Proclama por los caídos

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11 DE OCTUBRE DE 1968.  La opinión de…

Giovanni Niedda Alvarado

Sólo una mente estéril olvida el pasado manteniéndose cohibida frente a un futuro que se hace cómplice de la amnesia de ella misma.   Hay quienes dicen que el golpe militar del 11 de octubre de 1968 debió ser defendido.  Que aquellos días de luchas desesperadas debimos realizarlas junto con la población, para evitar que 19 años después se sacaran los pañuelitos blancos, en un país ya deteriorado.

Tal vez hubiesen muerto menos cantidad de ciudadanos panameños de los que yacen en sus tumbas y de los que no aparecen; tal vez hubiese muerto más gente, pero no tendríamos una invasión extranjera y una veintena de años pesando sobre nuestra soberanía, democracia y el deterioro social que conllevó la permanencia de una dictadura militar.

La muerte de tantos combatientes por la democracia jamás debe ser olvidada, así como tampoco los sufrimientos de sus almas antes de morir, sabiendo que dejaban también lastimados a padres, hermanos, esposas e hijos.

El dolor físico intenso ante las torturas despiadadas y la valentía de sus corazones deberán ser exaltados ante la faz nacional e internacional, para que su sacrificio no quede en vano y se sepa que aquí en Panamá se peleó duro y que, aunque no debemos olvidar a aquellos panameños soldados oficialistas que también murieron por lo que pensaron era su deber, tenemos la fibra que nos mantendrá libres en el mañana y que los merecedores de castigo, los militares golpistas que no pelearon, aunque caminen libres por nuestras calles, sus pies se hincharán por el peso de sus conciencias y morirán así, sin las botas puestas, pero que mientras vivan deberán deambular cabizbajos, con vergüenza, con respeto, en consideración por los familiares de las víctimas, tanto de los soldados constitucionalistas que se alzaron en la ciudad Capital, Coclé, Veraguas y Chiriquí, como de los soldados oficialistas que enviaron a morir para repeler el contragolpe.

Los que quedamos vivos, tendremos nuestro propio cuento para contar, con la esperanza de poder resarcir la desaparición de nuestros compañeros y recordarlos a través de actos de reconocimiento que permitan a los ciudadanos que nacieron desde los años 70 en adelante percibir con regocijo un pedazo de la historia panameña que parece haber sido enterrada con los muertos del golpe de Estado de 1968.

<> Este artículo se publicó el 8  de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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