Entre optimismo y desilusión

La opinión de….

Betty Brannan Jaén

PANAMÁ, R.P. –Esta semana me tropecé con la más reciente encuesta de Latinobarómetro, una ONG chilena (www.latinobarometro.org) que por 14 años ha venido haciendo sondeos regionales en 18 países latinoamericanos.

Esta encuesta (publicada en diciembre de 2009) muestra optimismo en la visión que los panameños tenemos de nuestro país, aunque no todos los renglones muestran el fortalecimiento democrático que yo hubiera querido ver.

Por ejemplo, solo hay un país en Latinoamérica en donde los ciudadanos están más opuestos que nosotros a tener un gobierno militar.   La encuesta de Latinobarómetro muestra que 70% de los panameños asegura que “en ninguna circunstancia apoyaría un gobierno militar”.

Solo Costa Rica marca mayor rechazo a los gobiernos militares –91% – mientras que el promedio latinoamericano es apenas 65%.    Eso me pareció buenísima noticia hasta que se me ocurrió buscar la encuesta Latinobarómetro de 2005. Allí descubrí que en este renglón (rechazo a gobiernos militares) hemos caído de 77% en 2005 a 70% ahora.

Por otro lado, muy alto índice de los panameños –80%– cree que “la democracia puede tener problemas pero es el mejor sistema de gobierno”. Aceptación entre panameños de que “la democracia es preferible a cualquiera otra forma de gobierno” ha ido aumentando para llegar a 64% en 2009.

Además, los panameños sienten sorprendente confianza en la calidad democrática de su gobierno, por lo menos según las cifras de Latinobarómetro.   Al pedir que los encuestados dieran calificación del 1 al 10 en cuanto “qué tan democrático es su país”, Panamá quedó de tercero en la América Latina:  Los uruguayos dieron nota de 8.4 a su país, los ticos 8.0, y los panameños 7.7 (muy por encima del promedio latinoamericano, 6.7).

Igualmente, 74% de los panameños encuestados confió en que nuestras elecciones son limpias (segundo entre países latinos y un aumento importante desde 2005, cuando 54% confiaba en la honestidad de las elecciones). Particularmente asombroso es que 50% de panameños en el sondeo opinó que en nuestro país “se gobierna para el bien de todo el pueblo”. En 2008, por contraste, solo 12% de panameños pensaba que se gobernaba para todo el pueblo, mientras que 84% pensaba que se gobernaba para “los intereses de los poderosos”.

Sin embargo, este último sondeo regional de Latinobarómetro se hizo en septiembre y octubre del año pasado y no hay duda de que el optimismo panameño expresado allí reflejaba que el gobierno de Ricardo Martinelli estaba en sus primeros meses.

Las cifras seguramente serían distintas ahora, pero habría que analizar los márgenes de diferencia. Sondeos al final del gobierno de Martín Torrijos mostraron pesimismo en varios renglones, pero Latinobarómetro estimó que ese “vaivén de sentimientos” no significaba que los panameños habíamos alterado nuestro compromiso firme con la democracia.

Por otro lado, algunas preguntas incluidas en los sondeos de Latinobarómetro de 2003 a 2008 no fueron incluidas en la encuesta de 2009.   Una de ellas fue esta: “Imagínese que el total de los funcionarios públicos en el país fueran 100 y que usted tuviera que decir cuántos de esos cree son corruptos”.

En Panamá en 2008, 74.5 fue la respuesta, uno de los índices más altos de la región; en 2005, los panameños habían estimado que 67 de cada 100 funcionarios eran corruptos.    Es decir, vamos de mal en peor en cuanto a autopercepción de la corrupción.   En la encuesta de diciembre de 2009, los panameños pensaban que ahora se está avanzando más que antes en la lucha contra la corrupción; habría que ver si todavía piensan así.

En balance, creo, nuestra fe en la democracia sigue venciendo cualquiera desilusión con los gobernantes. En esta más reciente encuesta, 61% de panameños se declaró “satisfecho” con su democracia (tercer lugar en la región, después de Uruguay y Costa Rica). Un resultado asombroso pero alentador.

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Artículo publicado el 29 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Estrés postraumático global

La opinión de….


