El imperfecto ‘ser humano’

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La opinión de….

Hipólito Arroyave

A raíz del acontecer político nacional de los últimos días.   He recordado a mi antiquísimo colega médico, Michel de Notredame, mejor conocido como Nostradamus, quien utilizando un tipo de escritura a la cual le llamó cuartetas expresaba su parecer de lo que ocurría a su alrededor en los años 1550.

Fue la forma más práctica y segura que encontró para evitar su condena y persecución, como hereje, por la temida inquisición de aquellos oscuros tiempos.   Pues bien, en estos momentos me siento como Nostradamus.    Sin el valor de expresar mis opiniones libremente, con el temor a la inquisición y a que me quemen en la hoguera del poder judicial.

¿Qué hemos hecho para merecer esto? Únicamente querer corregir los errores que cometemos los seres humanos. Pues no somos perfectos. Muchas de nuestras creaciones se alejan bastante de la perfección.  La política y la religión son las más importantes creaciones imperfectas del hombre.   Pero lo que atañe a la política es la peor de todas.    La religión ha sido utilizada para obtener el ansiado poder sobre las masas.   La mejor manera de controlar a esas masas es, precisamente, mantenerlas en las tinieblas de la ignorancia y la pobreza extrema.

La democracia es imperfecta, al igual que el ser humano. Una persona instruida ejerce su voto después de un análisis exhaustivo de los planes de gobierno de algún candidato o partido, pero es simplemente anulado por el voto contrario de un pobre analfabeto que no tiene idea de lo que es un plan de gobierno general para una nación. Mi voto vale lo mismo que el de la persona que firma con su huella digital la papeleta de votación.

Pareciera que caigo en una injusticia social, pero ha ocurrido recientemente en Brasil un caso insólito en el que un candidato de profesión “payaso”, ganó como el diputado más votado en todo el país.   Sin embargo, fue impugnado por su probable analfabetismo. Fue utilizado, por su popularidad, por algún genio que visualizó su potencial de atraer votos.   Iguales “payasos” han sido usados aquí en elecciones nacionales.

Me pregunto entonces:  ¿Si un analfabeto puede votar, por qué no puede ser elegido? He aquí la cuestión. Es simplemente una paradoja. ¿Qué dirán nuestras leyes al respecto?

Un pueblo ignorante y a la vez hambriento es fácilmente manipulable. Fácil de engañar, fácil de utilizar. Los medios de comunicación son las principales herramientas para engañar e inculcar ideas de aquellos que,  con el poder económico, pagan la publicidad para meterse en los cerebros mediocres de los que no piensan ni analizan a fondo. El factor sentimental es usado hábilmente por estos “depredadores de mentes” para  manejar las masas a su antojo.

Panamá crece económicamente, sin embargo, la planilla estatal crece en nombramientos pero no en salario.   Las jubilaciones se han quedado cortas en relación al elevado costo de la vida.   Quien quiera tener una vejez digna, que busque otras alternativas de ingresos aparte de su jubilación, porque no hay esperanzas.

¿Quién crece económicamente en el país, si no es la clase baja ni media baja? Los bolsillos que se benefician son otros.    Pero al igual que Nostradamus tendré que utilizar cuartetas para evitar caer en la “calumnia o injuria” de alguien que se sienta ofendido.

Como ya lo había dicho en un artículo anterior: “Me da miedo escribir inclusive”.   Pero existen todavía formas. Y así como lo hizo Nostradamus con las ya citadas cuartetas: “Condena injusta como justa causa, perdón de la condena del magno, merecedor de gratitud esperando luego, la boca, la pluma, y el papel inexpresivos, tu pago”.

<> Este artículo se publicó el 15  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Decisión tardía

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La opinión del Educador….

ROGELIO A. MATA G.

Los panameños tuvimos que soportar una de las crisis más violentas de los últimos veinte años, como la escenificada en la provincia de Bocas del Toro, distrito de Changuinola, durante el mes de julio, aquel sábado negro en que, dicho sea de paso, los civilistas en el poder conmemoraban los veinte y tres años del Viernes Negro del 10 de Julio de 1987, lo recordaron con dos muertos, 52 ciudadanos que perdieron total o parcialmente la visión, (‘por no saber en qué momento agacharse para que los perdigones no les hirieran sus ojos y/o por no habérselos colocados en el ombligo’) y más de trescientos heridos, y dos muertos más sin ser confirmados oficialmente.

