Escribir para el público

La opinión del Periodista …

Manuel E. Barberena R.

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Escribir para el público es como salir a la calle. Uno se arregla de la mejor manera.    La presentación es un asunto de autoestima.    En todo lo que el periodista escriba, en la entrada es donde debe poner más esmero, y la salida debe grabar en la mente del lector el leitmotiv, tema medular del escrito.
En verdad no hay un sólo público sino parcelas de públicos diferenciados. Hay un periodismo para cada país, para cada comunidad, para cada necesidad, para cada nivel social.   De todos los géneros de la escritura, como sistema estructural de símbolos, el periodismo es el menos mentiroso y el más libre. La novela es más dominable que el cuento y la poesía el más difícil de todos los géneros y el único que no se puede traducir. Los poetas no inventan, escuchan. Jean Cocteau. Y también se escuchan a sí mismos. En el poeta adolorido la poesía es la sangre que mana del alma herida.
Redactar noticias es un ejercicio de interpretación basado en la observación, la percepción y el relato. Todos estos elementos constituyen un riesgo para la fidelidad de la noticia, pues el reportero no percibe sino lo que ve y en ciertos casos vemos y oímos con la mente. Se ignora la causa y el efecto del hecho. De las personas sólo observamos la corteza. Habla para que pueda verte decían los filósofos de la antigua Grecia.
En la redacción de las columnas de opinión es donde se ponen a prueba los quilates del periodista como pensador. Algunos escritores reconocen la técnica como una herramienta importante para la fluidez, pues estiman que escribir, como arte, es poner por escrito una serie ordenada de pensamientos, con claridad, coherencia y cierta belleza. Otros no piensan igual. Por ejemplo, para William Faulkner, cuando la técnica no interviene la escritura es más expedita, en cierto sentido. Ernest Hemingway prefiere las oraciones cortas, pocas comas y el uso de verbos en vez de adjetivos cuando así conviene. Otros, de gran linaje, mantienen una inclinación por la continuidad, algunos ponen a cada nombre un adjetivo (García Márquez), y usan un sólo adjetivo, rara vez dos.    Picasso, en particular, y casi todos los artistas han hablado del “otro” como verdadero creador de su creación.   “Me siento habitado por una fuerza o un ser … al que casi no conozco. El da las órdenes, yo las cumplo”, confesó Jean Cocteau.
Es por ese mandato que el escritor se ve precisado a escribir inmediatamente lo que le dicta el “otro” cuando llega el soplo, a la hora que sea y en el lugar que sea.   Un título, una palabra, un giro feliz puede tomar horas, días, meses, hasta que el “otro” esté dispuesto a hablar.
La preocupación del escritor no es acerca de cuántos lectores tendrá sino la seguridad que debe tener de que el lector lo ha entendido y que el mensaje ha influido en él.   La búsqueda de la verdad es una misión muy peligrosa, pues una vez encontrada el periodista debe disparar al blanco.
Para el periodista encontrar la verdad es más importante que la verdad misma. Los que menos saben de periodismo son quienes más lo juzgan.   “El periodismo es un sacerdocio terrible”, y una ambrosía.
<> Artículo publicado el 13  de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.
Mas del autor en:  https://panaletras.wordpress.com/category/barberena-r-manuel-e/
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