Juan Carlos Ansin

Tras casi un cuarto de siglo de hegemonía neoliberal, la extensión y profundidad de la crisis económica actual, especialmente en los países desarrollados, ha dejado una estela cada vez más ancha de escepticismo que poco a poco se ha ido transformando en un estado de conmoción pública.
Curiosamente, las vapuleadas economías latinoamericanas, un poco curtidas por el espanto y otro poco inmunizadas de tantas “libertades” sostenidas con el hacha del verdugo, van sorteando la tormenta.   No es novedad alguna afirmar que la libertad individual es el centro en que descansan las demás libertades y los otros dos pilares del neoliberalismo económico: el libre mercado y el Estado minimalista. Creo con Canguilhem, que la búsqueda del error es el fundamento del pensamiento humano. Pues bien, descubrir, aunque sea tardíamente, que es un error admitir que el “individuo autónomo se comporta de manera racional” o que “en la relaciones entre individuos la libertad absoluta es prioritaria y que en esa relación, los valores relevantes caen en el ámbito de la ética individual y de la filosofía, pero fuera del campo económico” ha dado origen a este tipo de estrés económico postraumático global.

Para Friedman, la responsabilidad primaria de la economía es la de obtener beneficio. Como vemos, para el otro padre del neoliberalismo, la ética debe estar sometida a la libertad del individuo. Consideración que a mi juicio debiera ser al revés: la libertad individual debe estar sometida a las normas éticas de la sociedad. Desde ya, la pregonada responsabilidad social empresarial, no es nada más que la aplicación de reglas, en un contexto moralmente justo, aceptadas libremente para la obtención de beneficios mutuos.

La ineludible necesidad de pactar contratos y tratados económicos, pone en evidencia la precaria racionalidad en el comportamiento del individuo dejado en libertad para hacer negocios. Galbraith advertía que el principal problema social radica en la desproporción entre el derroche privado y la pobreza pública (carencia de escuelas, hospitales y carreteras).  Los ejemplos de corrupción pública y privada son sobradamente conocidos y no deja de ser otro de los principales causantes de la presente crisis.

El economista brasileño E. Giannetti, afirma que este egoísmo ético individual, se basa en la teoría del choque de intereses como motor de la producción y la riqueza. Y propone: “La presencia de valores morales y la adhesión a normas de conducta éticas, son requisitos indispensables para que en el mercado se instaure como regla la conciencia civilizada”. Esto es, competir dentro de normas que hagan de la suma de las libertades individuales un Estado democrático, responsable y justo.

Admito que “en tiempo de crisis cualquier ideología es un bien de lujo”. Pero no por eso debemos seguir a cualquier flautista encantador, venga de Chicago o de Caracas, porque como nos advirtiera James Joyce: “¿Qué clase de alivio sería abandonar una idea absurda, pero coherente y lógica, para abrazar otra que es incoherente e ilógica?”.

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Artículo publicado el 29 de agosto  en el diario  El Panama América a quien damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Los pacientes y el proyecto de ley

La opinión de…

David A. Ocalagán B.

No comprendo por qué cuando los pacientes opinamos sobre determinado tema, como es el caso de la propuesta del Ministerio de Salud (Minsa) sobre medicamentos y otros productos de consumo humano, algunos altos funcionarios tratan de desacreditarnos diciendo que somos manipulados; que no podemos ser parte de las consultas porque ellos son los técnicos y creen que no podemos aportar.

Tanto las autoridades del Minsa como el director de la CSS creen que por la alerta activada por las asociaciones de pacientes de cara al proyecto de ley que reemplaza a la Ley 1 de Medicamentos, los agremiados somos manipulados por empresarios, comerciantes y farmacéuticas, como si fuésemos ignorantes que pueden ser inducidos sin tener criterio profesional sobre el consumo de medicinas, sus efectos y el negocio que representan para todos, incluidos funcionarios.

Hay que abrir una mesa de trabajo donde concurran todas las partes interesadas en el proceso de consumo y adquisición de medicinas y otros productos, para analizar las mejoras a la ley, no para reemplazarla.

Esto no debería ser un problema, de no ser por los intereses económicos –más que sanitarios y sociales– evidentes en el proyecto de ley, que tiene un fuerte ingrediente de flexibilización en las compras, capacidad gubernamental de efectuarlas directamente y debilidad de fiscalización y control de los productos que ingresen al país, por parte de la Dirección Nacional de Farmacias y Drogas y del Laboratorio de Referencia de la Universidad de Panamá.

