El profesor universitario

75 años Aniversario de la Universidad de Panamá.  La opinión del Pedagogo, Escritor y Diplomático…

Paulino Romero C. 

Nuestro homenaje rendido a la Universidad de Panamá, con motivo del septuagésimo quinto aniversario de su fundación (7/10/10), consiste en llamar la atención de sus catedráticos; nos referimos a la calidad del profesor universitario: pensamos en “La Nueva Universidad” que, al mismo tiempo que exige de sus catedráticos un máximum de trabajo, les proporciona un máximum de dignidad material y moral para su subsistencia.
No hay nobleza de conducta de parte de quien exige, si es que exige aquello para lo cual no proporciona las condiciones indispensables de trabajo.
Un profesor universitario es un hombre que vive en sociedad, y no solo una actividad docente;   hay que poner en sus manos todo el material de enseñanza, pero también hay que emanciparlo de inquietudes económicas y dignificarle su vida de familia con una posición decorosa.   Imponer al catedrático un trabajo enfadoso y apretarle su horario hasta la angustia, es precisamente dar oportunidad a que no pueda cumplir con una sola de sus obligaciones.
No puede honestamente atenderse un cargo de tal naturaleza en semejantes condiciones, sin defraudar al estudiantado y sin que el profesor mismo pierda su propia dignidad. La cátedra universitaria supone no una erudición adquirida, sino una erudición que nunca termina de adquirirse; vale decir, que para ser profesor universitario, se necesita estar al corriente de las más nuevas doctrinas en el extranjero y realizar al mismo tiempo una labor personal de investigación y de publicidad.
Las clases de un profesor universitario que quiera serlo con propiedad, no puede ampararse en ningún libro de texto ni siquiera en varios libros de consulta.

 

El profesor universitario debe hacer de su lección un acopio de ideas, de experiencias y de sugestiones personales, que dan por resultado la originalidad del asunto. Esto tampoco quiere decir que quien no sea investigador original, no puede ser catedrático; puede serlo también todo aquel que con preparación suficiente y voluntad de trabajo disimule la ausencia de esa cualidad que muy pocos alcanzan.

 

La propiedad de la cátedra, a la cual tiene derecho el profesor hasta el momento de su jubilación; la opción de los cargos por concurso de títulos, méritos y antecedentes; la docencia libre, son otros tantos temas que no podemos aquí desarrollar por falta de espacio.

 

Diremos, en cambio, que “La Nueva Universidad” funciona como un laboratorio: no se trata de enseñar la verdad, de transmitir la sabiduría, como a la antigua usanza, sino de estudiar, profesores y alumnos en colaboración, a fin de investigar las verdades parciales hasta lograr un mejoramiento progresivo de la humanidad.

 

¡Ya no es el libro la fuente de la receta milagrosa! El libro es un instrumento de trabajo para la acción, y ésta tiene que desarrollarse mediante un concurso de voluntades.

<> Artículo publicado el 11  de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

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