El indulto y delitos contra el honor

La opinión de…

Ernesto Cedeño Alvarado

El indulto presidencial está consagrado en la Constitución en el artículo 184 numeral 12, precisado para los delitos políticos. Sin embargo, no hay norma en nuestra legislación, que defina lo que se considera delito político.

Aclaro que hay ausencia de una concreción legal sobre lo que son “delitos políticos”, sin embargo, no implica que no haya disposiciones explícitas que excluyan a ciertas especies de delito de ser subsumidas bajo el concepto de delito político. Tampoco implica que no sea posible realizar una concreción hermenéutica, típica del control de la constitucionalidad que ejerce regularmente la Corte Suprema de Justicia.

La Corte Suprema de Justicia en pleno, en sentencia de 30 de junio de 2008, en ausencia de una norma legal que desarrolle el concepto constitucional de delito político, interpretó que los delitos a los que hace alusión la frase “delitos políticos”, en el numeral 12 del artículo 184 de la Constitución Política de la República de Panamá, se refiere a los delitos contra la personalidad interna del Estado y los delitos electorales.

Se hace por tanto constitucionalmente inviable, por ejemplo, el indulto por delitos ecológicos, contra la vida y la integridad personal, contra la administración pública, contra el honor, contra el patrimonio, contra la fe pública, contra la seguridad colectiva, contra la economía nacional o la tenencia ilegal de explosivos; a menos que en estos delitos comunes se acredite que la comisión del injusto penal es consecuencia de las circunstancias socio políticas del momento o que la intención del agente estuvo dirigida a transformar ideologías o prácticas afines a la política estatal.

De lo antes expuesto se colige que sí es jurídicamente posible, contemplar la calumnia e injuria dentro de los delitos políticos, conforme al fallo de la Corte, concluyendo que el delito contra el honor consumado, fue consecuencia de las circunstancias socio políticas del momento o que fue dirigida a transformar ideologías o prácticas afines a la política estatal.

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<> Este artículo se publicó el 26  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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La opinión de…

El crecimiento de pocos

La opinión del Economista, Político y Docente Universitario …

Juan Jované 

Hace apenas algunos días altos funcionarios del actual gobierno anunciaban, con una certidumbre digna de mejor causa, que estaban elevando sus expectativas de crecimiento de la economía hasta un 7.0% para el presente año.   Se trata de una visión bastante optimista teniendo en cuenta, por ejemplo, que la recuperación internacional se puede calificar de lánguida, mientras que analistas tan importantes como Nouriel Roubini y otros llaman la atención sobre los efectos de una posible guerra cambiaria, todo esto en condiciones que el Ministerio de Economía y Finanzas apuesta a un crecimiento extrovertido.

 

Sin embargo, la mayor dificultad en los planteamientos del sector oficial es que los mismos no hacen ninguna mención de cuál es el real impacto que ha tenido, en base al modelo dominante, el crecimiento sobre la suerte de los panameños y panameñas de a pie. Es así que si bien muchos han celebrado las altas tasas de crecimiento que mostró la economía entre el 2004 y 2008, con un promedio anual de 9.1%, lo cierto es que esto en la práctica significó mucho para pocos y poco para muchos. Si se mide en términos reales, es decir a precios de 1996, pese a que el ingreso nacional promedio per cápita se elevó entre esos dos años en B/. 1,473.64, lo cierto es que en el decil más rico de la población este incremento alcanzó a B/. 5,570.12, mientras que en el decil más pobre fue de apenas B/. 176.35.

Más aún, se puede señalar que del total del crecimiento observado del ingreso nacional en el período señalado, el 20% más rico de la población logró apropiarse del 56.1% de sus frutos, mientras que al 40% más pobre le correspondió apenas el 12.3%.

Si recordamos, tal como lo destacó Juan XXIII en su Mater et Magistra, “que el desarrollo económico y el progreso social deben ir juntos y acomodarse mutuamente, de forma que todas las categorías sociales tengan participación adecuada en el aumento de la riqueza de la nación”, resulta evidente que nos encontramos frente a un crecimiento sesgado, concentrado y que rompe con lo que el Papa Bueno llamó “un precepto gravísimo de la justicia social”.

Esto se confirma si se tiene presente que, pese a todo esta expansión, en el 2009 se observó que el 6.6% de la población económicamente activa estaba desocupada, mientras que el 14.3% de los ocupados se encontraban subocupados y el 42.1% de los trabajadores no agrícolas podían ser calificados como informales.