Este fue el saldo producto de la tozudez de un gobierno, que considera que la votación contundente con la que fue elegido le da el derecho de deslegitimar la participación ciudadana e imponernos a sangre y fuego su carácter autoritario e imponernos todos los absurdos concebidos desde el Palacio de las Garzas.

La Ley 30, llámese Ley Chorizo o Ley Wuaka Wuaka (por haberse impuesto aprovechando la distracción del Mundial de Fútbol), es producto, a mi juicio, de dos factores fundamentales: en primer lugar, la defensa de los intereses de los sectores económicos que integran el gobierno de Ricardo Martinelli Berrocal y que para eso cuentan con una Asamblea y un Órgano Judicial totalmente subordinados al Ejecutivo; y, en segundo lugar, su falta de total conocimiento del país, cuando un gobierno no conoce su país tiende a subestimar a sus ciudadanos y, como cual bomba de tiempo, las crisis le estallan en sus mismísimas manos, tal como aconteció en Bocas Del Toro.

El movimiento popular obligó al gobierno de Ricardo Martinelli a convocar el diálogo para analizar los temas conflictivos de la Ley, los sectores sindicales involucrados en la lucha contra la Ley 30, el pueblo de Bocas del Toro y más del 60% de la población panameña, que siguió de cerca el acontecimiento, demandaban la derogatoria de la Ley, producto de esa presión nacional y el consiguiente desprestigio del gobierno a nivel internacional, el presidente de la República anuncia la SUBROGACIÓN de la misma, lo cual no es lo mismo que derogar.

Veamos: según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, SUBROGAR, del latín subrogare, significa ‘sustituir o poner a alguien o algo en lugar de otra persona o cosa’.   DEROGAR, del latín derogâre, significa ‘Abolir, anular una norma establecida, como una ley o una costumbre’. El gobierno pretende salirse con la suya, razón por la cual se debe estar muy atento a la próxima movida del señor Ricardo Martinelli Berrocal.

La decisión tomada es tardía, se pudo evitar una situación violenta, como la de Changuinola, si la sensatez hubiese prevalecido en los gobernantes, sobre todo en el primer mandatario de la Nación. La crisis, que desembocó en un derramamiento de sangre, es una muestra de que este gobierno no entiende ni le interesa entender que la participación ciudadana es necesaria para construir la democracia.

La represión del día 10 de julio de 2010, no tiene precedente en la historia de los conflictos sociales en esa región, que tiene una trayectoria histórica de lucha popular y social. ‘En la primera huelga —la más grande de todas, la de 1960— no hubo ni un muerto ni un solo herido. Y eso que de bando y bando los ánimos estaban sobremanera caldeados, y muchas personas temían que se produjeran violentos enfrentamientos entre las partes. Pero la huelga fue dirigida por sus líderes con gran sentido de la responsabilidad. Y no hubo ni un solo herido. Y los obreros —en buena parte gracias a la intervención del presidente Nino Chiari— ganaron el conflicto’. (Artículo de opinión La tragedia de Bocas de Guillermo Sánchez Borbón, diario La Prensa, 9 de octubre 2010).

Señor presidente, la decisión es tardía, con un buen nivel de IQ político y un buen uso del sentido común de parte suya no se hubiera derramado la sangre de dos humildes trabajadores, pero en este gobierno el estrabismo político campea y, con él, la estulticia.

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<> Este artículo se publicó el 15  de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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El concepto de victimología

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La opinión de….

Javier Comellys 

Tomando en cuenta la contradictoria teoría de Charles Darwin, sobre el origen del hombre, hecho ocurrido a través de un proceso de evolución de las especies hasta llegar a lo que él denominó el Homo sapiens, o el hombre pensante, se origina el fenómeno de la victimización, la relación víctima–victimario, y viceversa; es decir, el sentimiento de inseguridad y con ello la agresión, el temor, el miedo individual y colectivo.

El hombre deja de ser una especie en evolución y, con ello, trae en sus genes y dentro de su frágil cerebro las huellas de un impulso instintivo o, como dijera el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, que tiene sus raíces en la constitución biológica del organismo humano. Es decir, así como existe el instinto de la conservación de las especies, de la misma manera existe el de la autodestrucción. Lo que significa que el hombre pensante está condicionado a una dicotomía de sus impulsos instintivos, que están en contraposición y que dan motivo a que el índice de maldad muchas veces supere a la sapiencia, originando genios asesinos.

