Igualdad y participación política

La opinión de…

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Dayana M. Bernal Vásquez 

El derecho a la igualdad y participación política, establecido en la mayor parte de legislaciones en el mundo, es una construcción histórica, entretanto, supone reconocer y comprender el largo camino emprendido por hombres y mujeres para su consecución.

Si no hubiesen existido hombres y mujeres que lucharan por erradicar o abolir la esclavitud, la desigualdad o la subordinación genérica en todas sus expresiones, por solo mencionar algunas, no podríamos hablar tan siquiera de justicia y equidad social, igualdad de oportunidades y menos, de democracia.

En ese sentido, a las mujeres, en materia política (y en muchas otras) nos ha costado y nos cuesta más. Seguimos ocupando un lugar de subordinación con respecto al hombre. Hay quienes, todavía, consideran a la mujer una incapaz mental; un instrumento para la procreación; un mero producto de consumo y placer; un objeto inanimado que adorna el hogar; sin derecho a decidir, incidir o hablar por sí sola.

Todo ello se configura en la creciente violencia hacia la mujer en todas sus formas. A pesar, de los grandes avances legislativos que “reconocen” la igualdad la distancia entre el reconocimiento, la obligación y su cumplimiento, es lejano; ya que sin acciones y mecanismos que permitan la eficacia de las normas que garantizan tales derechos, no podremos cristalizar efectivamente la igualdad formal.

Nos cuesta más porque las mujeres, políticas o no, tienen que luchar por espacios en contra de los convencionalismos masculinos, socialmente establecidos, barreras discriminatorias y estereotipos sexistas. Superar esas imposiciones culturales, costumbres y conductas que nos colocan, única y exclusivamente, en la orbe de lo doméstico, es una lucha que aún continúa.

Ninguna habla o pretende acabar con el matrimonio o la familia, se trata de romper ataduras que limitan e imposibilitan la igualdad entre ambos, compartiendo, hombres y mujeres, iguales responsabilidades, obligaciones y derechos. No se trata de que las mujeres quieran ser hombres o suplantarlos, como erradamente se entiende y menos, ser oportunistas en base a nuestro sexo para obtener espacios.

Las cifras son claras, contundentes, innegables y muestran la limitada y escasa participación política de las mujeres y no precisamente porque el electorado así lo decide, es a lo interno de los colectivos donde se configura nuestra realidad. Entramos en una carrera con serias desventajas económicas, culturales y sociales; y en condiciones desfavorables que no contribuyen en nada al buen gobierno.

La representación igualitaria en política no se logra porque estemos en democracia. Hoy día, los postulados que fundamentan la igualdad de derechos políticos y aceptados universalmente han sido insuficientes cuando intentamos llevarlos a la práctica cotidiana si no se adecuan e insertan fórmulas y políticas públicas que así lo permitan.

Para consolidar y constituir Estados modernos, democráticos y de derecho es importante que todos los actores de la sociedad tengan iguales derechos de participación, representación y en condiciones que así lo permitan. Es a través de los mecanismos electorales y políticos que se puede acceder y ascender al poder para contribuir al desarrollo y progreso de nuestra sociedad.

En la política es necesario y se requiere que más mujeres se involucren y participen para que en la toma de decisiones y en la administración del Estado haya y exista una real, verdadera y efectiva convergencia igualitaria de hombres y mujeres que favorezcan la paz, convivencia y armonía social.

<> Este artículo se publicó el 20 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Reglas mínimas en democracia

La opinión del Abogado y Ex Secretario General de la Procuraduría General de la Nación…

RIGOBERTO GONZÁLEZ MONTENEGRO

Sobre la democracia, lo que ésta implica como sistema de gobierno, es mucho lo que se ha escrito y debatido, y sin embargo, nunca será suficiente lo que con respecto a la misma se puede seguir reflexionando.   En ese sentido, de todos los aspectos o particularidades que con relación a la democracia se pueden abordar, existe una idea clara y precisa que no debemos olvidar: Que la democracia implica siempre y en todo momento el establecimiento de unos mínimos como para ser considerada como tal.

