Consejos al señor presidente

La opinión del Abogado….


ERNESTO CEDEÑO ALVARADO *

Es conocido que aunque la popularidad del señor presidente es alta, no es menos cierto que la aceptación de la población, a la gestión gubernamental, ha disminuido en el último tiempo; señal para que se haga un alto en el devenir cotidiano y se tomen las medidas necesarias que el caso amerita, para procurar con ello granjear el apoyo de la ciudadanía hacia la administración de los entes gubernativos.

Acto seguido señalo, solo algunas medidas, que podrían ejecutarse, para tal fin:

1. Consultar debidamente y de manera previa las iniciativas de mayor transcendencia, con aquellos que pudieran estar afectados con las mismas. Al respecto sería procedente se retomara el tema del proyecto de ley que procuraba regular las consultas populares en Panamá.

2. Establecer un equipo de profesionales idóneos y técnicos, para que analicen los proyectos de Estado que se estén ejecutando en el país, a efecto de que estos cumplan con todas las disposiciones legales de la materia.

3. Brindar la seguridad adecuada a los asociados que adversen alguna medida gubernamental, de que se les respetarán siempre sus derechos constitucionales y legales.

4. Exigir rendición de cuentas semanales a los colaboradores, no solo a los ministros, sino a todo aquel que tiene a su cargo una cartera en el gobierno. Se debe exigir el cumplimiento de objetivos y metas. La rendición de cuenta debería aplicarse, luego en todos los mandos medios, de las oficinas gubernamentales, y así sucesivamente de manera descendente.

5. Hacer cambios en el Gabinete, a fin de que se reemplacen a aquellos que no cumplieron con las expectativas de Estado, por otros, de sobrada probidad.

6. Designar mayores voceros en los medios, con credibilidad, conocimiento de causa y calidad de expresión en los temas que deben informar a diario.

7. Compeler a que los ejecutores de programas gubernamentales (en cada entidad), divulguen adecuadamente, las bondades de los proyectos.

8. Cumplir las promesas electorales anunciadas, en la medida de lo posible. Debe informarse a la ciudadanía el número de las metas ya cumplidas y las acciones que se han tomado para cumplir con las otras.

9. Volver más amigable el sistema ‘Panamacompra’, a efecto de que se vean claramente todas las decisiones tomadas, sobre las acciones de reclamos decididas, los contratos públicos y órdenes de compra firmadas, en general.

10. Procurar que las próximas designaciones de funcionarios con mando y jurisdicción tengan sobradas cualidades académicas; trayectoria en el campo designado; excelente reputación moral, probidad y objetividad.

11. Incursionar masivamente en las comunidades, a fin de valorar sus problemas y procurar la pronta solución a los mismos. Debiera descubrirse y consolidarse a los verdaderos enlaces comunitarios permanentes, con el gobierno, alejados de la política, hasta donde sea posible.

12. Sumar, a los proyectos nacionales, personas con gran valía y no necesariamente a personas de trayectoria cuestionable en la sociedad.

<> Artículo publicado el 9 de octubre de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Libertad periodística

La opinión de…

*

Xavier Sáez–Llorens 

Siempre he tratado de buscar un centro de equilibrio a los excesos de partes en conflicto.   La certeza absoluta no existe. Esa visión oligofrénica del bien y del mal, esgrimida comúnmente para imponer puntos de vista, le hace mucho daño a la tolerancia y convivencia pacífica de una sociedad pluralista y heterogénea. Analizo, por tanto, la libertad de prensa desde ambas caras de una moneda.

Con toda sinceridad, considero que el periodismo panameño promedio, dista mucho de poseer estándares de excelencia y honestidad. Gran parte de la culpa la tienen los dueños de medios de comunicación, quienes, por rédito económico, trazan la línea a sus reporteros de lo que deben informar o investigar.   La basura que se vende cotidianamente en televisión, radio y prensa, cargada de superstición, incultura, amarillismo y chabacanería da vergüenza.

Cuántas veces no hemos presenciado la explotación visual de la tragedia humana, en accidentes u hospitales, con el solo objetivo de generar ratings. Tristemente, la ética se desvanece ante la posibilidad de adquirir protagonismo y negocio. Nunca he visto la exhibición pública de un cuerpo mutilado, una víctima ensangrentada o un niño malformado que pertenezca a la familia de un periodista.   Me molesta, además, cuando un reportero mancilla alegremente el honor, la dignidad y la presunción de inocencia de otros, motivado por interés particular o morbo. Un profesional del periodismo debe plasmar la información, sin tomar partido ni prejuzgar a los involucrados. Toda actividad humana debe tener algún límite y la libertad no se escapa a esta premisa.

