Un hijo, un regalo

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La opinión del prestigioso médico y destacado miembro del Club Rotario….

CARLOS VÁSQUEZ

‘No hay regalo más precioso de Dios como tener un hijo sano’. Pero Ser sano no es ausencia de defectos o enfermedades, es algo más profundo que está unido a la vida misma; disfrutar plenamente de un completo bienestar físico, mental y social.

El hijo viene al mundo como producto del amor de sus padres.   ¡Qué lindo suena todo esto!   Pero cuán diferente es lo que se vive diariamente.   Con qué facilidad son traídos a este mundo luego de una relación hedonista, huérfana de afecto y respeto.   Otros nacen en un ambiente donde no existe amor, hogares rotos, donde hay un solo progenitor; en ambientes donde se le maltrata e irrespeta, donde carecen del alimento material y espiritual.

Hay una enfermedad social, ‘aceptada’ y arraigada como algo ‘usual’, que obstaculiza los nacimientos, por ejemplo casarse, disfrutar la vida, los hijos que esperen.   Se coloca al hijo como un bien, lo adecuamos a nuestros gustos y placeres.   Cuando nacen, los tenemos en casa, alguien con quien jugar. No tienen derecho a protestar por nuestras ausencias de trabajo.   Lo hacemos para que no ‘les falte nada’, pero justamente les negamos lo más importante: Nosotros mismos, nuestro amor.

Cuán indefensos están… expuestos a caprichos egoístas y alevosos, cuando se les niega el derecho a vivir.   Si nacen necesitan de un cuidado amoroso de una madre, controles médicos; en fin, un ambiente único y adecuado, para que reciba los estímulos y desarrolle al máximo sus potencialidades. Este ambiente debe ser gratificante y estimulante, para que forme su carácter y adquiera una personalidad que lo haga apto y digno.

Tener un niño sano implica ser padres en todo el sentido de la palabra, o sea trabajar con seriedad en su formación integral, no dejando en manos de terceras personas aquello que nos corresponde. Inculcar valores, ser congruente en lo que decimos o exigimos. Si pedimos al niño que no mienta, no debemos mentir.

El amor es un elemento primordial en la salud del niño, le da alegría de vivir y sentido a la vida.   P ero para amar y enseñar a amar a nuestros hijos, se debe tener una comunicación abierta y sincera con ellos.   Conocer y aceptar lo que dicen y lo que no, observar sus gestos, su semblante, sus comportamientos.   Un patrón de hiperactividad es una manera de trasmitir lo que no se atreven o no saben comunicar… es un escape de ser distintos a como les exigimos sean.

Pensamos que muchas familias son felices, porque lo tienen todo; sin embargo, al mirar con detenimiento, carecen de lo más elemental, el amor. Un hijo es entrega, horas de sueño, privaciones, pero como padre, sé que es un regalo maravilloso, que toca las fibras más íntimas del ser.

<> Artículo publicado el  7 de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

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