¿Futurismo o patrimonio histórico?

La opinión de…

 

Ana Elena Porras

El desarrollo inmobiliario y urbano de la ciudad de Panamá acecha, con su vorágine de rascacielos, al patrimonio histórico y cultural urbano de los panameños.

En este escenario urbanístico subyace un importante dilema que recuerda a Hamlet: ¿ser o no ser? ¿tradición o modernización? ¿patrimonio histórico o futurismo? La preferencia de nuestras autoridades y empresas inmobiliarias, evidentemente, favorece a una modernización a ultranza, con una proyección futurista de alta densidad y grandes torres.

Pero ¿es, acaso, necesaria la oposición entre modernización y desarrollo contra la preservación de nuestro patrimonio histórico?

El presente artículo adopta el paradigma ecológico del desarrollo sostenible respecto al medioambiente, extrapolado al escenario del desarrollo urbano y el patrimonio histórico. En efecto, el paradigma de la sostenibilidad indica que modernización e historia no son inherentemente excluyentes entre sí. Y que la destrucción de nuestro patrimonio histórico y cultural no es intrínsecamente necesaria para el desarrollo y modernización de nuestra ciudad.

Indica además el paradigma de la sostenibilidad, en el marco del desarrollo respecto a la historia en este caso (de igual manera que del desarrollo con el medioambiente), que la preservación de monumentos y edificios iconográficos construyen la memoria colectiva de nuestra historia y fortalecen la identidad nacional.

Los edificios, como las casas, las calles, los parques y las plazas, son como los documentos escritos o los testimonios orales, en el sentido de que ellos también son históricos. Ellos nos cuentan, con su presencia yestilos, historias sobre nuestros antepasados. Constituyen evidencias del recorrido histórico de los panameños. Como los álbumes de fotografías familiares, sólo que, en este caso, los edificios ofrecen imágenes del pasado de la familia panameña en su conjunto.

En este marco conceptual, la torre financiera propuesta por el actual gobierno responde a un proyecto futurista de Panamá, concebida como una torre iconográfica del futuro económico de Panamá como país del primer mundo. Lamentablemente, tan interesante propuesta choca con la preservación del edificio de la antigua embajada norteamericana y del entorno urbano del hermoso edificio del Hospital Santo Tomás. ¿Por qué no buscarle a la nueva torre un espacio urbano más coherente para su estilo, concepto y función?

El Hospital Santo Tomás, conjuntamente con el Barrio de la Exposición, fue construido durante la tercera administración presidencial de Belisario Porras. Estos edificios fueron construidos como un acto de reafirmación del Estado–nación emergente de la República de Panamá, frente a los desafíos políticos y simbólicos de la construcción de la Zona del Canal, que amenazaban la propia existencia de nuestro Estado. En consecuencia, el edificio del Hospital Santo Tomás representa la dignidad y voluntad de autodeterminación del Estado panameño, durante los años de 1920, como también simboliza su política interna como Estado de bienestar social. Por su parte, la Embajada de Estados Unidos, como monumento histórico y símbolo, cuenta historias de neocolonialismo, prepotencia e intervención de ese país en la República de Panamá.

Estos edificios–símbolos, con sus historias, deben conservarse en la cinta costera convertidos en importantes centros culturales: la Embajada de Estados Unidos podría convertirse en el Museo de Arte Contemporáneo, mientras que el edificio original del Hospital Santo Tomás ofrecería el lugar perfecto para el Museo Antropológico de Panamá, con sus respectivas exhibiciones, bibliotecas, cines de arte y cultura, cafeterías, restaurantes, miradores, dignos de la modernización de Panamá ¡una modernización sostenible y no destructiva de su historia! De esta manera, contribuirían ambos edificios a definir y planificar la cinta costera como un espacio urbano amigable, coherente con el deporte, la recreación, la historia y la cultura; el descanso, la reflexión y los encuentros de los habitantes y visitantes de la ciudad.

<> Artículo publicado el 12  de octubre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,    lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

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