‘Quid pro quo’

La opinión de la Comunicadora Social…

Berna Calvit 

De una lista de locuciones latinas con su significado en español, de la que me sirvo a veces, quid pro quo se me clavó en la retina. ¡Había encontrado una perla, magnífica para hacerme ilusiones, para jugar al “si pudiéramos”! El sentido de quid pro quo es “una cosa por otra”, o “toma y daca”; es decir, reciprocidad en el trato, que dicho a lo panameño sería: “De lo que traes, llevas”,  “Dame, que yo te doy”.

Cuando no existe la mutua satisfacción, nace el descontento. Los gobiernos que nos castigan, que ignoran nuestras opiniones y necesidades, y nos limitan a ser espectadores inanes, convidados de piedra, crean descontento y frustración y de allí, inestabilidad, disturbios, confrontaciones. Desgraciadamente, en el juego político, quid pro quo solo está a la disposición de los que tienen en sus manos el tablero y las fichas. Y según parece, no existe la voluntad de soltarlas. Qué gustazo sería aplicar quid pro quo a los gobernantes, por sus faltas.

El gobierno actual merece sanción por ab ovo (desde el principio) actuar a contrario sensu (en sentido contrario) de lo prometido; por, a veces, actuar ad efesios (fuera de razón y de regla, disparatadamente); ab absurdo (por lo absurdo) de proyectos faraónicos, como el capricho de una torre “modelo supositorio” sobre la que podría decir, como el vate nicaragüense, Rubén Darío en el poema A Margarita Debayle: ¡Qué locura, qué capricho/ el Señor se va a enojar!

Recibirían multas por actuar ad efesios (fuera de razón y de regla, disparatadamente); multa mayúscula le caería al ministro de Seguridad Pública, mutado en Rambo criollo, por jalar las barbas de la guerrilla colombiana y poner en riesgo la neutralidad del país; al Presidente, por ser verbalmente descomedido, en su país y ¡peor!, en países ajenos; por ser gobierno alter idem (otra vez lo mismo) pese a lo prometido, sin cambios de fondo, pero ducho en teatralidad e histrionismo; por funcionarios que aures habent it non audiente (tienen oídos pero no oyen) como los que, pese a las advertencias, aprobaron la traumática ley “chorizo” que, de no ser derogada, seguirá siendo fuente de conflictos.

A la Corte Suprema de Justicia le caería multa tamaño paquidermo por, entre otras feas razones, “hacerse los suecos” con las demandas de inconstitucionalidad contra la enchorizada ley. Y habría multas colectivas para los funcionarios por convertirse en castas privilegiadas.

La publicidad gubernamental exagerada y engañosa, como la que se usa para vender detergentes y cremas antiarrugas sería sancionada.

El gobierno anuncia en la televisión, como realidad cercana, un bellísimo tren, modelo de primer mundo que tendremos ¡quién sabe!, dentro de 10, 15 años. La sección Economía (La Prensa 8/9/2010), dice que la estructura del Metro Bus está sin definirse;   el sistema depende de la construcción de la infraestructura, que incluye un carril exclusivo para los autobuses y nuevas paradas.

Ni siquiera tienen esto bien definido ¡y ya nos están montando en un tren de ensueño! Igual sucede cada vez que algún organismo internacional nos califica favorablemente. Un entendido en estos asuntos opina que “los gobiernos, incluyendo el actual, hacen sonar música de festejos que acompañan con juegos pirotécnicos, como si la calificación fuera producto de su acción económica y política, nada más incierto, por no decir falso”.

Disponer libremente de nuestro recurso más importante, nuestra posición geográfica, vinculada por un siglo al canal, es lo que ha permitido el desarrollo que nos gana buenas calificaciones, “no lo que el gobierno haga o deje de hacer. El mérito que se les puede atribuir es haber interferido lo menos posible”.

El bien intencionado programa “10 para los 70”, a pocos meses de iniciado está con el agua al cuello. “El ingreso de nuevos panameños al programa está en el limbo por el recorte al presupuesto del Ministerio de Desarrollo Social” (El Panamá América 7/9/2010). Resolver la pesada carga económica, mal calculada desde el principio, y cumplir con los ilusionados setentones que carecen de ingresos, es reto que debe resolver el gobierno.

¿De dónde saldrán los fondos? ¿De sacrificar megaproyectos que, por no ser urgentes, son sospechosos? Lo dudo. Para salvar el programa, ¿llevarían a la piedra del sacrificio lo más importante: educación, salud, seguridad ciudadana, y nuestro bolsillo?   Hoc volo, sic jubeo, sit ratione voluntas significa “Lo quiero, lo ordeno, que mi voluntad sea la razón”. Para lo que le resta al gobierno actual, y para nosotros, alea jacta est, la suerte está echada.

<> Artículo publicado el 13 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa   a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

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