Hambre y miseria para más trabajo infantil

La opinión del periodista…

RAÚL EDUARDO CEDEÑO 

Hace poco tuve la oportunidad de apoyar a mi esposa con el sondeo para un trabajo de su universidad sobre el trabajo infantil en Panamá. Resultados que ya esperábamos salieron a flote, pero esta vez ellos nos gaznatearon el rostro: dolor, angustia y hambre permeaban de los jefes de familia entrevistados, no solamente por la angustia económica que están viviendo sus familias, sino por la angustia de tener un hijo menor de edad trabajando en la calle, ausentes de todo plantel educativo y sometidos a la infame enseñanza de otros que de seguro nada bueno les darán.

En materia legal, Panamá tiene asegurada la tutela jurídica de la infancia y poco a poco se está notando que más organizaciones se suman a esta gestión para reducir el trabajo infantil. A pesar de ello, considero que no somos conscientes que el problema de la vida laboral de los menores no requiere solamente ser enfocado bajo los aspectos jurídicos, sino también desde el punto de vista económico familiar, porque es de allí donde brota la necesidad de que esos niños y jóvenes consigan una fuente de ingreso para apoyar económicamente a sus padres en la alimentación diaria, en el pago de la vivienda, la luz, el agua y también los gastos escolares de hermanos menores.

 

Estos serios problemas de la infancia nacen de la precariedad económica que hoy aumenta por el alto costo de la vida, y a ella le debemos poner el mismo o mayor cuidado que a la salud de los menores, su abandono, la delincuencia precoz, la iniquidad social, la desorganización familiar, la educación y la protección moral del menor y el adolescente, entre otros.

Tenemos que fortalecer la consideración pública de que son acreedores los niños y la juventud; formemos una conciencia social profunda y sólida sobre la importancia que ello reviste pero destacando aquellos factores de orden económico, más nunca prestigiemos el indiferentismo frente al sacrificio permanente de una gran masa de niños que constituyen la juventud panameña. ¿Hay que castigar severamente a aquellos padres que malbaratan sus salarios como un zoquete en placeres innecesarios y hasta inmorales? ¡Hagámoslo, y bien duro! Así destruiríamos la inercia que puedan haber ganado los corazones y el sentimiento de los panameños frente al niño desamparado moral y materialmente, despertando a la realidad social que vive nuestra niñez en todo el país.

 

<>  Artículo publicado el 3 de octubre de 2010  en el Diario El Siglo,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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