La historia del hombre está hecha de crímenes que han conmovido a la humanidad.  Un ejemplo de los tantos que existen dentro del fenómeno de la victimización lo vemos con la crucifixión de Cristo, un hecho cruel llevado a cabo por el irracionalismo, el fanatismo y el instinto maligno de sus contemporáneos, que no veían en él más nada que a un conspirador que complotaba contra el poder imperial y las costumbres de la sociedad judía. De esta manera queda plasmado el fenómeno de la victimización, la relación víctima–victimario y el alcance de los hombres en su índice de maldad.

Con el pasar del tiempo, y ante los crímenes horrendos que se cometieron durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, los estudiosos de la conducta humana, psicólogos, psiquiatras, sociólogos, criminólogos, etc. se preocuparon a fondo por el estudio de las víctimas y de los que habían sufrido en una u otra forma daños físicos, morales y mentales, o experiencias traumáticas y negativas que se habían adquirido en alguna de las etapas pasadas de la vida de una persona, que habían repercutido en su forma de pensar, sentir y actuar.

Fue entonces cuando el criminólogo alemán H. Von Henting se interesó por el estudio científico de las víctimas y más tarde el abogado israelita B. Mendelsohn, crearon el concepto de victimología para definir la disciplina que tiene por objeto el estudio de las víctimas de un delito, su personalidad, sus características biológicas, psicológicas, morales y culturales, su relación con el victimario y el papel que ha desempeñado en la génesis del delito.

Von Henting como criminólogo se concentró en las causas del delito y se percató de que si hay un delito debe haber una víctima; es decir, estableció la relación entre victimario y la víctima configurando el concepto de “pareja criminal” motivo de estudio de la victimología. Por otro lado, Mendelsohn va mucho más allá, y manifiesta que la ciencia de la victimología no sólo debe estudiar a la víctima de un delito específico, sino a las víctimas de las guerras, de las catástrofes naturales, genocidios por envenenamiento masivos o por terrorismo y todos aquellos producidos por el proceso complejo de la victimización, donde el dolor y el sufrimiento pueden ser mayores que la propia muerte.

De la víctima cuando se convierte en victimario hay muchos ejemplos en la historia; uno de esos casos lo vemos en la figura de Adolf Hitler. Cuando pequeño fue víctima de un hogar en conflicto, una madre sobreprotectora y un padre autoritario, un brutal tirano, que no mordía pero que ladraba ferozmente. Frente a esta realidad el pequeño Hitler, como otros niños, tuvo que navegar sobre las aguas turbulentas de una sociedad irracional donde, como decía Thomas Hobbes, “el hombre es el lobo del hombre”, transformándose en el monstruo de la Segunda Guerra Mundial, convirtiendo a Europa en el caldero del diablo, y llevando a más de seis millones de judíos a los campos de exterminio masivos, lo que se denominó el holocausto.

El victimario cuando se convierte en víctima, lo vemos en determinados grupos sociales confinados indefinidamente en las cárceles, con sus derechos humanos violados, torturados, física, mental y moralmente por el exceso de la fuerza bruta que se utiliza en las cárceles, calabozos y mazmorras del sistema penal.   Ellos son víctimas del sistema social, a igual que los marginados por la sociedad, minusválidos, minorías étnicas, raciales, ancianos, niños que son abusados por sacerdotes pederastas, los que sufren las consecuencias de la pobreza extrema, etc.    Son los desprotegidos del sistema social, que en muchas ocasiones no resarce los daños y perjuicios ocasionados a dichas víctimas.

<> Este artículo se publicó el 15  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Sociedad de arlequines

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La opinión del Jurista y Docente Universitario….

Silvio Guerra Morales 

He podido percatarme que no pocas personas, de una u otra forma, se han sentido agraviadas por algún tipo de noticia o de información que ha sido divulgado respecto a ellos en algún medio de comunicación.
Golpeados o sentidos, lastimados, se han opuesto también de modo apasionado, a la despenalización de la calumnia e injuria en nuestro medio sin excluir a quienes se han solidarizado con ellos en el padecimiento. Los comprendo y me identifico con los tales.   Yo mismo he sido, en algunas ocasiones, víctima de estas situaciones.   El periodista que tuerce o desinforma la noticia destruye.    Ello, sin duda, debe tener sus consecuencias jurídicas penales, civiles y de naturaleza disciplinaria.

Sin embargo, no creo que esos argumentos nos legitimen para impugnar la señalada despenalización que desde hace años nos viene indicando el Derecho Comparado, la Jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Doctrina Penal y la misma Filosofía del Derecho y, añado, el mismo sentido común de las cosas.

