Cuba, Honduras y la OEA

La opinión del Embajador de Panamá ante la OEA…

Guillermo A. Cochez 

Las sorpresivas declaraciones de Fidel Castro han conmovido al mundo: Ni en Cuba funciona ya el modelo impuesto hace más de cincuenta años.Esto recuerda lo vivido en los últimos 15 meses en la OEA: El levantamiento de la suspensión de Cuba como su miembro, que databa de 1962, en la Asamblea General de San Pedro Sula, Honduras el 3 de junio de 2009; y la suspensión de Honduras, un mes después, el 5 de julio, en Washington, tras el golpe de Estado que depuso como Presidente constitucional a José Manuel Zelaya, hecho contrario a lo establecido en la Carta Democrática de la OEA. En ambos casos fue unánime.

Ese levantamiento sería efectivo tras “el resultado de un proceso de diálogo iniciado a solicitud del gobierno de Cuba y de conformidad con las prácticas, los propósitos y principios de la OEA”, los mismos que –por su violación- motivaron la suspensión de Honduras. Además de las impactantes declaraciones de Fidel, las recientes acciones de liberar a presos políticos a instancias de España y la Iglesia Católica, podrían ser los indicios que caminamos hacia un inicio del esperado diálogo de San Pedro Sula.

Fui testigo de ambos eventos. El primero como invitado y el segundo al día siguiente de mi nombramiento como Embajador ante la OEA nombrado por el Presidente Ricardo Martinelli, el 4 de julio de 2009.

Recuerdo la intransigencia de los que hasta amenazaron retirarse de la OEA sino se permitía el retorno incondicional de Cuba al organismo, privando al final el consenso de aceptarla de conformidad “con las prácticas, los propósitos y principios de la OEA”, o sea, luego de un proceso de democratización.

Allí, además de Zelaya, estaban los presidentes de Nicaragua y Paraguay. Igual intransigencia se aplicó a la suspensión de Honduras en una larga noche donde acudieron a esa Asamblea los presidentes de Argentina y Paraguay y el Canciller venezolano.

Honduras, como lo señala el informe preparado por la Comisión interna de la OEA de la que fui miembro, ha hecho ingentes esfuerzos para reincorporarse a la OEA: sus transparentes elecciones de noviembre pasado; el mejoramiento de los derechos humanos; la visita a su país en dos ocasiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; la creación de la Comisión de la Verdad y el cumplimiento de varias exigencias de la comunidad internacional, lo que ha facilitado que más naciones reconozcan el gobierno del Presidente Lobo.

Cuando vemos el trato dispensado en uno y otro caso, nos parece que esos mismos intransigentes, como señalé días atrás en reunión entre embajadores, más que preocuparles la democracia en Honduras y el respeto de los derechos humanos allí, tienen una agenda distinta a aquella democrática que se teje en la mayoría de los países de nuestro continente.

Con todo lo que ha pasado, no cabe más que aceptar de inmediato, a Honduras como miembro de la OEA.

<>Artículo publicado el 13 de septiembre de 2010 en el diario El Panamá América a quienes damos,   lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

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