Dicotomía de una nación

La opinión del Cardiólogo…

Ricaurte Arrocha Adames

El fenómeno es único. Inigualable.   Produce efectos muy encontrados.   La admiración del mundo que lo observa y la enorme perplejidad que motiva la Zona del Canal, años antes bajo administración norteamericana, ahora en manos de un país tercermundista y por cuya capacidad de manejo nadie apostaba un vil centésimo. Pero, una elite de panameños hizo el milagro. Lo alcanzó bajo un esquema de labor organizada, disciplinada, con la eficiencia ganada a través de más de medio siglo de experiencias adquiridas y un sistema administrativo transparente y competitivo que no sólo disipó los temores del mundo desarrollado sino que los sacudió cuando, no satisfechos con el éxito obtenido, la pequeña República de Panamá se embarcaba en la empresa gigantesca de la ampliación del Canal y la construcción de un tercer juego de esclusas capaz de permitir la navegación de los más avanzados buques del transporte marítimo.
Sí. Sorprendente e increíble. Sobre todo al observarse el revés de esa moneda llamada Panamá, que muestra de igual modo una economía pujante, con un desarrollo urbanístico y turístico envidiables, pero que hiere la sensibilidad de sus propios ciudadanos al sobrevivir en una democracia sin separación de los poderes del Estado porque el presidencialismo se impone en todas las esferas desde que el poder civil volvió en 1990, tras la invasión norteamericana.
Con ausencia de Políticas de Estado que den continuidad a las metas que los gobiernos de turno se proponen, ya que no hay partidos programáticos sino de clientelismo político para servirse del Estado.   En donde la Corte Suprema de Justicia pasó a ser de Injusticias (honrosas excepciones) al extremo de que las víctimas de un genocidio por dietilenglicol duermen el sueño eterno y desconsolador al desconocerse ¿década después? los grandes actores de drama tan siniestro.
Que ex-Presidentes eliminaran a funcionarios de sus puestos públicos sin justificación legal mientras que nuestro Poder Judicial nunca se pronunció y fue la Comisión de Derechos Humanos de la OEA quien condenó la acción de Endara y Mireya Moscoso repuso después a los destituidos por Balladares.
El Estado (tú y yo, criaturas inocentes) pagaremos dinero compensatorio que podría ir a Salud, Educación, etc.   Que una Procuradora fuera penalizada con razón legal, por cuatro meses, pero retirada de su cargo por cuatro años (?) por pinchar, no antojadizamente sino a solicitud de una víctima desesperada de extorsión, ansiosa por certificar el delito que acusaba, mientras que otros altísimos funcionarios que actuaron muchísimo peor, pinchando a diestra y siniestra, permanezcan mostrando su faz indigna ante el país, burlándose de toda la nación de la misma manera que el extorsionador pescado in fraganti.
Que una Asamblea se dé el lujo de violar sin asco sus propios reglamentos para introducir, de última hora, artículos nuevos a las leyes que debate.
Que fondos del Canal (Prodec) se dilapiden sin ningún castigo a los bellacos. Sí. El cielo y el infierno se miran muy cercanamente en nuestro pequeño istmo.
¿Podrá el brillo dorado del envés resistir al óxido que carcome el revés de nuestra moneda, aceleradamente? ¡E ahí el dilema y el reto ineludible que enfrentamos como nación!

<>Artículo publicado el 6 de septiembre de 2010 en el diario  El Panamá América a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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