Se trata de una situación que carece de todo sentido de equidad, que destaca la profunda falta de solidaridad que se encuentra en la naturaleza misma del esquema oficial de crecimiento, a la vez que se muestra su insostenibilidad en el tiempo. No en vano Alicia Bárcena, actual Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, ha afirmado que “la desigualdad mina, tarde o temprano, la estabilidad política y erosiona el consenso en que se basa la estrategia de desarrollo”. Se trata de un consejo que no se puede dejar de atender.

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<> Este artículo se publicó el 26  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Martinelli, ¿culpable o inocente?

La opinión de…

Albis Riquelme  

Durante los últimos 16 meses de gobierno, hemos sentido que al Presidente se le sigue una suerte de sumario judicial por las cosas que suceden en el país. Si hay un individuo que se puede quejar de una constante persecución es el mandatario.

Contradictoriamente, el escrutinio hecho por algunos sectores solo evalúa y busca responsabilizarlo de los actos negativos e intenta vincularlo a ellos, de tal manera que la crítica y su fuerza cuestionadora empañe su gestión. El éxito no tiene dueño, y los méritos que conllevan, en un abierto acto de miseria humana, no le son reconocidos.

Los que hoy están separados del poder no descansan en su afán por volver a las viejas prácticas que les trajeron tantos dividendos y riquezas inesperadas. La lucha es dirigida desde diversos frentes: gremios empresariales, sindicatos de obreros, medios de comunicación, entes de la sociedad civil; que se han convertido en fiscales parcializados del diario acontecer bajo el pretexto de la defensa a la libertad cayendo el lema de Abraham Lincon quien dijo “Oh libertad cuántos crímenes se cometen en tu nombre”.

¿Por qué nos cuesta tanto como panameños empinarnos por encima de las diferencias y pensar en el país?    Ver lo malo a todo, en todo, demuestra una incapacidad permanente y una errada forma de evaluar el contexto que nos rodea. A pesar de esta campaña, los niveles de aceptación son muy buenos y las mayorías deciden en la democracia.   Estas mismas dan su favor a la actual forma de gobierno.   Algo bueno ha hecho el Presidente entonces.    Creo que quienes durante este año y medio solo se han dedicado a la crítica y la diatriba están cosechando su recompensa; el repudio del pueblo.

A la gente lo único que le importa es que se trabaje para ellos, se le resuelvan sus problemas cotidianos: salud, educación, trabajo, vivienda, seguridad. Y si los esfuerzos van dirigidos en este sentido por más críticas que se haga, la gente se siente respaldada. Desconocer la buena labor de los últimos 16 meses, lo único que ha hecho es victimizar al Presidente y convertirlo cada día en una dirigente popular revestido de sensibilidad social.

Cada ataque basado en mentiras lo fortalece: que si cambió al escudo, si botó a la procuradora, si violó la libertad de expresión. Contrario a lo esperado por sus adversarios, con estos ataques, la agenda económica y la social crece y el reconocimiento viene del mundo entero.

Las calificadoras de riesgos, el FMI, el Banco Mundial y los especialistas en economía así lo reconocen y hablan de un excelente momento de Panamá, que es la envidia de muchas naciones, donde solo se habla de déficit y negros nubarrones a futuro.   Hay que reconocer el esfuerzo en la parte social: los aumentos a policías, empleados públicos, empresa privada. El impulso a la educación con becas universales, bonos libros mochilas. El programa 100 a los 70, red de oportunidades, apoyo para alimentos. Los megaproyectos en salud para todo el país, son muestras que hablan por sí solas. El Estado está invirtiendo para beneficiar a muchos, tal es el caso del Metro, el Metro Bus y el saneamiento a la bahía.

En nuestro país hay una marcada línea de darle relevancia a lo malo, en ese sumario que trata de empañar el trabajo realizado. Gracias a Dios el pueblo se ha convertido en el jurado de conciencia, que no se deja engañar y reitera su apoyo y su simpatía en todo momento aunque sean tiempos difíciles.   El pueblo es sabio y nunca se equivoca.

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<> Este artículo se publicó el 26  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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¿Descentralización o centralización?