Es decir, que para que podamos hablar de democracia, se debe partir siempre de unos supuestos que, independientemente la concepción que de ésta tengamos, nunca pueden faltar. Así, en el plano jurídico—político sería imposible concebir la democracia sin la existencia de un conjunto de normas jurídicas, en las que de manera expresa se reconozcan los derechos fundamentales de quienes conforman la comunidad. De igual forma, sería casi imposible hablar de democracia si ésta no se entendiera como la forma de gobierno en la que el titular de la soberanía es el pueblo. Por la misma razón, no se puede entender la democracia si no existen los mecanismos que aseguren la participación política de los titulares de ese poder.

Estas y otras particularidades propias de la democracia, constituyen las reglas mínimas que no pueden faltar en un régimen político que se aprecie de democrático. Reconocido esto, es lo que va a permitir que esos mínimos deban ser respetados por quien detente el poder político en un momento determinado. Esto va a implicar, por ejemplo, que quien temporalmente ejerza el poder político del Estado, deba rendir cuentas de su gestión, pero a su vez, que ésta pueda y deba ser sometida al escrutinio o cuestionamiento de la ciudadanía, por ser ésta la titular del poder que detenta quien lleva a cabo la gestión del Estado.

Dicho de otra forma, quienes deben rendir cuentas, quienes deben ser sujetos de cuestionamientos, de reclamos y, si se quiere, de recriminaciones, son las autoridades y no lo titulares o dueños del poder que otros, temporalmente, ejercen en su nombre. Son esas las reglas mínimas de eso que llamamos democracia. De ahí que si un ciudadano o un grupo numeroso de éstos o unos cuantos reclaman, recriminan o protestan, es porque ese es su derecho. Es así como deben ser entendidos esos mínimos de lo que constituye una democracia.

Cuando esta concepción no es asumida así, cuando los mínimos de la democracia son desconocidos, es cuando desde el poder se comienza a ver en cada persona que protesta o que cuestiona, ya no a un ciudadano ejerciendo sus derechos, sino a un conspirador, cuando no a un enemigo político a quien hay que eliminar, a quien no se le reconocen ni se le respetan sus derechos como tal. Es ese el peligro que existe cuando se rebasan esos mínimos, cuando no se comprenden esas reglas propias de toda democracia.

Quizás era eso lo que pretendía advertirnos el premio Nobel de Literatura de 1998, José Saramago, cuando en una de sus obras señalaba que, ‘si no somos capaces de vivir enteramente como personas, hagamos lo posible para no vivir enteramente como animales’. De manera que, para ‘no vivir enteramente como animales’, es por lo que, al instaurarse un régimen democrático, se establecen las reglas mínimas necesarias para que podamos entendernos, compartir, debatir, participar y vivir en una comunidad en la que nos respetemos como personas, como ciudadanos, pero sobre todo, como seres humanos. De eso tratan los mínimos de todo sistema democrático, los que no podemos y no debemos ignorar o peor aún, despreciar.

<>  Este artículo se publicó el 20 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Sobre el Casco Antiguo

La opinión de…

Giampiero Riccio

Soy un ítalo-venezolano recién llegado a Panamá.   Aunque llevo casi tres años entrando, saliendo y paseando por todo este bello país, aún me considero como tal, quizás porque no alcanzo, aún, a comprender muchas cosas de él.

Vine con la intención de invertir una parte sustancial de mis ahorros en proyectos de restauración en el Casco Antiguo de Panamá. Y como todo inversionista, espero obtener un retorno razonable de mi capital, que tenga relación con los riesgos que he asumido.  Pero aparte de mi interés como inversionista, me movió hacia acá el deseo de ocuparme en algo retador y entretenido y, a la vez, contribuir de alguna forma con el rescate de esta bellísima parte de la ciudad. Tomé esa decisión y no me arrepiento.

Desde que llegué, he tenido oportunidad de conocer gente extraordinariamente comprometida con el desarrollo del Casco Antiguo.   Se trata de personas que a diario aportan esfuerzos concretos en la búsqueda de una mejoría de las condiciones sociales y ambientales de esta pequeña comunidad.

