Seguro Social… En qué momento se acabó

La opinión de la Doctora en Medicina….

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Marisín Villalaz de Arias

Hace unos años leí un libro muy bueno que se llama: “En qué momento se jodió Colombia” que volveré a leer.   Pensando, analizaba mis años de trabajo en el Seguro Social, cuando la institución era una tacita de oro, con autonomía verdadera y manejada por Directores que eran garantía de honestidad y trabajo.

Un buen día llegó la dictadura militar y, al principio se respetó la situación del Seguro: pero más adelante se les abrieron los ojos a los que manejaban el país y se dieron cuenta de la cantidad de dinero que poseía… y allí le cayeron.

Se convirtió en la caja menuda del General y vino la política de quitar al Ministerio de Salud la responsabilidad que le daba la ley de atender a todos los no asegurados. Si bien es cierto que los hijos tenían servicio en el Seguro, eran limitados a consulta externa, medicamentos, laboratorio y radiología.

Cuando, antes de la dictadura, la Junta Directiva del momento quiso ampliar los beneficios, consultó con las organizaciones internacionales y les respondieron que las finanzas no daban para tanto y allí quedó todo.

Sin embargo, con el paternalismo que caracterizó a los militares, ampliaron esos beneficios y las personas que pueden asegurarse. Hoy, un empleado que gana B/ 200.00, tiene dos padres, seis hijos, una esposa, totalmente atendidos por el Seguro hasta encontrar un número superior de beneficiarios sobre los asegurados.

Luego cambiaron el plan de préstamos para vivienda, desaparecieron unos bonos, el gobierno central comenzó a aumentar la deuda con la institución y otras cosas más,   hasta agotar los fondos y hoy en día tenemos jubilaciones de hambre para muchos viejitos y sin esperanza de un aumento.

No ha llegado a arreglarse el problema de las citas que son para meses después, el desabastecimiento de medicamentos, de insumos de laboratorio, de exámenes radiológicos porque el dinero no alcanza para los servicios que ofrece.

El Director actual anunció que revisaría el problema de los beneficiarios y quedó en nada porque consideran que el precio político es muy alto y prefieren ignorar el problema.

Recordemos que la existencia del Seguro es el pilar central de los que sostienen la democracia y en la medida que no sepan manejarlo, podrá presentarse explosiones sociales incontrolables.

Miremos, analicemos, prevengamos que se acabe el Seguro para la tranquilidad del país. Los que lo manejan deben pensar seriamente en el futuro de esa gran creación de un estadista.

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Artículo publicado el 25 de agosto de 2010 en el diario El Panamá América Digital,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Una carta a mi hijo

Una carta a mi hijo…. Por el médico y miembro del Club Rotario de Panamá…
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CARLOS VÁZQUEZ

Recuerdo cuando uno de nuestros hijos llegó a la edad aquella donde ellos creen que tienen el mundo en sus manos, caracterizado sobre todo por los primeros signos de rebeldía, y matizado por momentos de risas y depresiones frecuentes. Consideré oportuno mantener una conversación sincera y abierta con él, al ver que su comportamiento entraba en una etapa crucial.

La manera de llegarle al muchacho, y evitar que se pusiera a la defensiva, fue escribirle unas líneas que puedo resumir de esta manera:

‘Hijo, te he visto un poco rebelde y taciturno, y quisiera dialogar contigo.

Tus gestos de rebeldía no me desagradan, pero sí quiero que entiendas que mientras vivas en esta casa, con nosotros, hay ciertas reglas que tienes que cumplir.  Ese es nuestro estilo de vida y solo cuando tú tengas tu propia casa impondrás tus propias reglas.   Por ahora respeta las nuestras; recuerda que esta casa es tu hogar y en ella no se vive una democracia tal como te gustaría que fuera. Esto se debe a que ni yo hice una campaña para ser tu padre ni tú votaste por mí.

Lo importante es que recuerdes siempre que somos padre e hijo y yo he aceptado este privilegio con orgullo y responsabilidad.   Esta decisión que tomé en mi vida me da la autoridad suficiente para que me respetes como tu padre.   Es más, aspiro a que me quieras y respetes como un amigo, no como tu compañero, dado que nuestras edades son diferentes. En todo momento ten claro que soy y seré siempre tu papá, no busco que me aceptes como ese compañero pío pío o un ‘paciero’.

En todo momento y circunstancia, recuerda siempre que tienes en mí a un amigo, aunque te tergiversen nuestra relación, alegando que estamos en diferentes niveles.

Por todo lo anterior, te pido que hagas en esta casa lo que yo diga o piense, sin cuestionamientos.

Todo esto te lo digo porque te amo;   sé que será difícil que lo comprendas, pero me entenderás cuando ya tengas tus propios hijos.

Finalmente, sé que me sacarás a relucir tus derechos, los cuales yo debo respetar; estás en lo correcto.   Pero quiero también que sepas que estos derechos los debes respetar y ganarlos con responsabilidad.   Y por último, no busques escudarte en ellos, pretendiendo hacer lo que te venga en gana.

