Mi mundo sin quejas

La opinión de…

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Levana Melamed N.

A pesar de todo, el panameño siempre tiene una sonrisa. ¿A pesar de todo? ¿Y qué es todo? Vivimos en una sociedad de quejas, así es, si llueve nos quejamos porque todo se inunda, el tráfico es peor, sí peor, porque malo es el resto del tiempo (ven que es difícil no quejarse). Sin embargo, si no llueve nos quejamos porque hace calor, porque el sol es muy fuerte –pica–, porque sudamos…

Nos quejamos porque queremos un buen trabajo, luego tenemos uno y nos quejamos porque no nos gusta; nos quejamos del transporte público, del gobierno, del vecino, de la familia. Los panameños nos quejamos de todo y aun así seguimos sonriendo. Interesante.

Hace un tiempo un familiar me regaló el libro Un mundo sin quejas y debo admitir que al principio no me hacia mucha gracia, luego me animé a leerlo y participar del sacrificio.

Sacrificio, porque limitarse de ciertas cosas en esta sociedad ¡vaya que es un sacrificio!, así que hice un par de modificaciones a las recomendaciones del libro y hacerlas a mi modo panameño. Dejé de exteriorizar mis quejas sobre algunas cosas, empecé por las insignificantes –como quien deja un vicio, no se puede hacer de un día para otro, hay que dedicarle tiempo y ponerle voluntad–, cada vez que me iba a quejar sobre algo lo retenía en mi cabeza y así me fui.

Quejarse es exteriorizar temores, molestias e inseguridades. En ciertos casos quejarse puede ser bueno, pero hay que tener en cuenta el contexto en el que se realiza la queja. Después de un tiempo de experimentar el mundo sin mis quejas me empecé a sentir mejor. Río más, disfruto de cosas sencillas, converso de temas alegres, recuerdo momentos entretenidos. Y al parecer se nota, pues alguien me dijo “te ves más alegre”, ¡será porque así es!

Sintiéndome más alegre, he observado lo frustradas que están algunas personas, la falta de voluntad y fe que sufren otras. Esta es una sociedad acostumbrada al mal servicio, al mal vivir, a la mediocridad, al día a día de malas noticias y a quejarse de todo. Es una sociedad donde “si a mí no me afecta, no me interesa”, y donde “todo tiene un culpable que no soy yo”.

Somos una sociedad de quejas y que no busca solución a las mismas; que lucha un rato por alcanzar una meta y luego se distrae; que teme los resultados posibles, pero irónicamente seguimos sonriendo.

Nos falta gente que crea en ideales; en que según las maneras en cómo se ejecuten las acciones obtendremos los resultados; que crea en cambiar tomando en cuenta la afectación que eso tenga sobre los demás y el entorno; que crea en ayudar al prójimo (a salir adelante, a sobreponerse de la tempestad, a seguir teniendo ganas de luchar no a cargar al cansado ni a malcriar al holgazán); que crea que todos los panameños merecemos las mejores oportunidades; que somos orgullo de nuestro país y así no reír para no llorar, sino sonreír, porque somos realmente felices.

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Artículo publicado el 26 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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