Pero, en contraste con ello, me ha sorprendido la aparente desidia y desinterés por fomentar y desarrollar el Casco Antiguo por parte de autoridades, instituciones y gobiernos locales.   Hay una asimetría de esfuerzos entre algunos miembros del sector privado y las instituciones que deberían estar acopladas con los primeros, regulando, priorizando y evitando distorsiones y excesos.

Será por mi condición de recién llegado, pero no entiendo por qué a muchos panameños les cuesta tanto entender el valor extraordinario que tiene el Casco Antiguo.   Me refiero no solo al valor cultural, histórico y ambiental, sino al valor económico, mesurable en términos de generación de servicios, empleos, ingresos turísticos, etc.

Acabo de regresar de un viaje familiar a través de varias ciudades de Europa y no pude evitar las comparaciones que se atropellaban en mi mente al pasear por los cascos históricos de Delft, Praga, Bratislava, Budapest, Salzburgo y Estrasburgo.   En todos estos sitios me impactó la “vida” que tienen estas ciudades, de noche y de día, y todos los días de la semana.

Se trata de una “vida” que se alimenta por una parte de la mezcla armoniosa de espacios físicos cuidados y mantenidos, tales como plazas, jardines, calles y edificaciones y, por otra parte, de la preservación de monumentos históricos como iglesias, sinagogas, conventos, fortificaciones, etc. que se entremezclan con residencias, comercios, restaurantes y cafés, todo lo cual atrae a millares de personas a estas pequeñas ciudades generando la demanda y a la vez la oferta de eventos culturales, conciertos y exposiciones que retroalimentan la actividad económica.

En el Casco Antiguo de Panamá pareciera que estamos aún lejos de allí.   Como “recién llegado” no comprendo por qué cuesta tanto establecer unos mecanismos fiscales que estimulen la revitalización de los inmuebles abandonados y castiguen la práctica improductiva (para la sociedad, no para sus dueños) de engordar fincas en espera de algún incauto que pague precios exorbitantes por ellas.

Tampoco comprendo cómo pueden ser ciertos los rumores que circulan sobre un proyecto que contemplaría rodear el Casco Antiguo con una extensión de la cinta costera. ¿Es posible creer que en Panamá no se entienda, a nivel de gobierno, que ese proyecto es una barbaridad que distorsiona su carácter, destruye su identidad histórica y afecta irremediablemente su futuro?

El Casco Antiguo es uno de los activos más conspicuos que tiene Panamá. Pero muy pocos lo ven así, porque es una joya escondida. Qué bueno sería que un gobierno hiciera del Casco una de sus prioridades y buscara dejar un legado a la posteridad como aquél que finalmente descubrió ese diamante en bruto y decidió pulirlo y mostrarlo.

En mi opinión, ese gobierno sería mucho más recordado por eso que por construir cintas costeras, torres extremas, centros de convenciones u obras puntuales de infraestructura. Los panameños de las generaciones futuras y el resto del mundo se lo agradeceríamos.

<> Este artículo se publicó el 20 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Qué se decide con las elecciones legislativas en Venezuela?

La opinión y el punto de vista del Catedrático….

Manuel Castro Rodríguez

Unos diecisiete millones de venezolanos acudirán a las urnas el 26 de septiembre para elegir a los 165 miembros de la Asamblea Nacional, donde el presidente Hugo Chávez tiene mayoría. Chávez expresó que debe de obtener al menos “los dos tercios de la Asamblea Nacional”. Aspira a mantener el control del Legislativo que le permita proseguir la ‘cubanización’ de Venezuela que viene realizando desde 1999, cuando fue investido Presidente.

Siete años antes, el 4/2/1992, Chávez encabezó un golpe militar contra el gobierno constitucional de Carlos Andrés Pérez. El presidente Caldera lo indultó el 26/3/1994. Nueve meses después, el 14/12/1994, Fidel Castro recibió a Chávez en el aeropuerto de La Habana y le dio un tratamiento similar al de Jefe de Estado. Nadie podía comprender qué se proponía Fidel al darle tal recibimiento a un golpista fracasado, nadie podía imaginarse tan siquiera que Fidel había diseñado una estrategia para que Chávez ganase las elecciones de 1998.

