Del ‘power point’ al ‘power people’

La opinión de la Diputada de la República…

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Marylín Vallarino

Esta frase tan simple y tan sensata la dijo el ex presidente colombiano Álvaro Uribe cuando quiso ejemplificar la diferencia entre trabajar para la gente encerrados en cuatro paredes, elaborando cifras y gráficos que reflejan una percepción algo parcializada o cuando, por el contrario, se experimenta la realidad del entorno mediante el contacto directo con las comunidades.

Confieso que cada vez que asisto a conferencias internacionales que hablan sobre “el estado del arte”, en lo que respecta a temas tan relevantes como el empoderamiento de la mujer, como uno de los objetivos de desarrollo del milenio, o del terrible flagelo de la trata de mujeres, niñas, niños y adolescentes para convertirlos en esclavos modernos con fines comerciales y sexuales y otros temas que afectan de manera directa a esta población vulnerable, no puedo evitar cierta desazón al comprobar que se han convertido en conversatorios interminables sobre lo que se debe o no hacer, muchos diagnósticos, buenos deseos, leyes a granel, recomendaciones y acuerdos para en próximos encuentros seguir debatiendo sobre lo mismo, una y otra vez, sin aterrizar en respuestas prácticas y confiables.

Ese es uno de los grandes problemas que enfrentamos para paliar los males que aquejan a nuestra sociedad. Nos hemos quedado estacionados en el dicho, y el trecho que nos falta para llegar al hecho se antoja cada vez más lento por obstáculos como la falta de voluntad, la pesada carga burocrática o simplemente el desinterés.

Una de las pocas buenas cosechas que he tenido la posibilidad de presenciar como testigo de excepción fue en un encuentro al que asistí con otros legisladores del continente realizado en Cuenca, Ecuador, en un congreso denominado “Combatiendo la Violencia Contra las Mujeres y las Niñas”; cuando tuve la oportunidad de exponer el vía crucis experimentado por la familia de Alí Cuevas para que se hiciera justicia en su caso, ya que el homicida se encontraba amparado por las influencias de un hermano legislador del Congreso mexicano, mis colegas mexicanas no daban crédito a lo que les exponía y terminaron declarándose ignorantes de lo que estaba sucediendo, pero comprometidas a esclarecer ese caso.   Afortunadamente, a pocos días de cumplirse un aniversario del asesinato de Alí, nos llega la buena noticia de la condena a 42 años y seis meses de su victimario.

Me doy cuenta de lo importante que es esa solidaridad genuina para lograr los objetivos que a nivel de país y región nos debemos seguir trazando para alcanzar el nivel de calidad de vida que todos merecemos tener. El ingrediente fundamental es el accionar, abrir los ojos a esa realidad que nos golpea a la cara y empezar con pequeñas acciones, desde la individualidad hasta lo familiar, desde lo vecinal hasta lo comunitario, desde los corregimientos hasta las provincias y de allí a nivel país.

No basta sólo estar preñado de buenas intenciones o que nos condolamos por un episodio de injusticia o inequidad hacia un semejante; debemos tender la mano no sólo para meterla en el bolsillo y dar dinero (lo cual es necesario pero no sustentable), debemos poner en práctica la solidaridad en el conocimiento, en el ejemplo, en lo que podemos aportar desde nuestro nicho particular y transformarlo en práctica eficiente y modeladora para beneficio de pocos o de muchos, lo importante es hacer.

Ayudar a transformar la incapacidad en capacidad, como lo expone Amartya Sen (Premio Nobel de Economía), las personas en situación de desventaja, por falta de educación, pobreza, maltrato o explotación, no deben ser consideradas como entes pasivos que sólo reciben ayuda, sino como motores de generación y cambio de desarrollo y justicia con una guía oportuna; modelo que aplicamos en Fundader Arraiján, donde de manera holística proveemos a nuestros beneficiarios de herramientas para su autonomía.

El desarrollo se basa en la libertad y oportunidad de superar la incapacidad, esto incentiva a los individuos a aumentar sus capacidades innatas para que les permitan vivir de mejor forma, asegurándose un mayor desarrollo y bienestar. Esa es la forma más inteligente y perdurable de poder transitar del “power point” al “power people”.

<> Este artículo se publicó el 29  de septiembre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

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