Quede claro en la mente del lector que tal despenalización no entraña la idea de “no ser más delito” la calumnia o la injuria. Siguen siendo delitos contra la buena honra y el decoro de las personas. Tutelan el patrimonio de la dignidad humana cuyos bienes más preciados son el honor y la honra.   Despenalizar no significa otra cosa que “quitar la pena”, lo cual es relativo o una verdad a medias, ya que únicamente se quita o elimina la pena de prisión. La propuesta legislativa hecha el día martes de esta semana, misma de la cual soy uno de sus tres redactores,   suprime la pena de prisión de la legislación penal actual y en su defecto pone a la pena de días multas, también conocida como una pena de carácter principal en nuestro medio, como la que se habrá de imponer por uno u otro delito.

No puede entenderse la despenalización de la calumnia o de la injuria sin una previa lectura de la importancia del sagrado derecho de la libertad de expresión en la relación Particular-Sociedad-Estado.   El Estado tiene muchos poderes –pero no es Todopoderoso- que si deja caer, siquiera uno de ellos, sobre el particular, decía mi maestro rosarino Adolfo Alvarado Velloso, “nos aplasta y nos destruye”.   Por ello se entiende que en materia de críticas a los funcionarios o en temas de interés público no puede haber ni calumnia ni injuria.

Sin embargo, ello no significa que el funcionario afectado por la palabra o la expresión supuestamente calumniadora o injuriosa, no pueda accionar y exigir indemnización civil.   Por otra parte, este ámbito no aplica respecto a los particulares quienes, de ninguna manera, pierden su derecho a querellar penalmente o a demandar, vía civil, para exigir responsabilidad de igual naturaleza.

Soy un defensor de la dignidad humana. Pero hay de los sistemas que pervierten el sagrado derecho a la libertad de expresión sin el cual la honra y la dignidad quedan reducidos a romanticismos perversos. El día que se silencie la voz de los hombres y que se acalle la pluma de los que informan, seremos entonces una sociedad de arlequines.

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<> Este artículo se publicó el 15  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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¿Por qué la libertad de expresión?

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La opinión del Jurista,  Docente Universitario y Ex Secretario General de la Procuraduría General de la Nación….

RIGOBERTO GONZÁLEZ MONTENEGRO

Siempre será un tema que generará debates, polémicas; por lo mismo, distintas serán las posiciones a adoptar con respecto a tan relevante derecho fundamental, lo que no se podrá es ser indiferente ante el mismo. Ello porque hablar de democracia es hablar de libertad de expresión. No existe una democracia del silencio, la que hay y existe, es una democracia del debate, del cuestionamiento, de exigir rendición de cuentas, de la participación ciudadana. Se pudiera decir, incluso, que es preferible una democracia de la inconformidad a una democracia, si así se le puede llamar, del aplauso, de la complacencia hacia todo lo que se haga desde el poder político.

Es y resulta todo un contrasentido sostener que el poder público emana del pueblo o que el titular del poder público es el pueblo, pero que éste a su vez no puede o no le va a estar permitido cuestionar a quienes gobiernan en su nombre o que cuando éstos cuestionan, se diga que lo que hacen es molestar o entorpecer la gestión gubernamental, cuando no conspirar o desestabilizar el orden público.

¿Por qué la libertad de expresión? Porque ésta nos permite hacer democracia, hace posible recordarle a los que ejercen el poder político, que se les observa lo que hacen y cómo actúan al administrar lo que no es suyo; en fin, que siempre será posible recriminarles, cuestionarles o exigirles cuentas de su gestión. Por eso la libertad de expresión conlleva hacer público lo que quienes gobiernan pretenden ocultar, hacer desaparecer o mantener en silencio.

Es más que probable, y de hecho así ocurre con mucha frecuencia, que se produzca una confrontación entre la libertad de expresión y el poder político. Cuando tal circunstancia se da, es el poder político el que debe ceder, el que debe ser limitado, si se quiere, restringido y no al revés. Las reglas de la democracia así lo exigen, en la medida en que en ésta el poder debe estar al servicio de los derechos fundamentales y no éstos sometidos al poder político.   Eso es lo que explica, entre otras cosas, el porqué la libertad de expresión no está sometida a censura previa, y ésta va a quedar sometida, cuando desde el poder se utiliza, como medio de intimidación,  la persecución penal contra quienes, al ejercer dicho derecho fundamental,  se les somete a un régimen o a un entorno político en el que se convierte al sistema penal en el campo en el cual dirimir los cuestionamientos que se hacen a las actuaciones de quienes administran el Estado.