La opinión del Abogado,   Político Independiente…

Juan Manuel Castulovich

La decisión ya tomada por el Órgano Ejecutivo de asumir la recolección de la basura, la proyectada sobre las vallas publicitarias y los amagos de la ATTT de controlar las placas, vuelven a poner sobre la mesa el tema de la descentralización, y dejan en claro que las intenciones del actual gobierno van, precisamente, en la dirección opuesta.

No comparto la apología que se hace de las capacidades de nuestros municipios para asumir y prestar, con mayor eficiencia, los servicios públicos. De los más de 70 que existen, su casi totalidad carece de autonomía financiera, pues dependen de los subsidios del gobierno central. Tampoco tienen, actualmente, y tomará tiempo que la alcancen, la capacidad de gestión para administrar los servicios que solicitan se les traspasen de manera inmediata. Pero, por otro lado, no comparto y considero contraproducente la embestida centralizadora del actual gobierno, especialmente cuando tras bambalinas, parecen moverse intereses no muy claros, como el comentado de convertir la basura en un negocio privado.

El presidente Martinelli no ha definido una posición sobre el tema de la descentralización, pero como de hecho se están tomando acciones específicas de evidente signo contrario y, además, existe aprobada una Ley de Descentralización, es hora de que se abra el tema a la discusión pública y se aclaren los rumbos.

La descentralización, de existir las condiciones para garantizar servicios más eficientes a la comunidad, en términos generales, es conveniente. La clave, insisto, es asegurar las condiciones para que el resultado sea positivo.

Nuestra experiencia, vivida y comprobada, es que nos fuimos al extremo de crear tantos “minigobiernos” como corregimientos existen en el país. Algo se ha revertido de esa tendencia atomizadora de los recursos públicos y, por ende, improductiva; pero la solución dista mucho de ser la “municipalización inmediata”, con efectos de panacea, que algunos promueven. Por las condiciones de nuestro país, tanto políticas como de capacidad de gestión, antes de “municipalizar” sería más conveniente “provincializar”, siguiendo un principio de gradualidad.

El señor Martinelli ha expresado su inclinación por establecer “la elección de los gobernadores”.   La comparto, pues la he propuesto muchas veces. Pero la pregunta que cabría es ¿serviría un “gobernador elegido”, sin mayores competencias, como es la situación actual? La elección de los gobernadores debe conllevar a la creación de un “gobierno provincial”, encabezado por el gobernador o serviría de muy poco.

En la Constitución de 1941, el Dr. Arnulfo Arias introdujo la novedad de los “Ayuntamientos provinciales” (Artículos 172 y sgts.), con funciones de “parlamentos provinciales”. Tanto esas normas como las que existen en la Constitución vigente sobre “los Consejos Provinciales” (Artículos 254 y sgts.), que tienen, entre otras, la función de “preparar el plan de obras públicas de la provincia y fiscalizar su ejecución, supervisar la marcha de los servicios públicos, recomendar los cambios a la división política y solicitar programas y estudios a las autoridades nacionales”, debidamente revisadas y actualizadas, para incluir la elección de los gobernadores y precisar sus competencias, serían una magnífica fuente de orientación y útil “base de trabajo” para concretar, si hay voluntad política seria en esta materia, la primera etapa de una bien pensada “descentralización” que, en un orden lógico y práctico, debe pasar, primero, por la “provincialización”.

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<> Este artículo se publicó el 26  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al   autor, todo el crédito que les corresponde.
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Mujeres 20-30 piden que se aplique la Ley

La opinión de la miembro del Club (en formación) de Mujeres 20-30

EYRA   LOU
camille_lh@hotmail.com

En 2008, el grupo de quince clubes que conforman la Asociación Nacional 20—30 decidió por unanimidad aprobar una resolución, a todas luces discriminatoria, en contra del ingreso de mujeres en calidad de socias activas.

Para las mujeres hasta ahora rechazadas por el Club 20—30 ilegalmente, asumir el reto de ser parte de esta agrupación cívica fue un asunto inherente a su convicción como ciudadanas, madres, esposas y profesionales.

En una sociedad de hombres y mujeres con el mismo derecho a ser agentes activos en el proceso de transformación social y de consolidación de los valores humanos, los clubes cívicos desempeñan un rol de suma importancia. No obstante, el Club 20—30 en Panamá desconoce el derecho de igualdad de la mujer; desvirtúa su propósito de promover valores cívicos para el cual el Estado le ha otorgado personería jurídica; ignora sus propios estatutos y los de su Asociación Internacional 20—30, que sí cuenta con socias en cargos de decisión; y desconoce el mandato legal y constitucional.