En teoría, los estamentos jurídicos son los que deben dirimir responsabilidades y culpabilidades de los funcionarios denunciados. El problema sobreviene cuando los magistrados y jueces encargados de impartir justicia están supeditados a directrices militares, políticas o económicas, algo que ha sido habitual en la historia de nuestro vilipendiado país. La prensa, con sus vicios e imperfecciones, es probablemente la única fuerza semi–independiente que existe y la mejor posicionada para alertar a la sociedad de toda la podredumbre circundante. Cualquier persona que decida incursionar en el mundo político, debe saber que se expone al escrutinio constante de la población. Los salarios de servidores públicos proceden de los sacrificios e impuestos fiscales de todos los ciudadanos. Por ende, ellos tienen el deber de rendirnos cuentas y nosotros el derecho a exigirlas.

La mejor forma de verificar este objetivo es a través de una prensa libre, valiente y vigilante. Aun cuando el premio Nobel de Literatura, Albert Camus, hubiera definido al periodismo como el oficio más bello e influyente del mundo, este trabajo está marcado por la voracidad informática y por el vértigo noticioso de cada día. Resulta imprescindible, por tanto, que el rol educativo del periódico se ejerza a través de la verdad, o al menos en plausible aproximación a ella, para que el destino humano sea más honorable. Los temas, notablemente imperecederos, de la injusticia, el abuso del poder, la corrupción, la delincuencia y la iniquidad social, todos generadores de frustración, violencia y miseria, constituyen el pan de cada día en la vida de un periodista. Su misión es tratar de disecarlos, exponerlos al sol, para que la conciencia ciudadana aprenda de la realidad e intente modificarla.

A mi juicio, el fallo reciente contra Sabrina Bacal y Justino González, dos reputados periodistas, es injusto, deplorable y evidentemente intimidatorio. La crónica de ellos sobre una presunta red de corrupción en Migración, resultó ser cierta y proveniente de una fuente identificable.   Es más, este entramado permanece, quizás, aún sin desmantelar. El periodismo de denuncia siempre ha incomodado a los gobernantes y políticos en general. Curiosamente, esos mismos políticos, cuando están en campaña electoral, son los primeros en ensuciar y desprestigiar a sus rivales, aunque carezcan de pruebas concluyentes.   Por lo burdo de la sentencia emitida, dudo que obedezca a una acción directa del Presidente.   La actuación puede representar una sumisión, por parte de los implicados, a los mensajes subliminales que emanan del Ejecutivo para regular al “periodismo de pacotilla” mediante tácticas de amedrentamiento. Independientemente de su génesis, sin embargo, la libertad de expresión está en claro peligro. Paradójicamente, mientras Vargas Llosa es premiado precisamente por esta libertad, aquí se otorga castigo a este derecho humano básico.

Yo lo tengo claro. Si tuviera que elegir entre una prensa de mala calidad y el silencio de los medios, apelaría a la famosa frase del filósofo francés Voltaire, que señalaba, “detesto lo que escribes, pero daría mi vida para que pudieras seguir escribiéndolo”.

<> Este artículo se publicó el 9 de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Por dinero baila el mono

La opinión del Periodista…

Juan B. Gómez 

Quiero referirme a algunas reacciones que produjo mi artículo “ Detener la estupidez”, publicado en este diario el 29 de septiembre pasado. Reconozco que usé términos muy gruesos en ese artículo, pero lo hice porque consideraba que era urgente llamar la atención sobre los problemas gravísimos que pueden sobrevenir a la ciudad de Boquete, por las construcciones que se están realizando en esa ciudad para evitar los daños con nuevas inundaciones. Es decir, que esos trabajos requieren la supervigilancia de profesionales con más capacidad científica, como advirtieron expertos que previnieron las inundaciones anteriores.

También quiero referirme a unos comentarios que expresaron algunos lectores en Internet. Concretamente al que dijo: que al final, nos enteraríamos por qué había escrito yo ese artículo.   “Por dinero baila el mono”.

