colocado en la totalidad del mundo contemporáneo, con todas sus transformaciones, sus caducidades y exaltaciones. En conclusión: educar para la convivencia es una norma esencial de la sociedad democrática.

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<> Este artículo se publicó el 18  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/romero-c-paulino/

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