La propuesta que reemplazará a la Ley 1 del 10 de enero de 2001 es mala y no tiene el aval de todos; se vela solo por el interés de unos pocos que desean ser más ricos.

Las muertes que se causen con la llegada de medicinas falsas tendrán responsables, porque los diarios recogen los nombres de los que dicen que esta nueva norma regulatoria será buena y segura, al traer basura farmacológica a precios bajos de países de altos estándares y de alta calidad determinados por ellos.

Estamos seguros de que el desabastecimiento, altos precios y agilización de los trámites de registros sanitarios no serán resueltos con la nueva ley, porque el objetivo de fondo es el dinero, no la vida.

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Artículo publicado el 29 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

¿Voto o juramento?

Aclaraciones en la opinión del médico…

Daniel R Pichel 

A raíz de mi última columna, recibí muchos mensajes electrónicos y leí los comentarios anotados en prensa.com sobre la escasez de especialistas. Me sorprendió la cantidad de anotaciones que se hicieron en la página del periódico. Mi única incomodidad es que pienso que todo aquel que emite una opinión debe identificarse correctamente para que nadie utilice el “anonimato cibernético” para decir cualquier tontería.

La transparencia en las actividades humanas debe ser prioritaria, en especial en los medios de comunicación. Por eso, mis columnas incluyen mi correo personal para que me pueda escribir todo aquel que lo desee. Comentaré algunos de estos mensajes…

Siempre hay tres o cuatro amargados crónicos de esos que se quejan de todo lo que los rodea, juzgando y opinando sobre cosas que no tienen idea. Me acusaron de practicar “el pensamiento falangista de la España de Franco”, por haber participado en el grupo de garantes de salud que convocara el gobierno anterior con motivo del asesinato con dietilenglicol.    Sospecho que el imbécil que escribió semejante cosa, evidentemente ni me conoce ni tiene la más remota idea de mi forma de pensar.

Algunos me cuestionaron por no aceptar la plaza de trabajo que me ofrecieran en Colón porque seguramente “ya ganaba demasiado en mi clínica privada”.   La razón real es que, en aquel momento, tenía una práctica muy incipiente, principalmente durante la mañana, lo cual, si me trasladaba a Colón, no podría mantener.   Además, mi hijo tenía un año de edad y mi esposa hacía el internado en el interior, por lo cual no iba a alejarme de mi familia por ninguna plaza de trabajo.

Hasta me acusaron de homofóbico por decir que, “si los especialistas que se traigan del extranjero son gente normal y forman una familia en Panamá, ya no regresarán a sus países”. Pues resulta que a mí me parece de lo más normal que si un profesional joven (porque no serán los veteranos quienes vendrán), se traslada a otro país, lo más seguro es que consiga una pareja y forme una familia. No veo la homofobia en el asunto, pero…

También opinaron los médicos y sus familiares, resaltando lo intensivo de la preparación de un profesional de la medicina hasta completar una especialidad (12 ó 13 años de estudios). Algunas ideas interesantes surgieron, aunque la mayoría de ellas no descubren ninguna fórmula que no haya sido aplicada ya en otros países. Incentivar no solo económicamente sino también con capacitación a quienes instalen su práctica en el interior del país me pareció lógico, así como mejorar la remuneración de los médicos que hagan práctica exclusiva a nivel público (esta fórmula fue utilizada con éxito en España).

Otros, confirman que el problema es mucho más complejo de lo que parece. Existe un terrible rencor contra los profesionales de la medicina, trabajen en el Estado o en la medicina privada, por el hecho de que aspiren a mejor remuneración por su trabajo. Algunos comentaron que “el médico debe tener un sueldo digno (sin definirlo, por supuesto) pero no superior al de ninguna otra profesión”.

Francamente, es difícil comprender esto, pues los médicos tenemos los mismos compromisos, metas y aspiraciones que cualquier otro ciudadano, teniendo un trabajo de gran responsabilidad. Olvidan que existen intermediarios entre quien da el servicio y el enfermo, lo que, se quiera o no, altera la dinámica de cualquier relación natural médico-paciente. Si los “pagadores” (sean Minsa, CSS o aseguradoras), establecen una escala de remuneración basada solamente en precios y cantidades de pacientes atendidos, ignorando resultados medibles, no podemos esperar nada muy diferente a lo que tenemos.