Te pido que creas en mí, que tengas confianza en tu papá, que yo te amo por encima de todo y tú deberás ser tenaz, prepararte para la vida y verás cómo lograrás el amor y respeto de tus propios hijos.

Te quiero mucho,   tu papá’.

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Este artículo se publicó el 26 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Entrevista a José Martí

La opinión del Sociólogo, Escritor y Educador….

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Raúl Leis R.

José Martí (1853-1995) fue un político, pensador, periodista, filósofo, poeta cubano, creador del Partido Revolucionario Cubano y luchador para lograr la independencia de España. Su pensamiento y vida ha influido poderosamente en no solo en sus compatriotas, sino en personas y movimientos de todo el mundo. La entrevista es ficticia pero con respuestas tomados de los textos martianos:

P ¿Qué opina del derecho a la educación?

JM: El venir a la tierra, todo hombre tiene derecho que se le eduque, y después, en pago, el deber de contribuir a la educación de los demás. A un pueblo ignorante puede engañársele con la superstición, y hacerle servil. Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre. El mejor modo de defender nuestros derechos, es conocerlos bien; así se tiene fe y fuerza: toda nación será infeliz en tanto que no eduque a todos sus hijos. Un pueblo de hombres educados será siempre un pueblo de hombres libres. La educación es el único medio de salvarse de la esclavitud. Tan repugnante es un pueblo que es esclavo de hombres de otro pueblo, como esclavo de hombre de sí mismo.

P ¿Qué vale el saber? JM: El que sabe más, vale más. Saber es tener. La moneda se funde, y el saber no. Los bonos, o papel moneda, valen más, o menos o nada: el saber siempre vale lo mismo, y siempre mucho. Un rico necesita de sus monedas para vivir, y pueden perdérsele, y ya no tiene modos de vida. Un hombre instruido vive de su ciencia y como la lleva en sí, no se le pierde, y su existencia es fácil y segura.

P ¿Es lo mismo instruir que educar?

JM: Instrucción no es lo mismo que educación: aquélla se refiere al pensamiento, y ésta principalmente a los sentimientos. Sin embargo, no hay buena educación sin instrucción. Las cualidades morales suben de precio cuando están realzadas por las cualidades inteligentes.

P. La incidencia en políticas públicas apunta a impulsar el buen gobierno. ¿Cómo debe ser ese buen gobieno?

JM: Allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país.

P ¿Su mensaje final?

JM: No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados. Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos.

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Artículo publicado el 25 de agosto de 2010 en el diario El Panamá América Digital,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Cárceles nuevas para corruptos viejos


La opinión del Periodista….

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Aquilino Ortega Luna .

Hace poco me desayuné con la noticia del encarcelamiento del periodista Carlos Núñez por un problema de calumnia e injuria y de que otros comunicadores podían correr con la misma suerte.

Ante tan impactante noticia mi primera reacción fue de asombro, de molestia e impotencia y entendí que la justicia en Panamá, a veces se viste de injusticia.

Entendí que en este país, al mecánico, al sindicalista, al hijo de la cocinera y al periodista, lo meten a la chirola, en menos de los que se hace la señal de la cruz un ñato, pero a los “monos gordos” a los políticos corruptos, a los funcionarios que se enriquecieron con licitaciones amañadas y contratos turbios no los mete a la cárcel ni el mítico intocable Elliot Ness.

No he visto un político de esos que entran al gobierno “limpios y salen millonarios”, condenado por robarse los dineros del pueblo, por cobrar una coima, por amañar un proceso, o por anunciar la construcción de un puente y nunca terminarlo.

No he visto en el banquillo de los acusados a ninguno de esos que se benefició con los dineros de la CSS, o del caso CEMIS, ni a los ministros que se robaron los fondos de educación.

La justicia se encuentra de vacaciones en Panamá y quedó en el cargo la injusticia, acompañada de la corrupción, de la indecencia, del enriquecimiento ilícito y de la impunidad.

Responsables de perseguir el delito, es el momento de encarcelar a todos los delincuentes, no sólo a los humildes.   En las cárceles hay espacio para los de “cuello blanco”, para los que se llenaron los bolsillos de dinero durante el régimen militar o luego de la invasión de Estados Unidos a Panamá.

El país aún enfrenta las consecuencias de escándalos que quedaron en la historia envueltos en un manto de impunidad como los 100 millones que se destinaron para la construcción del Puente Van Dam que nunca se construyó y los dineros del programa colectivo de viviendas de la CSS.

El país aún mantiene abiertas las heridas del caso COFINA donde se entregaron en calidad de préstamos dineros del Estado a amigos del régimen militar y la investigación por el delito de corrupción de servidores públicos que se dio tras la aprobación del proyecto denominado Centro Multimodal Industrial y de Servicios (CEMIS).

Es el tiempo de castigar a los políticos y funcionarios corruptos a esos que no han respetado ni regímenes dictatoriales ni democráticos para generar ganancias deshonestas.

Señor Procurador, déjese de paños tibios y persiga a los corruptos a los que le dieron vida a la corrupción e hicieron de ella un estilo de vida.

