¡Panamá!

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La opinión de…

Luis Alberto Castrellón Oller

Narran los libros escolares de historia de Panamá que el origen del nombre de nuestra nación tiene varios significados, uno porque había muchos árboles frondosos en esta región a los que los aborígenes le llamaban Panamá; el segundo, porque en la época que se descubrió Panamá, el mes de agosto, había abundancia de mariposas, lo que en lengua indígena se denomina Panamá y, finalmente, porque había una aldea de indígenas pescadores y ello significa “abundancia de peces”.

En años recientes, a los visitantes a nuestra ciudad y país les llama la atención la cantidad de árboles que aquí existen y lo han denominado “Panamá la Verde”, por tener bosques y flora que producen precipitación pluvial y, con eso, nuestras quebradas, riachuelos y ríos tendrán abundancia de agua. Sin embargo, en las últimas décadas propios y extraños han generado una corriente devastadora para realizar desarrollos comerciales, habitacionales e industriales que, si bien es cierto son buenos, sus efectos de mitigación del impacto de la deforestación, pareciera que no son los adecuados.

Además, cuando se sobrevuela el territorio de las provincias de Darién, Panamá, Veraguas y Chiriquí se observa la deforestación de nuestra flora y bosques naturales por actividades de pastoreo extensivo y lo más impactante es que en parte de las provincia de Veraguas y Coclé –donde se han realizado o realizan explotaciones mineras desde hace más de dos quinquenios– la deforestación es rampante y los caudales de los ríos cerca de las explotaciones mineras se tornan rojos, como si les hubieran arrancado un tajo a las entrañas de la nación, producto de la erosión de los suelos al quedar carentes de vegetación y bosques.

Los hechos indicados son ciertos e irrefutables y conducen a las siguientes preguntas y respuestas. ¿Tiene nuestra nación vocación minera como Chile, México o Perú, cuyas explotaciones mineras en su mayoría están en áreas desérticas? No.

¿Qué beneficio sustancial inmediato obtenemos como nación, si permitimos que se destruyan nuestros bosques, vegetación, flora y se alteren los ecosistemas? Ninguno.

¿Vale la pena devastar nuestros bosques, vegetación, flora y alterar los ecosistemas, so pretexto de todo el cobre, plata u oro del mundo? La respuesta es, un rotundo no.

Lo que debemos hacer para mitigar la deforestación es revisar las normas legales que brindan incentivos tributarios para reforestar, y las que establecen políticas y planes para mejorar el ordenamiento forestal y del ambiente.

Por ello, es de suma importancia que nuestro país adopte una política de Estado para continuar con los planes, programas, actividades de reforestación y mejoramiento ambiental de manera ordenada, buscando repoblar el territorio con especies nativas que permiten un cultivo adecuado y comercial de los bosques en todo su ciclo, con especies nativas como el cedro espino, cedro amargo, caoba; con especies ornamentales o de sombra como el espavé, corotú, guayacanes, y con especies frutales como mangos, marañón, guanábana o cacao. Todo esto permitirá que tengamos mayor precipitación pluvial, abundancia de agua, flora de un verde exuberante, fauna, peces y árboles, eso es Panamá, protejámoslo.

 

<> Este artículo se publicó el 3  de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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