El presidente Chávez expresó que su “revolución” está “obligada a una victoria arrolladora” en estos comicios, porque de ello depende la “esperanza de un nuevo mundo”. El “mar de la felicidad” fue el nombre que Chávez le dio al régimen existente en Cuba y que desea instaurar. Venezuela es el paraíso si se le compara con Cuba. Desde hace sesenta y dos años en Cuba no se realizan elecciones libres. Desde hace medio siglo el pueblo cubano no puede hablar sin disimular, como lo reconoce Amnistía Internacional: en Cuba “expresarse libremente puede llevarte a la cárcel”. Al castrismo se le han documentado diez mil seiscientas muertes (www.ArchivoCuba.org).

“Cuba está soportando una feroz y dolorosa dictadura que mantiene al país en la miseria”, se expresa en el manifiesto por la democratización de Cuba, hecho por sesenta y dos prominentes artistas e intelectuales españoles, entre los que figuran reconocidos izquierdistas (http://plataformaporcuba.com/).

La socialista Mercedes Petit reconoce que “en Cuba los trabajadores no tienen para defenderse el elemental derecho de huelga que existe en la mayor parte de los países capitalistas. Los sindicatos no son otra cosa que ‘oficinas’ del ministerio de Trabajo, sucursales de la dictadura del partido único” (www.kaosenlared.net/noticia/ajuste-a-la-cubana-3). Efectivamente, Salvador Valdés Mesa, secretario general de la oficialista Central de Trabajadores de Cuba (CTC, único sindicato permitido) y miembro del Buró Político del Partido Comunista (PCC, único partido permitido) fue ministro del Trabajo y Seguridad Social.

A través de la CTC, el régimen militar cubano anunció el despido de medio millón de trabajadores (http://www.granma.cu/espanol/cuba/13-septiembre-pronunciamiento.html).   Nunca antes en la historia de la humanidad una central sindical le había dado el visto bueno al despido del diez por ciento de los trabajadores de un país, con el agravante de que no recibirán liquidación ni subsidio por desempleo.   Brillan por su ausencia las necesarias medidas de compensación social.   Ni el Fondo Monetario Internacional se ha atrevido jamás a proponer un ajuste estructural similar.

Aunque es irrefutable el fracaso del ‘socialismo real’, algunos persisten en aplicarlo.   Probablemente, esta será la última oportunidad que tenga el pueblo venezolano de evitar el “mar de la felicidad” que ahoga al pueblo cubano desde hace medio siglo.

> Artículo publicado el 20 de septiembre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Señores diputados, presten atención…

La opinión de la estudiante de Derecho…

LACEY M. BROCE  BARRIOS 

Señores diputados, ¿recuerdan ustedes cuáles eran sus aspiraciones, luchas, esperanzas y demás sueños de juventud?   ¿Alguno de ustedes recuerda sentir la necesidad de aportar algo, aunque fuese mínimo, para el crecimiento de este bello país?

Si lo recuerdan, entonces saben a qué sentimientos me refiero.   El afán ese revolucionario de la juventud para que este ‘estrecho de tierra’ progrese y se convierta en un país de bien,  para que sea un lugar mejor el día de mañana, de convivencia pacífica, de progreso y de igualdad.

No pienso en el ‘País de las Maravillas’, pero sí en más y mejores oportunidades para todos, mayor índice cultural, una disminución en esa mortal tasa de analfabetismo que nos está consumiendo hasta las entrañas, no hablo de genios, hablo de crear esa cultura del querer saber más, del querer saber el porqué de las cosas.

Debemos empezar preguntándonos ¿cómo podemos escapar ilesos de la ignorancia?   La respuesta es más que simple:  Incentivando a los jóvenes haciéndoles ver que, si se educan, tendrán una vida provechosa en el futuro, demostrándoles que la educación es la llave del progreso,   ‘Hacia la Luz’, como reza el lema de la Casa de estudios de Méndez Pereira, casa de estudios del pueblo panameño, el lugar en el que se mezcla la vida real con el academicismo.

