El arte de gobernar un país

La opinión de…

Robin Rovira Cedeño

Decía cierto gobernante: “No importa de qué tamaño sea un barco, el timón casi siempre es del mismo tamaño”. De lo anterior se desprende que se trate de una nación tan grande como Estados Unidos o de una tan pequeña como la nuestra, el arte de gobernar está regido por principios básicos aplicables a todos. Gobernar un país no es mandar, es consensuar.

Y consensuar es negociar. Negociar es el arte de gobernar un país, no es producir dinero. Es producir ideas. El dinero une a un partido, pero las ideas unen a la humanidad. Y cómo las ideas unen a la humanidad (no el dinero) son la génesis de una gran nación. Thomas Jefferson fue uno de los más grandes gobernantes que han existido y, sin embargo, murió pobre. En su tumba no se lee: “Gran político y empresario”. En su tumba se lee: “Autor de la Declaración de Independencia. Autor de los Estatutos de Virginia”.

Negociar es el arte de gobernar un país, no es producir dinero, porque un país no es una empresa. En él no todo tiene que ser forzosamente redituable, porque no es una fábrica. Un país es una casa, donde todos los hijos aprenden que en ella se formó su carne, pero que en cielo se formaron sus sueños. De allí que la función de un gobernante no sea la de cabalgar a lomo de tigre y demostrar que él es quien manda, sino consensuar, negociar y aglutinar las fuerzas con que cuenta una nación a fin de poner a todos sus hijos en la senda de la fuerza y la esperanza para la consecución de sus sueños.

Fue Arquímedes el que dijo: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Un gobernante bien puede parafrasear y decir: “Dadme una idea de apoyo y moveré a esta nación”. El problema está en que algunos gobernantes se identifican con lo excéntrico como una de las características más notorias de este mundo “modernista”, situación que los ha llevado a dramatizar profundamente su relación con los ciudadanos a expensas de lo básico que se estableció en los primeros tiempos.

En nuestro caso fue Justo Arosemena quien dijo: “Somos hermanos ligados por los vínculos de la filosofía nacida en Nazaret y ni oro ni cuna ni religión ni hazañas son elementos de poder que contrarresten o coarten el único elemento legítimo de poder: la voluntad del pueblo. No hay ni puede haber república sin igualdad. No hay ni puede haber república en donde imperen influencias extrañas a la voluntad y al interés del pueblo”.

<>Artículo publicado el 8  de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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