La sexualidad es una expresión

La opinión del Abogado, Locutor y Analista político…

LUIS CARLOS GUERRA

He observado con mucho detenimiento el tema del reconocimiento, mediante ley del derecho a elegir una orientación sexual, que busca, según sus proponentes ‘se respete el derecho a elegir nuestra orientación sexual y nuestra identidad de género, para que sea reconocido como un derecho en nuestro país’.

La Asamblea Nacional de Diputados tiene ahora en el proyecto de Ley No. 50, que da derechos a homosexuales y lesbianas y sanciona a quienes discriminen a este grupo un debate más que jurídico, moral, dado que incorrectamente, como lo apuntan sus detractores, este proyecto no posee características de inconstitucional,  pues si se lee,  da cuenta que busca reforzar el derecho de libertad de expresión y pensamiento de los ciudadanos que desean hacer pública su orientación sexual, entiéndase bajo este parámetro; heterosexuales, homosexuales, bisexuales, asexuales, transexuales y hasta se habla de la pansexualidad u omnisexualidad.

El proyecto de ley sería inconstitucional si plantease como reconocimiento la unión matrimonial de ciudadanos del mismo sexo; sin embargo, el debate de fondo es sancionar a aquellas personas que generen acciones discriminatorias contra una persona que profese, exprese, su posición acerca de cómo asume, cree, piensa o interpreta su sexualidad.

La sociedad humana tiende a ser farisea; y esto lo entendió Jesús al reclamarle a los miembros de la principal secta política religiosa judía de su tiempo, pues era de conocimiento público su hipocresía, porque fingían una moral, sentimientos o creencias religiosas que no tenían o practicaban realmente.

La línea de pensamiento puede aplicarse a los políticos del país, al tratar temas de relevancia nacional, muchas veces la población solo escucha estupefacta como tergiversan realidades para aprobar o desaprobar proyectos o acciones, a conveniencia de las coyunturas políticas o intereses personales; es decir, lo malo o lo bueno, lo será en la medida que se apegue al querer personal o económico de ‘alguien’, lejos de la esperanza de la población que creyó, confió, en ellos.

¿A quién afecta la idea que una persona pueda expresar su orientación sexual sin prejuicios?; a la familia, los niños, la religión, la moral; ¡vana hipocresía! si la realidad es que tenemos muchos más bombardeos mediáticos que inducen hacia una sexualidad libertina, que hace mucho más daño frente a la permisión legal de escoger y aceptar a libre albedrío la naturaleza de la propia concupiscencia como un derecho inalienable del ser humano a pensar y expresarse, a ser libre o condenarse.

A fin de cuentas, ¿a quién le toca juzgar o discriminar el proceder humano?;   Dios dijo: ‘¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!’, pero asimismo determino: ‘Solo hay un dador de la ley y juez, que es poderoso para salvar y para destruir; pero tú, ¿quién eres que juzgas a tu prójimo?’.

<> Artículo publicado el 25 de septiembre de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,   lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

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