Así, es interesante escuchar que el asegurado diga “yo pago seguro y exijo que mi hipertensión la trate un cardiólogo como en Paitilla”… eso suena democrático pero, les guste o no, el sistema no tiene recursos para dar ese servicio. Por eso, es básico establecer un modelo de medicina primaria que permita el tratamiento de los problemas, refiriendo a quienes realmente lo requieran.

Entiendan que, si la presión está controlada, para el paciente no hará ninguna diferencia si la receta la escribe un médico general, un internista o un cardiólogo. Así, los recursos se usarán de manera más sensata y la escasez será menos manifiesta.

Por último, hago una aclaración muy pertinente. Lo que hacemos los médicos cuando nos graduamos es un “juramento” originalmente redactado en épocas hipocráticas y ahora modificado por la OMS en 1948. En ningún momento, que sepamos, hacemos un “voto de pobreza” como los monjes franciscanos.  Por favor, no confundan ambas cosas…

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Artículo publicado el 29 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

El décimo estudiantil

La opinión del educador….
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ALBIS RIQUELME 

De todos los proyectos en las agendas sociales de diversos gobiernos, por lo menos en los últimos 20 años, se recordarán algunos con un impacto bueno, pero limitado. P. ej., los bonos de Navidad a los jubilados, los aumentos a diversos sectores del funcionariado público, la creación de redes de oportunidades, al igual que el bono alimenticio.

Recientemente uno de los proyectos con mayor impacto social, ha sido el programa 100 para los 70, evaluado como uno de lo más solidario, pues, lleva implícito un reconocimiento al esfuerzo y la dedicación como deuda social ante la labor realizada.

La entrega de la beca universal efectuada en Bocas del Toro, da inicio a un nuevo tipo de apoyo, que rompe los límites que otros programas siempre llevaron. Becas para todos los que estudian, sin excepciones. Lo que hace mucho, se inició con las agendas sociales, hoy ve el cumplimiento de los principios que sirvieron de piso a estas nuevas estrategias de gobierno.

Poder cubrir a todos los sectores por igual, que el apoyo sea general, es una meta que se veía difícil por la escasez de recursos, pero el nuevo replanteamiento de las finanzas públicas bien llevadas, donde no existen las exoneraciones antojadizas que se daban.

Por otro lado, se ha hecho saber que cerca de $500 millones que deben entrar al Fisco, son evadidos a través del no uso de cajas registradoras en muchos comercios, que funcionan con un cajón alterno y una sumadora; estos serán tratados de recobrar usando la tecnología. Si así se procede, dará más oportunidad de cumplir metas en agendas sociales tan necesaria. El próximo paso para nuestros gobernantes será crear un fondo solidario para los desempleados, a los cuales nadie ayuda.

Cuando esté en su plenitud, la beca universal se pagará en tres partidas, igual que se hace con el décimo tercer mes en todo el país.

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Artículo publicado el 29 de agosto de 2010  en el diario  La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Lapidación en Irán

El señor Martinelli tiene la potestad, de utilizar los medios diplomáticos y ayudar a evitar esta injusticia, siendo un paladín en esta causa.  Leámos el artículo de opinión de…

Fernando Amador A.

Exhortación a la ciudadanía panameña de conciencia, muy especialmente al Señor Ricardo Martinelli.
El caso en Irán de Sakineh Ashtiani, puesto en evidencia a nivel mundial por la organización ¨Avaaz.org¨ en una campaña internacional de difusión y denuncia contra la práctica brutal y decadente de ejecutar a una mujer por la ¨lapidación¨. Fue condenada a muerte por la ¨lapidación ¨ porque supuestamente había mantenido relación con otro hombre, a pesar de que su marido había fallecido años atrás; sin embargo, la lapidación ya había sido declarada ilegal en Irán.
Agravando más las cosas, para esta mujer, se enfrentó a un juicio celebrado en un idioma que no es el suyo. Sus dos hijos lanzaron una campaña para salvar la vida de su madre, que ha logrado impacto mundial.Bajo la creciente presión, el régimen iraní revocó la lapidación, pero mantiene aún la condena a morir ejecutada. El régimen iraní ha amenazado con arrestar a sus dos hijos por hacer declaraciones y ya emitió una declaración de arresto contra el abogado de Sakineh, que ha tenido que pasar a la clandestinidad, sus familiares a su vez, están siendo objeto de persecución.