La verdad, hay personas que no saben lo que dicen.   Según esa persona, yo ando tras un interés económico; y que me han pagado, o me pagarán por lo que escribo. Esto me hizo recordar a la señora que, hace algunos años, me llamó por teléfono para preguntarme cuánto me habían pagado por los más de mil libros,   que yo había regalado a la Biblioteca Pública de David; y yo le contesté que nada, que no me habían pagado nada.   Ella insistió: “Que todos esos libros, que le costaron a usted miles de dólares, usted los ha regalado, así por el gusto de regalarlos…¡ A otro perro con ese hueso!”.

Recordé al señor del SINAPROC, que me llamó por teléfono (mientras estaba en mi programa radial) y me dijo, que una empresa extranjera “subsidiaba” a Carmencita Tedman para que los desprestigie a ellos.   Y también recordé al zoquete que hace unos meses llamó por televisión a Carmencita, “Gringa ñángara”. ¡Qué una mujer tan grande y tan noble exponga su salud y su vida, luchando por la conservación de la naturaleza, porque le pagan para ello!   Cuántas cosas tiene que oír uno en esta vida…

Cuentan que, cuando el gran novelista inglés Somerset Maugham estaba moribundo, una nube de periodistas y corresponsales extranjeros lo rodeaban esperando anotar sus últimas palabras; y que el hombre, de más de 90 años, exclamó antes de morir:   ¡Cuánta estupidez, Señor!

Un famoso escritor español dijo, que el idealismo y la locura de Don Quijote, por luchar por las causas más nobles y desinteresadas, los había enfermado a todos… Y yo diría que no a todos, porque hay personas tan ruines, que son incapaces de regalar un café con leche, sin una intención interesada.   ¡Pobres diablos!

Mensaje del Dr. Carlos Guevara Mann.

“Lo felicito, don Juan, por su columna de hoy (“ Detener la estupidez”), atinada como siempre. Lo mismo que a Ud. me preocupa el recrudecimiento de la arbitrariedad y la imparable devastación del medio ambiente.  ¿Qué hacer para detener ambos fenómenos nefastos? Cordialmente, CGM“.

<> Artículo publicado el 9 de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Feliz cumpleaños, Universidad de Panamá

 

 

La opinión del Catedrático de la Universidad de Panamá…

EDUARDO FLORES CASTRO

La principal y más antigua universidad del país cumple 75 años de haberse fundado, ocasión propicia para hacer un balance crítico sobre su devenir, papel desempeñado, aportes, debilidades y desafíos actuales y futuros. Esto no puede ser soslayado, sobre todo cuando en la actualidad la discusión del tema electoral ha desatado una pluralidad de opiniones y críticas a través de los medios de comunicación sobre la entidad estatal, que debiera ser portaestandarte de la autoridad intelectual y moral que necesita el país.

La Universidad de Panamá surgió tardíamente en 1935, a casi dos siglos de aquella colonial Universidad de San Javier y a más de tres décadas de la independencia de 1903. En el momento de su fundación había una polémica entre los que optaban por una institución de carácter internacional y los que postulaban un ente universitario nacional. Finalmente, nació la Universidad de Panamá, con la orientación liberal y la influencia de modelos universitarios europeos.

Cuantitativamente la Universidad de Panamá ha crecido en la oferta de carreras, matrícula, infraestructuras y presencia nacional, considerada la mega universidad del país. Sin embargo, en los últimos siete años se registra una drástica tendencia hacia la disminución de la matrícula; pues, hemos pasado de 74059 estudiantes en el 2003, a solo 49508 matriculados en el 2010. Esta preocupante reducción de 24000 estudiantes significa un retroceso a la década de los 80. Todo indica que el decrecimiento estudiantil continuará, salvo que se identifiquen las causas reales de ese descenso y la Universidad sea capaz de refundarse, porque de hecho la estructura y oferta académica vigente confronta dificultades para satisfacer las necesidades del sistema socioeconómico y de la población en general.

La realidad de la educación superior ha variado notablemente a la de hace 30 años, pues, la Universidad de Panamá no es la única oficial ni compite con una sola universidad particular, porque las mismas están alcanzando el medio centenar.

Todos aceptamos que nuestro país experimenta los efectos de la globalización del conocimiento y la información, factores que cada vez son más decisivos en los procesos productivos. Esto debe conducir a revolucionar la estructura institucional de la Universidad, encaminada a la adopción de un nuevo modelo universitario, con una visión renovada en donde se aporte al desarrollo sostenible de la nación. Si las universidades son la plataforma donde se produce, transfiere y se crean conocimientos, se debe convertir en fuerza impulsora de un modelo de tolerancia, solidaridad, justicia social y propuestas de solución de los problemas nacionales.

