¿Voto o juramento?

Aclaraciones en la opinión del médico…

Daniel R Pichel 

A raíz de mi última columna, recibí muchos mensajes electrónicos y leí los comentarios anotados en prensa.com sobre la escasez de especialistas. Me sorprendió la cantidad de anotaciones que se hicieron en la página del periódico. Mi única incomodidad es que pienso que todo aquel que emite una opinión debe identificarse correctamente para que nadie utilice el “anonimato cibernético” para decir cualquier tontería.

La transparencia en las actividades humanas debe ser prioritaria, en especial en los medios de comunicación. Por eso, mis columnas incluyen mi correo personal para que me pueda escribir todo aquel que lo desee. Comentaré algunos de estos mensajes…

Siempre hay tres o cuatro amargados crónicos de esos que se quejan de todo lo que los rodea, juzgando y opinando sobre cosas que no tienen idea. Me acusaron de practicar “el pensamiento falangista de la España de Franco”, por haber participado en el grupo de garantes de salud que convocara el gobierno anterior con motivo del asesinato con dietilenglicol.    Sospecho que el imbécil que escribió semejante cosa, evidentemente ni me conoce ni tiene la más remota idea de mi forma de pensar.

Algunos me cuestionaron por no aceptar la plaza de trabajo que me ofrecieran en Colón porque seguramente “ya ganaba demasiado en mi clínica privada”.   La razón real es que, en aquel momento, tenía una práctica muy incipiente, principalmente durante la mañana, lo cual, si me trasladaba a Colón, no podría mantener.   Además, mi hijo tenía un año de edad y mi esposa hacía el internado en el interior, por lo cual no iba a alejarme de mi familia por ninguna plaza de trabajo.

Hasta me acusaron de homofóbico por decir que, “si los especialistas que se traigan del extranjero son gente normal y forman una familia en Panamá, ya no regresarán a sus países”. Pues resulta que a mí me parece de lo más normal que si un profesional joven (porque no serán los veteranos quienes vendrán), se traslada a otro país, lo más seguro es que consiga una pareja y forme una familia. No veo la homofobia en el asunto, pero…

También opinaron los médicos y sus familiares, resaltando lo intensivo de la preparación de un profesional de la medicina hasta completar una especialidad (12 ó 13 años de estudios). Algunas ideas interesantes surgieron, aunque la mayoría de ellas no descubren ninguna fórmula que no haya sido aplicada ya en otros países. Incentivar no solo económicamente sino también con capacitación a quienes instalen su práctica en el interior del país me pareció lógico, así como mejorar la remuneración de los médicos que hagan práctica exclusiva a nivel público (esta fórmula fue utilizada con éxito en España).

Otros, confirman que el problema es mucho más complejo de lo que parece. Existe un terrible rencor contra los profesionales de la medicina, trabajen en el Estado o en la medicina privada, por el hecho de que aspiren a mejor remuneración por su trabajo. Algunos comentaron que “el médico debe tener un sueldo digno (sin definirlo, por supuesto) pero no superior al de ninguna otra profesión”.

Francamente, es difícil comprender esto, pues los médicos tenemos los mismos compromisos, metas y aspiraciones que cualquier otro ciudadano, teniendo un trabajo de gran responsabilidad. Olvidan que existen intermediarios entre quien da el servicio y el enfermo, lo que, se quiera o no, altera la dinámica de cualquier relación natural médico-paciente. Si los “pagadores” (sean Minsa, CSS o aseguradoras), establecen una escala de remuneración basada solamente en precios y cantidades de pacientes atendidos, ignorando resultados medibles, no podemos esperar nada muy diferente a lo que tenemos.

Así, es interesante escuchar que el asegurado diga “yo pago seguro y exijo que mi hipertensión la trate un cardiólogo como en Paitilla”… eso suena democrático pero, les guste o no, el sistema no tiene recursos para dar ese servicio. Por eso, es básico establecer un modelo de medicina primaria que permita el tratamiento de los problemas, refiriendo a quienes realmente lo requieran.

Entiendan que, si la presión está controlada, para el paciente no hará ninguna diferencia si la receta la escribe un médico general, un internista o un cardiólogo. Así, los recursos se usarán de manera más sensata y la escasez será menos manifiesta.

Por último, hago una aclaración muy pertinente. Lo que hacemos los médicos cuando nos graduamos es un “juramento” originalmente redactado en épocas hipocráticas y ahora modificado por la OMS en 1948. En ningún momento, que sepamos, hacemos un “voto de pobreza” como los monjes franciscanos.  Por favor, no confundan ambas cosas…

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Artículo publicado el 29 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.
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