Cuando para quienes gobiernan la libertad de expresión se hace molesta, comienzan desacreditando a los que la ejercen, después los descalifican, y cuando esto no es suficiente, los intimidan y se les termina persiguiendo, como si de delincuentes se tratara.   Es por eso por lo que se requiere una democracia fuerte, consolidada, con una cultura para la libertad y no para el sometimiento.   Y no cabe duda de que ello pase por fortalecer y consolidar los espacios de libertad que permite la libertad de expresión.

¿Por qué la libertad de expresión? Porque es siempre preferible una crítica fuerte, un cuestionamiento duro, quizás a veces injusto, a una libertad de expresión mediatizada, intimidada, censurada, manipulada o, peor aún, controlada y sometida a los intereses de quienes detentan el poder político.

 

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<> Este artículo se publicó el 15  de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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No lo podemos permitir

La opinión de…

Carlos David Abadía Abad

Hace unos días leí la entrevista que le hicieron a uno de los pandilleros más conocidos en Brasil, en la que él expresaba, entre otras cosas, lo siguiente: “yo no tengo miedo de morir, quienes tienen miedo son ustedes” y al preguntarle qué opinaba del esfuerzo que el gobierno estaba realizando en las favelas, respondió: “ya es muy tarde, debían haberse preocupados hace muchos años, ya nosotros somos los que dominamos estas, y tenemos mucho dinero”.

Analicemos estas dos respuestas. ¿Por qué no tienen miedo de morir? Simple, porque no tienen nada que perder, viven en la extrema pobreza, con pocas oportunidades de estudios y en hogares desintegrados, sin la mínima orientación. Es el entorno que conocen. Y esto es lo que tenemos en Curundú, en El Chorrillo, San Joaquín, Cerro Cocobolo y otros barrios de nuestro Panamá.

Sobre la segunda respuesta, creo que aún estamos a tiempo, pero que todos estemos claros, esto no es un problema de gobierno, esto es una responsabilidad de todos; esta situación no se resuelve solo con más policías y matando pandilleros. Es un fenómeno complejo y se tiene que enfrentar en varios campos a la vez. Ningún gobierno por sí solo lo puede afrontar; además es la sociedad es la que sufre las consecuencias, lo cual obliga a su participación en la solución.

Decía el narcotraficante Pablo Escobar: “mover drogas es una profesión muy atractiva para los jóvenes pobres, sin educación y sin oportunidades”. Esta frase nos señala claramente que el enemigo no es el pandillero sino el hambre, la baja o ausencia de autoestima, y la ignorancia.

Entre 2005 y 2009, 52 mil jóvenes dejaron sus estudios. Actualmente tenemos 126 mil personas, entre 15 y 29 años, que no estudian ni trabajan, aquí está el caldo de cultivo para nuevos pandilleros, si solo el 20% de esos 126 mil jóvenes tomaran el camino del pandillerismo se quintuplicaría el fenómeno en Panamá.

Un grupo de señoras de la organización denominada “Amigas de la Paz”, después de visitar Curundú y ver la realidad en que se vive allí, seleccionó a un grupo de niños para llevarlo al cine.    Cuando iban en el bus por la cinta costera, una de las señoras pidió a los niños que nunca había visto el mar que levantaran las manos.   Para su sorpresa, todos los niños levantaron la mano.   Estos niños, viviendo a menos de seis y siete cuadras del mar, nunca lo han visto, porque dentro de su barrio no pueden ir de una calle a otra, porque los pandilleros marcan sus territorios y llegar sin su consentimiento es causa de muerte. Están presos en su propio barrio.

La Fundación Jesús Luz de Oportunidades, a la cual pertenezco desde hace dos años por invitación del amigo Riqui Tribaldos, trabaja en varias vías a la vez. Iniciamos interviniendo pandillas con resultados muy satisfactorios, pero insuficientes. Hemos retirado de las pandillas a 16 jefes, a quienes financiamos para que, en los barrios en donde actuaron, retiren a otros pandilleros. Pero es insuficiente. Si analizamos las cifras antes mencionadas, y no hacemos algo para ayudarlos, todos esos jóvenes en pobreza, sin estudios ni oportunidades, se sumaran a ese mundo; por tal razón estamos abriendo 10 comedores para atender entre 50 y 70 niños, a quienes también los apoyamos en sus estudios, deportes y orientación.