<> Artículo publicado el 9 de octubre de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La palabra, verdugo de los dictadores

-La opinión de…

Mauro Zúñiga Araúz

¡Qué felices serían los dictadores sin medios de comunicación!   La historia es una página abierta en ejemplos. La prensa, hablada o escrita, es inadmisible en los proyectos del déspota. En España durante el franquismo existía un periódico llamado La Codorniz, que era del tipo burlesco.   Cada vez que salía, con permiso oficial, lo cerraban de inmediato, porque le producía sarpullidos al dictador. En nuestro país, para aquellos que olvidaron la historia, el diario La Prensa se convirtió en el verdugo del dictador, al punto de ser cerrado en varias ocasiones. Todos debemos recordar la tristemente célebre frase “desde ya”, cuando se le preguntó al dictador de turno, a partir de que fecha sería cerrada La Prensa. Igual suerte tuvieron Radio Impacto y Radio Mundial.

La libertad de expresión no es un capricho de la democracia política, es un logro, producto de una vieja lucha que costó mucha sangre derramada por cuerpos humanos en el mundo. Los medios de comunicación eran los sirvientes de los dictadores, los encargados de desinformar, de ensalzar, de crearles las alfombras de rosas para que pisaran las botas, zapatos o las zapatillas de sus amos. Pero cuando los medios cometieron el error de ceñirse a la objetividad, de “entrometerse” en lo que no les importa; es decir, romper las barreras de la oscuridad y llevarla a la luz del día, se convirtieron, de ipso facto, en enemigos públicos del poder autocrático.

Ya lo había pronosticado. Martinelli Berrocal empezará por atropellar a los periodistas, a comprar a los medios, a crear el terror, a aniquilarlos. En su desmedido afán eliminará todo lo que estorba. Ya tiene a la Corte, a la Asamblea, al procurador y a la Contraloría. ¿Qué le falta? Los medios, convertidos por derecho propio en los únicos fiscalizadores que hay en Panamá.

Los teóricos del Estado moderno extrapolaron los criterios de Polibio (siglo I a. C.) para referirse al Estado: La monarquía (el poder Ejecutivo), la aristocracia (poder Judicial) y la democracia (poder Legislativo). Se cuidaron bien en la separación de estos tres órganos para evitar la corrupción y la autocracia.

Desafortunadamente, en nuestra precaria democracia política que se vivió después de la caída de la dictadura, la separación entre estos tres órganos no había tenido la firmeza deseada, pero se dio. Hubo fiscalización y hubo control. Yo diría que hubo un momento en que se exageró el control de los fondos públicos, lo que hizo más lento el proceso burocrático. Se pecó por exceso.

Hasta hace poco era habitual que la Contraloría no refrendara los actos públicos que se presentaban incompletos o irregulares. Ahora, eso es historia. Nadie me ha podido decir, ¿cuántas contrataciones directas que emanan del Ejecutivo han sido rechazadas por la Contraloría?

No hay fiscalización, no hay control. Hay un sometimiento absoluto al poder presidencial. Miremos las sanciones contra los periodistas de TV desde una óptica integral: la consolidación de la dictadura.

Este tipo de dictadura de nuevo cuño que se ha iniciado en Panamá y se extenderá por el resto de América Latina, no necesita a un uniformado dando órdenes. Basta con un civil con un desmedido apetito de poder y dinero. Ya estamos remilitarizados. Gracias a los medios de comunicación nos enteramos de este innecesario equipamiento militar. Gracias a ellos, nos seguiremos enterando del progresivo enriquecimiento de aquellos que entraron millonarios y saldrán megamillonarios, dignos de las portadas de las revistas Forbes o Fortune.   Los medios denunciarán lo que el gobierno piensa hacer con los indígenas de la comarca de Bocas.

No podemos permitir que cristalicen sanciones, que no son solo contra dos periodistas, sino contra los medios de comunicación social convertidos en los verdugos del dictador.

<> Este artículo se publicó el 9 de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

No puede haber desarrollo económico, sin libertad de expresión

La opinión del Profesor…

Eric  Aragón


El señor Guido Rodríguez, presidente del Forum de Periodistas, hizo una serie de señalamientos sobre la libertad de prensa, a raíz de la condena de los periodistas Sabrina Bacal y Justino González, que merecen que toda la sociedad panameña, le prestemos mucha atención. Véase la edición digital del diario Panamá América del día miércoles 6 de octubre del presente año. Estas declaraciones se dan a través de una conferencia de prensa, en la misma fecha del diario citado, en la cual estuvieron presentes otros periodistas y profesionales connotados. 