El Club 20—30 en formación, de mujeres, decidió defender los valores cívicos y morales de nuestra sociedad y luchar contra la discriminación. Han activado las diferentes instancias administrativas hasta obtener, al cabo de casi tres años, una opinión técnica del Instituto Nacional de la Mujer, que mediante Resolución No. 01 de 2010 dictaminó que las mujeres están amparadas ‘por la Ley 4 de igualdad de oportunidades para las Mujeres y los Convenios Internacionales ratificados por Panamá, para recibir la calidad de socias activas dentro del Club 20—30’.

El Club 20—30 debe rendir cuentas por su actuación discriminatoria, por lo que este grupo ha presentado una petición a la ministra de Gobierno y Justicia para que le exija cumplir con sus estatutos y la Ley, o le revoque su personería jurídica. El Ministerio cuenta con 30 días para resolver.

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<> Este artículo se publicó el 26 de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

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La ciudad privada

La opinión de…

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Paco  Gómez  Nadal

Tenemos derecho a una ciudad decente. Me refiero a la capital, pero también a las del interior.

David, que en algún momento soñó con ser ejemplar, es ahora una carretera plagada de centros comerciales y comercios descentrados mientras sus calles históricas agonizan de olvido; Santiago es una valla publicitaria con problemas de basura, de ordenamiento urbano y de integración territorial;   Changuinola está buscando desesperadamente su primer parque público, pero no lo encuentra;    Yaviza se alegra por el pavimento que la conecta al mundo pero se aburre por la falta de infraestructuras públicas…

¿Y ciudad de Panamá? Una gran oportunidad perdida. Mientras los politiqueros se la pasan peleando por pequeñas cuotas de poder y el mega-alcalde pierde su día tratando de mantener el sillón,   la ciudad se va perdiendo al vaivén de lo que los constructores deciden, sin un mínimo de planificación,   sin una idea del entorno urbano que queremos y que, al final, se refiere al tipo de vida que anhelamos.

Los múltiples consultores de la Alcaldía parecen no tener ni idea de la gestión urbana y el Gobierno central solo es una piedra en el camino hacia una administración capitalina descentralizada, profesional y plural.

Los espacios públicos cada día son menos, y sustituimos la Central peatonal o el Parque Urracá por centros comerciales y torres gigantes que borran la vista y cortan el aire.   La cinta costera, que fue vendida como un espacio público novedoso,   sigue sin gestión y sin propuestas (y sin baños).   Camino mínimo rodeado de carros.

Los proyectos que nos anuncian potencian todo el tiempo el vehículo privado. Se supone que cuando una ciudad invierte en transporte público debería desincentivar el privado para generar entornos más amables. Sin embargo, con el esquema anunciado por el Gobierno central, lo que se hace es construir más calles para los carros y un par de alivios para que los pobres (expulsados de la ciudad día a día) puedan llegar a trabajar a tiempo.

El debate sobre la basura no es sobre cómo se gestiona o sobre un modelo efectivo de separación y gestión de residuos, ya que apenas estamos tratando de quitar la fétida fachada de la capital.

Los ciudadanos, por tanto, se acumulan en tres estratos. Los privilegiados que están tomando la franja costera de la ciudad, que se está recuperando para solaz de los que más tienen pero pagándolo con los impuestos de todos los ciudadanos.   Una franja céntrica ocupada por las clases medias arrinconadas, que sobreviven en el marasmo de San Francisco, El Dorado o Patacón.   Y el estrato más bajo ha debido migrar a Panamá Este y Panamá Oeste, cada día más lejos, cada día en entornos más hostiles. Los pocos bolsones de pobreza que subsistían en plena ciudad están siendo desalojados poco a poco y de forma silenciosa (si a Curundú le ha llegado el turno, los vecinos de El Chorrillo ya pueden estar haciendo las maletas).

No tenemos ciudad, sino calles; no hay espacios públicos, sino comercio. Nos anuncian un año 2011 infernal, con obras en cada esquina y molestias cotidianas.    Si fuera para mejorar, todos aplaudiríamos; pero intuyo que solo ampliaremos el tamaño de Mafiópolis (término acuñado por Julio Manduley, el padre del tan acertado concepto de Mafiocracia) y reduciremos el oxígeno ciudadano.

