Elección popular de gobernadores

La opinión del Docente Universitario y Ex Legislador de la Repùblica…

Vicente A. Caballero Díaz

El artículo 184 de la Constitución Política del Estado, le consagra la atribución al Presidente con la participación del Ministro respectivo, de nombrar y remover a los Gobernadores de Provincias, y ha sido de paso, una tradición en toda la vida republicana. Podría sobrevenir como una innovación en la modalidad del cambio, hacer nuevos planteamientos mediante el análisis correspondiente, de tal suerte que, al reformarse la Carta Magna del país, se introduzca esta nueva figura electoral.

La imagen del Gobernador desde los años de la conquista e inicios de la colonia, era una figura principal reconocida y con mucha autoridad. Hoy día tiene que manejar un territorio y una población con características diversas. Debe responder a labores multifacéticas, entre otras, como de supervisor, evaluador, coordinador, inspector del Gobierno Central y adentrar en las políticas, planes y programas de trabajo del gobierno nacional, provincial y municipal y en lo referente a las Entidades Descentralizadas de la región. La ley que data de 1987, eleva esta figura antes dicha, como la autoridad máxima de la Provincia, convirtiéndose en el jefe superior en materia de Policía, es digna de una revisión a la luz de la realidad socio política actual.

La investidura de un Gobernador, producto del sufragio popular, le dará mayor prestigio en el ámbito político, provincial y nacional. Una figura de tal relieve que represente la población electoral de cada provincia, como resultado del voto directo y secreto, servirá de ejemplo para cumplir y desarrollar sus extraordinarias funciones en beneficio de la Región, del desarrollo de cada provincia y Municipios, con mayor autoridad y respeto. Una figura “macro administrador” de la economía y de las políticas del Estado, no puede estar supeditada a un Ministro de turno y menos a los vaivenes de los intereses que tropiezan a menudo con la nueva visión de país y del interior, capaz de contribuir con el engrandecimiento turístico, económico, cultural y social, entre otras aristas del conocimiento humano.

Comprendemos perfectamente bien, las trabas jurídicas y políticas que podrían anteponerse a este “proyecto de cambio”, pero importa que la Nación entera, soporte de la Democracia rejuvenecida, no duerma; que aprovechemos las experiencias de países amigos de América y Europa donde el ciudadano del campo y de las ciudades elige a sus propios Gobernadores. Se dan el lujo de escoger y premiar a los mejores ciudadanos o ciudadanas mediante la voluntad consciente, para que puedan encauzar, por los mejores senderos, los destinos de la patria chica.

Este decisivo paso que pueden dar hoy día los Diputados, “los llamados padres de la patria”, tendiente a cambiar la Carta Magna, que ya es un clamor nacional, nos llevaría a modernizar la Constitución Nacional en sus aspectos sensitivos que hoy han cobrado interés y han hecho crisis que, en el futuro, tendrían serias repercusiones.

Entreguémosle al pueblo el derecho de encontrar a los mejores hombres que podrían ocupar este alto cargo.

<> Artículo publicado el 30 de septiembre  de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

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