El Licenciado Rodríguez, se refirió al hecho de que el Gobierno está por un lado haciendo todos los esfuerzos a nivel internacional para lograr una mejor evaluación en el ámbito económico y financiero, de modo que nuestro país sea recomendado como un lugar adecuado para las inversiones y negocios a nivel mundial. Y esto es precisamente, la labor fundamental de estos organismos, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que velan por el cumplimiento de todas aquellas recomendaciones que se hacen a los países, para garantizar un país seguro para las inversiones extranjeras y para recibir apoyo en todos los aspectos de las naciones industrializadas, como las de Europa y de nuestro mayor y más importante socio y ejemplo de democracia y libertad de prensa, los Estados Unidos de América.

De la calificación que obtenga el país dependerá que se firmen muchos acuerdos y tratados necesarios, para los países en vías de desarrollo como nuestro país Panamá, que tanto apoyo requiere. Daba a entender con sus palabras muy atinadas, el señor Guido, que por otro lado el Gobierno estaba perjudicando su excelente labor con las últimas actuaciones, de minimizar los grandes avances en materia de libertad de expresión. Por cierto, muy bien explicado por el Presidente del Forum de Periodistas, en el programa del día martes, en horas de la noche, Debate Abierto, de Canal 4.

Permítame señor Guido manifestarle que en nada se equivocó.   El Gobierno con excelentes economistas y empresarios, debe hacer un alto para reflexionar mesuradamente en torno a este problema, que de seguro, si no hacemos nada, estaremos llevando al país a un enfrentamiento entre dos bandos: el Gobierno y la sociedad panameña. Porque es un asunto que nos compete a todos.   Por ejemplo, en estos momentos me toca dictar unos cursos a una gran cantidad de jóvenes estudiantes, que se preparan como técnicos superiores, en áreas en que, en los últimos años, han alcanzado un gran desarrollo en nuestro país Panamá y que todo apunta que aún seguirán creciendo: tales como, el sector turismo, financiero y de recursos humanos. Les explico -a los alumnos- el valor de la competitividad a nivel local e internacional; la importancia de mirar el recurso humano, como un activo fundamental, para que las organizaciones logren sus metas y calidad en los servicios; y de la responsabilidad que le toca a los Gobiernos de crear un país propicio y seguro para que todo lo anterior se dé.

Y todo empieza con el respeto a las libertades básicas de los individuos, como la libertad de opinión. Y es que precisamente en el juego de ideas y críticas, tanto las organizaciones, como los Gobiernos pueden corregir sus errores y mejorar su futuro.

Por otro lado, cuando sometemos al país a este retroceso, todos perdemos. Ya que es aquí donde aquellos individuos y grupos frustrados y extremistas, saben capitalizar la situación para sacar provecho. Tal como ha ocurrido en algunos países vecinos. Y cuyos gobiernos lo primero que han pretendido es acabar con los medios de comunicación y con todo indicio de libre expresión, llevando a la sociedad al mayor oscurantismo y violencia… ¿Queremos esto para nuestro bello país?

Todo lo que Panamá a nivel internacional ha conseguido, lo puede perder. Hoy día los canales de comunicación se han sofisticado tanto, que es casi imposible detener el flujo de información, que viaja a la velocidad de la luz; de manera tal, que los ataques a la libertad de las personas, de los medios de comunicación y expresión, simplemente, porque a alguien no le gusta que lo pongan en evidencia, corre -la información- por todos los países desarrollados y organismos internacionales, que al final volverán a calificar al país desfavorablemente y todo los esfuerzos hechos quedarán en nada.

“Jamás podrá haber desarrollo y crecimiento económico, sin libertad de expresión y de prensa”.