Cuando se construía la cinta costera, planteé críticas similares y solo los primeros meses tuve que quedarme en silencio por si el invento funcionaba.    El tiempo ha demostrado que lo del espacio público era la máscara para ocultar la falta de concepto y que hoy, igual que antes de la megainfraestructura, el tranque de la tarde es monumental porque los carros privados, aunque queramos pensar otra cosa, no se pueden esconder.

Los problemas de movilidad y de convivencia son tan complejos que ciudades que se mostraban como ejemplo, como Bogotá, vuelven a estar saturadas de tráfico y de problemas ya que construir lo público no sirve de nada si no reducimos lo privado.   Nosotros elegimos: o una Panamá amable e integradora o este zoológico de vidrio y asfalto, caliente y hostil en el que nos desplazamos para ir del refugio del hogar al aire acondicionado del mall.

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<> Este artículo se publicó el 26  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Una brisa fresca del Pacífico Sur

La opinión del Abogado…

Juan David Morgan

En el Teatro en Círculo se está presentando una obra que ningún panameño amante del arte, del teatro o de la música debe dejar de ver.   Bajo la excelente dirección de Bruce Quinn, South Pacific, el legendario musical de Rodgers & Hammerstein, cobra vida nuevamente después de transcurridos más de sesenta años de su estreno en Broadway, en 1949.
El mismo Quinn ya había puesto en escena la obra en 1963, pero para él la guerra y la discriminación, dos de los temas de que tratan los Cuentos del Pacífico Sur, de James A. Michener, en los que está basada la obra musical, lamentablemente no han perdido actualidad. Por eso hoy lo revive con tal maestría que supera las expectativas del público más exigente.
Los hermosos escenarios, hábilmente concebidos, nos trasladan al Pacífico Sur durante la segunda guerra mundial y a cada uno de los parajes donde se desarrollan los números musicales, quizás los más bellos que salieran de la inspiración de Rodgers & Hammerstein.
El papel del hacendado francés, Emile De Beque adquiere una nueva dimensión con la actuación y presencia escénica, pero, sobre todo, con la espléndida voz de Ricardo Velázquez, sin duda el mejor barítono con el que cuenta nuestro país y el más comprometido con el bel canto.
Vicky Greco, en el papel de la enfermera Nelly Forbush, ofrece una actuación tan profesional que nos hace pensar que estamos presenciando la obra en algún teatro de Broadway. Lucía Moreno se luce en el papel de Bloody Mary y sus apariciones en el escenario salpican de buen humor la trama de la obra. Randy Domínguez, en el papel del teniente Cable, también realiza una actuación digna de encomio.
El espacio no alcanza para destacar a cada uno de los artistas y técnicos que han contribuido al éxito de la obra, pero todos sabemos que la coreografía, los vestuarios, la iluminación, la coordinación de escenas, la fotografía y los efectos especiales son indispensables para la puesta en escena de un musical de la calidad de South Pacific. Además de las actuaciones individuales, los bailes y los coros sobresalen también por lo bien coordinados y armoniosos.
Y acompañando cada uno de los números musicales está la batuta del maestro Dino Nugent, y su grupo de intérpretes que con perfecta sincronización e intensidad permiten al público deleitarse mientras los artistas se lucen. Nikki de Roy, productora de la obra, fue el apoyo que necesitó Bruce Quinn para llevar a escena y dirigir a todos estos talentos panameños que tanto nos deleitaron con sus actuaciones, sus canciones y sus bailes.

Para Bruce Quinn, South Pacific es un eslabón más en la larga cadena de éxitos teatrales y musicales con los que ha venido deleitándonos por más de medio siglo. Se le considera, con toda justicia, el Padre del Teatro Musical en Panamá, y ha recibido condecoraciones y reconocimientos que no solamente lo han honrado a él sino también a quienes desde el gobierno han sabido comprender la importancia que este panameño, nacido en la Zona del Canal, ha tenido y continúa teniendo en el desarrollo cultural de nuestro pueblo.

 

Esta breve reseña, acompañada de mi aplauso permanente, no tiene otra pretensión que la de rendirle un sentido homenaje a su amor por la música, por el teatro y por la cultura que, unidos a su profesionalismo y entrega total, tantos momentos de deleite y tan gratos recuerdos han dejado en el corazón de los espectadores.

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<> Este artículo se publicó el 25  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.