Los placeres perdidos

La opinión de la Psicóloga  Especialista de la Conducta Humana…

GERALDINE EMILIANI

A veces se confunden los buenos modales y la cortesía como algo pasado de moda o banal; y, eso tiene que ver con los valores que nos distinguen como personas. Digo esto, porque con el uso del BlackBerry, apenas se presta atención a una amena conversación, se distrae contestando las llamadas o simplemente enviando y recibiendo los muy famosos ‘chats’.   Se deja de notar y ver a la persona que tienes a tu lado, y te desconectas dejando pasar esa pequeña oportunidad placentera de ser bondadosos y hasta ‘románticos’ en el caso de una pareja.

Otros detalles muy de moda, la falta de caballerosidad de los hombres que no detienen la puerta para darle el paso a una mujer, el eludir dar las gracias, los buenos días o, las disculpas debido a algún tropiezo, el no ofrecer el asiento ni siquiera a las embarazadas, y los ataques de ira en los conductores de nuestra urbe capitalina. Hay muchos otros ejemplos, pero estos son más que suficientes como respuesta a la falta de humanidad que nos absorbe sin siquiera darnos cuenta. Estos desagradables momentos se van transmitiendo de generación en generación.

Los buenos modales no tienen nada que ver con la educación académica ni es exclusivo de un grupo elitista. La gente la relaciona con cierto grupo social, con un nivel socioeconómico alto o de gran cultura; y, no se dan cuenta de que es algo que nos afecta a todos, sobre todo, en nuestras relaciones interpersonales.

La falta de modales, así como la falta de destrezas de comunicación entre el personal al servicio del cliente de una institución pública o empresa privada afecta la productividad en el trabajo que se realiza. Esto puede apreciarse en la forma en que un ejecutivo contesta el teléfono, en el lenguaje corporal, o en cómo se comporta ante el usuario.

En mi país es muy dado el ‘síndrome del amor’ con frases tales como: ‘Mi amor’, ‘mi reina’, ‘nena’, ‘corazón’. Con ello, los empleados creen que están siendo más amables o que están dando un buen servicio, pero es todo lo contrario, porque el uso de estas frases denota falta de modales. Amén de la mirada que parece desvestirte.

De otro lado, la falta de buenas maneras al contestar el teléfono se percibe cuando la persona no se identifica, o cuando tutea al interlocutor sin conocerlo, o cuando hay una filtración excesiva de la llamada y la pasan de persona en persona. Incluso hay casos de indiscreción cuando el empleado contesta que la persona que uno procura está en el baño. La indiscreción se ve, se oye y se siente. La vestimenta y la apariencia dicen también mucho de la cortesía que impera en nuestro comportamiento.

Los buenos modales son la expresión de lo mejor que cada uno tiene en su corazón para dar a los otros. No es simple romanticismo o cursilería. Es por esto que es importante: Aprender a sonreír, independientemente de tu temperamento; tener el hábito de saludar; vigilar el tono de tus palabras para no ofender al otro; de que los gritos deben evitarse al comunicarse con la pareja y los hijos; que las carcajadas te hacen parecer vulgar, porque se puede reír con muchas ganas sin necesidad de hacer escándalo; y, saber comportarte en el lugar que te encuentres.

No es lo mismo saludar con la alegría de saber que vas a un encuentro con otros, a saludar porque es una costumbre. La verdadera relación con los otros se construye desde las potencias espirituales y requiere de un esfuerzo interior para hacer de un saludo simple, una canción de bienvenida para los otros. La vida interior, añade un velo especial al alma del ser humano. Te hace más sensible, más cálido, más humano.   El corazón se vuelve frondoso y ansioso por crear nuevas formas de relacionarse con los demás.   La vida interior te va rebelando en dónde necesitas mejorar humanamente y te capacita para tener un espíritu abierto y generoso, el cual es el terreno abonado donde pueden arraigar las buenas costumbres.

Desde pequeños se debe enseñar que cada otro ser humano, por el hecho de serlo, tiene una condición diferente a la del resto de la creación. Cada persona posee el sello de lo divino, de lo delicado, de lo tierno de su creación. Los padres debieran sembrar sentimientos delicados en los corazones de aquellos que son sus hijos. Hay que enseñarles el respeto hacia sus semejantes, hacia los niños de su misma edad y hacia los mayores. Por último, un consejo que no está de más. Los buenos modales se demuestran en gestos, igual que en palabras y hechos. Su distintivo es la sonrisa. El poeta Horacio lo decía: ‘Nada impide decir la verdad sonriendo’. Piénselo.

<>Artículo publicado el 15 de septiembre de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes  damos,   lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

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