Pero esta cuna, que ha graduado a 50000, pide a gritos un cambio de carácter urgente, demanda las necesidades de nosotros los estudiantes: Mejores infraestructuras, herramientas para nuestro aprendizaje, seguridad, mejora y actualización del plan de estudios, pero sobre todo, demanda la devolución de una educación íntegramente digna en su máxima expresión.

Señores diputados, ustedes tienen el poder de influir en la educación de todos y cada uno de los que estudiamos en la gloriosa Universidad de Panamá.

Siendo honesta, soy testigo de que son objetos de duras críticas a diario, pero esta vez tienen la oportunidad de hacer algo grande, algo de lo que sus hijos se van a sentir orgullosos en el futuro: Devolverle el rumbo hacia la luz a la Universidad, que fue el sueño de Octavio Méndez Pereira y Harmodio Arias Madrid.

Nosotros no podemos pagarles con objetos de valor ni con garantías materiales, pero sí podemos pagarles con la garantía de ser los hombres y mujeres del mañana que aportarán sus conocimientos para el progreso de este país que tanto nos necesita, más que nunca, con este reto de ser luchadores a nuestras anchas para que nuestro Panamá empiece a subir con pisadas de fuego los péndulos del progreso.

<>  Este artículo se publicó el 20 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Un gobierno más grande y menos efectivo nos empobrece

La opinión de…

Marissa Krienert

Muchos estudios demuestran que los individuos que viven en países con los mejores índices de libertad económica disfrutan de niveles más altos de prosperidad, de mayores libertades individuales y de expectativas de vida más altas.

El compromiso con la libertad económica es un tema en común entre las naciones más prósperas del mundo. Mientras los residentes de estas naciones disfrutan de mejores estándares de vida, las personas que viven en países sin libertad económica, viven en pobreza extrema, con la opresión de sus gobiernos y con la total ausencia de derechos individuales.

Para medir la libertad económica en el mundo, el Fraser Institute de Canadá con el apoyo de instituciones de 80 países, publica el Índice de Libertad Económica del Mundo. El reporte analiza 42 aspectos para crear un índice que compara 141 naciones alrededor del mundo, que representan el 95% de la población mundial.

Los pilares fundamentales de la libertad económica son la libertad personal, el intercambio voluntario, la libre competencia y el respeto y seguridad de la propiedad privada. La libertad económica se mide en cinco áreas diferentes: tamaño del gobierno, estructura legal y derechos de propiedad, acceso a una moneda estable, libre mercado y la regulación del crédito, las relaciones laborales y los negocios.

Las variables que utiliza el reporte para medir el tamaño del gobierno son el consumo del gobierno, es decir, su gasto corriente en todos los niveles institucionales, los salarios que paga a sus empleados,  las transferencias y subsidios,  el dinero que se “invierte” en proveer servicios a los ciudadanos por medio de empresas  estatales y las tasas marginales de impuestos.

Midiendo el tamaño del gobierno con las variables mencionadas se determina el grado en que un país depende de las elecciones de sus habitantes y el funcionamiento de los mercados antes que de presupuestos del gobierno y de la toma de decisiones políticas.

Los países con los niveles más bajos  del gasto público y tasas impositivas marginales más bajas ganan las calificaciones más altas en el índice.

Cuando el gasto del gobierno supera los gastos de los individuos y las empresas entonces las decisiones políticas sustituyen las decisiones personales y se reduce la libertad económica.

De igual forma, se reducen nuestras libertades cuando el gobierno aplica tasas impositivas a ciertas personas o grupos económicos para transferirlo a otros, reduciendo así la libertad de los individuos para mantener las ganancias obtenidas producto de sus esfuerzos personales.

El valor principal que mide el índice en materia de impuestos es el valor marginal más alto de la tasa de impuesto a los ingresos.   Las altas tasas impositivas que se aplican en niveles de ingresos relativamente bajos son también indicativos de dependencia sobre el gobierno. Tales tasas niegan a los individuos los frutos de su trabajo. Así, los países con tasas impositivas marginales altas y umbrales bajos de ingresos son valorados más bajo.

Otro componente importante que mide el índice, dentro del área del tamaño de gobierno, es el punto que evalúa la participación de las empresas estatales como proveedoras de bienes y servicios en vez de la empresa privada. Las empresas estatales que son proveedoras funcionan con reglas de juego diferentes a las empresas privadas, no dependen de los consumidores para obtener sus ingresos y recuperar sus inversiones y operan en mercados protegidos.