<> Artículo publicado el 9 de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

La Cajita Mágica

Para algunos, es un objeto que se luce por vanidad, para exhibir como un símbolo de estatus social; para otros, un objeto de utilidad cotidiana… también existe una minoría que hace menos uso  de él.     La opinión del artista veraguense residente en Florencia,  Italia…

ARISTIDES UREÑA RAMOS  –


Florencia, Italia, 5 de octubre del 2010.— Como todos ustedes comprenderán, en Florencia, siendo una ciudad frecuentada por muchos turistas, en cada plaza y callecita, hay lugares para el refrigerio y el reposo de sus visitantes… me encuentro sentado en una característica refresquería de Piazza Santa Croce, la cual frecuento con asidua regularidad, en espera de mi cafecito tinto…

Es allí, entre el ir y venir de la multitud, que noto, en el barandal de madera que nos separa de la augusta calle, un letrero publicitario con el anuncio de una conocida marca de reloj, que propone su nuevo modelo… estéticamente agradable como publicidad, a su vez la línea del diseño del reloj propuesto sobria y clásica, de claro estilo italiano… mi mirada, en su descuidado buscar, me lleva a posar los ojos en la parte superior del techo de lo que queda de un viejo monasterio de edad medieval, donde se encuentra una antigua ‘Meridiana’.

La Meridiana o reloj de sol, es un instrumento usado desde tiempos muy remotos, para medir el pasar de las horas, un mecanismo simple, que usando una varillita, al reflejo de su sombra, permite marcar una posición que indicará cada día un preciso momento del paso de la luz solar.

—Pero… hablando de relojes antiguos, tengo que hacer alusión también a la Clepsidra o reloj de agua, que data de la antigüedad egipcia, y que era usada generalmente en la noche, cuando los relojes de sol no eran útiles, por razones obvias.—

Soy interrumpido en el divagar de mis pensamientos por la llegada de mi cafecito, pero ya siento que en mi mente se han conjugados esas premisas que activan el gran juego de las memorias, que a través de los objetos nos abren el camino de chispeantes reflexiones.

El reloj de pulsera, esa cajita de metal que contiene pequeñísimas piezas mecánicas y modernísimos chip electrónicos, amarrados con correitas para el pulso de piel o de plástico —de una increíble infinidad de colores— ha pasado a ser un objeto que hace parte de nuestra vestidura cotidiana, pero esconde una de las hazañas más grandes que el pensamiento humano haya realizado: El salto en la oscuridad para controlar el Tiempo.

Florencia —una ciudad del renacimiento—, siendo, primero que todo, la Ciudad del Crecimiento Humanístico, donde el poder de la sabiduría, de la búsqueda de la dimensión del hombre, a través de su desarrollo intelectual, retaba al oscurantismo en algunas concepciones religiosas limitadas, llenaba la ciudad con MERIDIANAS SOLARES, que generalmente eran colocadas en la parte superior como mensaje de que el intelecto del hombre toma la parte superior de las cosas divinas… y aquellas terrenas sus dimensiones de moralidad individual… da una señal del reto repetido y cumplido por el hombre a través de su historia. Y una nueva visión de comprender la parte ancestral de lo divino.

El control del TIEMPO, desde la aurora del hombre, fue un salto en la oscuridad, porque los fenómenos y caprichos de la naturaleza eran interpretados como señales de lo divino, del castigo de Dios o de dioses ansiosos de sacrificios, de macabros rituales de agradecimiento… El reto del hombre en comprender y descifrar lo misterioso era enfrentar un territorio desconocido, el entrar en la parte oscura del miedo y desvelar la verdad de las cosas, los profanadores del ignoto se ingeniaban por tratar de dominar el pasaje del periodo que cumple la luz, a la llegada de la noche oscura… y así fue que, caminando en esta dirección, no solo llegan a controlar y a organizar el tiempo, ellos desarrollan sus estudios del inmenso manto celestial, de sus astros y de los espacios infinitos.

Un reto repetido en el tiempo, que ha dado lugar y dimensión de las cosas que tocan al hombre en este Universo… y llevando a colocar las necesidades ancestrales de lo divino, al lugar que le compete… el comprender el mecanismo del tiempo no es contrario al credo religioso, porque las esferas oscuras ayudan al credo de las supersticiones y no al acto de una verdadera fe.

Alzo la mirada, respirando el aire que circula en esta bellísima plaza renacentista, llamo a la camarera para pedir mi cuenta… y, al llegar a mi mesa, le pregunto cortésmente: —‘¿Qué hora es?’—… ella, con una pícara sonrisa, comprendiendo que pertenezco a aquellas personas que no usan reloj de pulso, me dice, con voz gentil y dulce: —‘Es la hora de que se compre un reloj, don Aristides’—.

<> Artículo publicado el 9 de octubre de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.