Son cerca de 250 pandillas y 4 mil pandilleros, cifras que aún se pueden revertir, pero necesitamos que todos nos involucremos. Sigamos el ejemplo del gobierno municipal de Medellín, que en ocho años dejó de ser una de las 10 ciudades más peligrosas del mundo, y es hoy una de las más seguras.   Depende de nosotros que nuestra ciudad sea más segura. O nos involucramos en búsqueda de la solución, o nos encarcelamos en nuestras casas y nos lamentamos de las desgracias que nos puede suceder a nosotros, a nuestros amigos o parientes. Pablo Escobar ya nos señaló dónde está el problema, somos tontos sí mantenemos nuestra indiferencia, cuando los perjudicados seremos nosotros mismos.

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<> Este artículo se publicó el 15  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Indulto y politiquería

La opinión del Jurista, Docente Universitario y Activista de Derechos Humanos….

Miguel Antonio Bernal 

La Constitución sólo permite el indulto para delitos políticos. La Corte Suprema ha establecido que los delitos contra el honor, no son delitos políticos. En una abierta extralimitación de funciones, nuevamente el Presidente decreta un indulto que viola la Constitución que juró cumplir.La politiquería “es la degradación de la política… carece de grandeza, de proyección histórica, de perspectivas ideológicas. Se desenvuelve en medio de la maquinación ruin, la vulgaridad, el mimetismo, los tránsfugas, la ausencia de ideas y la carencia de ideales…”.

 

En Panamá hemos entrado de lleno en la politiquería cotidiana. El indulto busca desviar la atención del ataque perpetrado contra la libertad de expresión. La adulteración y la falsificación del escudo de la República, al eliminar la pica y poner en su lugar un mazo, sigue su curso sin que las autoridades se hayan inmutado en aplicar correctivos inmediatos, salvo las “disculpas” de la Ministra de Gobierno, porque la de Educación está en el mundo gustaviano….

Mucha gente se pregunta, sin encontrar una respuesta sensata y alejada de la politiquería, ¿dónde vamos en este ambiente de gula, de voracidad, de ambiciones insaciables que parecen guiar, más y más, los actos gubernamentales?

Cada día Panamá se aleja del camino que conduce hacia un Estado Constitucional, donde la dignidad de la personas sea respetada y resguardada.   Se mantiene el desprecio a toda pretensión de “democracia, justicia y libertad”. Aumenta el ejercicio irracional del poder sin control, de carácter demagógico, falacioso y embustero, con una creciente capacidad de mutación que modifica, a diario, el contenido de las normas y procedimientos gubernamentales, de modo que pasen a tener un significado diferente, conservando o no el mismo texto, como lo demuestran los resultados engañosos del denominado “Diálogo sobre la Ley 30” que, en materia de impunidad policial, se lucieron manteniendo una norma contraria a los compromisos internacionales del Estado panameño.

Cual espejismo anticiudadano, la mutación de los rectores de los Órganos del Estado, actúa a espaldas de toda vinculación constitucional, de los fundamentos básicos del constitucionalismo, que no logra eregirse como herramienta de control ciudadano para la racionalización efectiva, real y concreta del ejercicio del poder político.

En menos de lo que canta un gallo, han criminalizado la pobreza, legalizado la impunidad, fomentado la corrupción, destruido sin reparo garantías fundamentales, violado acuerdos internacionales, depredado más aún el medio ambiente, pisoteado los derechos sindicales, penalizado la protesta social y terminado de desconocer los espacios y posibilidades de un verdadero diálogo nacional. Ahora se ataca a la libertad de expresión.

Como si fuera poco, han arremetido -en sociedad asociada- los diputados del Cambio Democrático, del Panameñismo y del PRD, contra la Universidad de Panamá con una Ley ultrapersonalista y antidemocrática, que servirá de veneno para acabar de acabar con la academia, ley que viene a sumarse a toda una maraña legislativa y gubernamental impuesta durante los últimos tiempos, que abandona sin reparos los principios de legalidad, de jerarquía administrativa, de publicidad de las normas, de irretroactividad de las normas, de responsabilidad y de interdicción o prohibición de la arbitrariedad.

El mandato electoral de construir democracia, no se está cumpliendo. Ello trunca la legalidad y la legitimidad, las cuales no podrán recuperarse con nuevos parches a la constitución militarista, ni con millones de obras.  Nuestro país lo que exige, es Justicia.

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<> Este artículo se publicó el 15  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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