Los hijos de Sakineh han enviado una última súplica ¨No permitan que nuestra pesadilla se convierta en una realidad, hoy cuando casi todas las opciones están terminando en callejones sin salida, recurrimos a ustedes, por favor ayuden a nuestra madre a volver a casa”.

En recientes publicaciones el presidente Lula del Brasil, el primer ministro de Turquía, Ergodan, sostienen una foto de Sakineh con el título ¨Su vida está en tus manos¨. En la actualidad el régimen de Irán menciona que podría ser ahorcada.

Toda esta aberración inhumana y machista, puede terminar si al unísono alzamos nuestra voces de protesta. El señor Martinelli tiene la potestad, de utilizar los medios diplomáticos y ayudar a evitar esta injusticia, siendo un paladín en esta causa.

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Artículo publicado el 28 de agosto  en el diario  El Panama América a quien damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

La unidad perdida

La opinión de…

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Ruling Barragán Yáñez 

De los términos “racionalidad” (o “razón”, sin más) y “religión” se han encargado eminentes eruditos en portentosas enciclopédicas filosóficas. Quienes los han leído saben bien que ambos conceptos, razón y religión, son sumamente controvertidos, pero no por ello queda a criterio de cada quien decidir qué significan.

En términos generales, por razón o racionalidad se comprende básicamente la facultad humana de pensar y argumentar de acuerdo a ciertos principios lógicos; por religión se entiende aquellas creencias y prácticas que adopta el ser humano como visión general del mundo y fundamento moral de su existencia.

Según algunos estudiosos, a partir de la modernidad (vagamente, desde el siglo XVI), se resquebraja la unidad existencial entre la pura racionalidad y la dimensión espiritual de la experiencia humana sustentada por grandes filósofos antiguos (por ejemplo, Platón y Plotino) y eminentes teólogos medievales (Tomás de Aquino, Avicena, o Suárez), en el contexto de la cultura occidental.

Hoy día, la ciencia moderna reemplaza a la sabiduría antigua; ya no se habla de Dios o el alma humana, pues el progreso científico–técnico del mundo moderno no sustenta concepciones religiosas o espirituales.

Antes bien, tiende a desestimarlas como ilusiones o fantasías, generando un proceso de “desencantamiento” (Weber), que sumerge a los individuos y sociedades modernas en un universo “humano, meramente humano” (Nietzsche), sin ninguna trascendencia, fundamento o finalidad en sentido metafísico.

Así pues, con “la muerte de Dios” –esto es, cuando las creencias religiosas ya no son aceptables u operantes en el mundo moderno– el hombre se enfrenta a un vacío existencial que la ciencia, el arte o la política al parecer no pueden llenar.   La pregunta “¿por qué debo ser justo, o bueno?” se da entonces de un modo mucho más acuciante y problemático.

Gran parte de nuestros actuales problemas éticos, sociales y políticos se deben al “déficit motivacional” (Habermas) que ha producido la muerte de Dios en la modernidad. Desde hace siglos, intentamos sobrellevar la muerte de Dios con variados cultos seculares: a la nación, al Estado, a la ciencia y la técnica, al capitalismo (o al marxismo), a la democracia (o a los derechos humanos), a la cultura y al individualismo, entre tantos otros.    Tal vez, Dios pervive en ellos en alguna forma, pero de manera fragmentaria, dispersa y debilitada.

En otros tiempos y culturas, la racionalidad no excluía a la transcendencia. Actualmente, no es así, al menos para la cultura occidental en significativa medida. Ante esta situación, es menester replantearnos ciertas preguntas de suma importancia vital: ¿cuál es el sentido y cuánto el valor que le damos a lo que llamamos “racionalidad”?

Asimismo, ¿qué significado y validez otorgamos a lo que denominamos “trascendencia”? ¿Debemos renunciar a una en virtud de la otra? ¿O es posible recuperar de alguna manera la unidad perdida entre la razón y lo trascendente que sustentaba y enaltecía al ser humano en tiempos pretéritos?

De las respuestas que tengamos para estas preguntas, dependerá la orientación moral que le demos a nuestras vidas y el mundo en general.

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Artículo publicado el 28 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.