En la medida en que las empresas estatales provean servicios en mayores proporciones, el libre mercado y la competencia, así como la libertad de los consumidores y la oportunidad de tener mejores servicios, se ven afectados, por lo que el índice de libertad económica se reduce.

En el caso de nuestro país la porción del índice que mide el tamaño del gobierno refleja que las mediciones de Panamá luego de haber ido en aumento, a favor, entre los periodos comprendidos entre el año 1980 y 2005, ahora descienden todos los años. En el año 1995, Panamá obtuvo un puntaje de 7.36, siendo 10 el puntaje máximo en la escala y el puntaje que obtienen los mejores países. Para el año 2000, el puntaje aumentó a 7.81 y luego en 2005 a 8.30. En el año 2007 bajó a 8.28 y en 2008 volvió a bajar, quedando en 8.05.

Últimamente hemos observado cómo crece la planilla del sector público, cómo el Gobierno adquiere empresas privadas, cómo se mantienen y realizan inversiones en servicios públicos que solo fracasan cada vez mejor.

Si bien la caída en un punto no hace una gran diferencia como parte del total, se debe resaltar que en este informe presentamos disminuciones en 13 puntos evaluados; se mantienen los puntajes en 22 y sólo hemos mejorado en 7.

¿Qué ha pasado en los últimos 20 meses en nuestro país? ¿Nos estamos acercando o alejando a los países más prósperos? O por el contrario, ¿nos estaremos acercando a los países donde no se respetan las libertades individuales y se vive con la opresión del amo gobierno?

El  Índice  de  Libertad  Económica  del  Mundo  del año 2010 lo puede acceder en http://www.fundacionlibertad.org.pa

<> Este artículo se publicó el 20 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

La responsabilidad de los medios

La opinión del Empresario y Político….

Samuel Lewis Galindo

Hoy día en nuestro país hay abundancia de medios de comunicación. Las televisoras, prensa y diarios son cuantitativamente muy numerosas, no así, lamentablemente, cualitativamente. Existen medios de comunicación que son responsables y que la ciudadanía respeta.    Pero existen otros también que realmente merecen el repudio colectivo.
La búsqueda por la noticia demuestra positivamente un periodismo ágil. Los medios de comunicación, casi todos, cuentan con unidades de investigación que muy pocos hechos  escapan del conocimiento público.
Tienen una gran pugna por mejorar los “ratings” que es lo que promueve los anuncios comerciales que económicamente sostienen al medio. Sin embargo, lamentablemente, muchos medios de comunicación no dan la noticia con la veracidad requerida, sino que editorializan sobre ella. Eso no es saludable, pues el medio tiene la obligación de presentar la noticia en forma veraz, ágil y sobre todo con objetividad.
El lector, el televidente y los radioescuchas tienen el derecho de sacar de una noticia sus propias conclusiones.  Hay medios que inclusive afectan las reputaciones y atacan sin piedad a quienes ellos consideran que no es de su agrado o que se aparta de su línea o son contrarias a sus intereses. Los medios de comunicación tienen espacio suficiente con editoriales, artículos y columnas para dejar ver sus puntos de vista, sin tener que entrar a dirigir la información.

La libertad de expresión es necesaria en una democracia como la nuestra –es uno de sus primeros pilares-. El panameño respeta esa libertad y está dispuesto a defenderla a toda costa, pero a su vez los medios tienen la responsabilidad de preservarla, y no ponerla en peligro.

Lamentablemente, algunos medios de comunicación no siguen una línea objetiva de conducta y en el afán desmedido de buscar “rating” se apartan de esa imparcialidad.   Más temprano que tarde esos medios de comunicación recibirán la repulsa colectiva si persisten en su falta de objetividad al presentar las noticias.

Decía Don Samuel Lewis Arango, mi padre, quien ejerció el periodismo por muchos años: “Hay que ofrecerle con entera objetividad más luz para que el pueblo libremente escoja el sendero que busca”.

<> Artículo publicado el 20 de septiembre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.