Los corruptos, lo que se han enriquecido con los dineros del pueblo y los políticos que ha hecho de la política un medio para satisfacer sus mezquinos intereses, necesitan un escarmiento.

El país está cansado de los políticos corruptos que no tienen ningún respeto por la gente que los mantienen, que roban, trafican con influencias, corrompen y coquetean con el delito y los delincuentes.

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Artículo publicado el 24 de agosto de 2010 en el diario el Panamá América Digital,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El virus de Panamá

La opinión de…

Octavio Gutiérrez

No pertenezco a ningún partido político, nunca he pertenecido a alguno ni soy seguidor de ninguno; tampoco tengo ni he tenido contratos con el Gobierno, soy empleado de la empresa privada y desde que comencé a trabajar lo he sido.

Confieso ser, en parte, responsable de lo que pasa a nuestro querido Panamá, yo voté por el actual gobierno, llevé a mi esposa temprano y la convencí de votar por este gobierno; creí en las promesas y creí que tenían verdadero interés de cambiar los rumbos de nuestra nación; confié en varias de las personas que ocupan ministerios, las que en tiempos de la dictadura arriesgaron su vida, su familia y sus bienes para defender la democracia y las libertades de nosotros como ciudadanos.

El Dr. Miguel Antonio Bernal (con él, la mayor parte de las veces no estoy de acuerdo) dijo en su programa de radio: “Dios mío, qué pecado como sociedad hemos cometido los panameños para merecer estos gobiernos”.

Yo creo que no fue pecado, el problema es que tenemos algún virus en los edificios gubernamentales; personas civilistas se convierten en censores de las libertades civiles y no solo las dictan, sino que las apoyan y defienden. Mi candidato a presidente en las elecciones de 2004 dice ahora que la única forma de buscar dinero para las insaciables arcas del gobierno es aumentar los impuestos a la población, dinero que, por lo que veo, es para garantizar la ganancia a las empresas extranjeras que ahora son buenas y antes eran dudosas y malignas.

Él, que decía que tenía las fórmulas para bajar la canasta básica de alimentos, el precio de la gasolina y demás costos a la población, ahora resulta que se le olvidó cómo hacerlo, y las personas que él escogió para gobernar con salarios que pagamos todos nosotros no tienen ni idea de cómo hacerlo.   La que criticaba todos las mañanas, la inoperancia y la falta de comunicación entre ministerio y educadores ahora no escucha, no habla y no le gusta que le pregunten.

La solución a nuestros problemas está en fumigar estos edificios, comenzando por el Palacio Legislativo, el Palacio de las Garzas y todos los ministerios, principalmente el de Gobierno y Justicia, el Ministerio de Economía y Finanzas, finalizando en la oficina del director de la Policía Nacional (en este caso, creo que más que fumigación, debe ser un exorcismo o algo más fuerte).

Es vital que nuestros doctores fabriquen una píldora para que nosotros, los ciudadanos, que vamos a votar en las elecciones no olvidemos las caras y nombres de los diputados, representantes y alcaldes que apoyaron estas decisiones, que aumentaron nuestro costo de vida, que aprobaron las leyes que nos afectan, que limitan nuestras libertades y que permiten que empresas inescrupulosas se hagan ricas a costa de nuestra vida, de nuestros recursos y del futuro de nuestros hijos.

Así, recordándolos, no votaremos por ellos nuevamente ni por sus amigos ni defensores.   Cuando los veamos en la calle, sin guardaespaldas y sin el tropel de los periodistas, no los determinemos, quitémoles la mirada en señal de repudio; no los pongamos en posiciones de liderazgo social ni escuchemos o veamos sus programas de radio y televisión; convirtámolos en parias sociales y tal vez los que vienen detrás de ellos en esas posiciones políticas se den cuenta y se inmunicen del virus del poder, la soberbia y el engaño.

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Este artículo se publicó el 25 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

‘No puedo ni debo ser capitalista’

La opinión de…

Juan Ramón Sevillano 

En Panamá, donde las desigualdades no solo económicas, sino también educativas, se puede decir que son amorales y hasta inhumanas y que se dan en el sistema capitalista en el que vivimos, no puedo ni debo aceptarlas, ya que con este sistema sufren de hambre, enfermedades y otras carencias las grandes mayorías de la población. Los que creemos en Dios, Yavé o Alá, que es el mismo, no podemos pensar que él acepta como bueno nuestro actuar indiferente e indolente ante tanta miseria.

No es con limosnas, ofrendas o donaciones que esta situación cambiará, así que no nos demos cuatro golpes de pecho en la iglesia, en el templo o en la sinagoga, pensando que ya cumplimos.

En nuestro país mueren niños pobres en las montañas de un simple resfriado. ¿Qué han hecho los gobiernos para evitar que eso se vuelva a repetir?, nada. ¿Qué ha hecho la sociedad civil, qué hemos hecho cada uno?, muy poco.

Es incorrecto que mientras algunos se pasean en costosísimos y lujosos autos (ahora están de moda los Audi), otros ni siquiera tengan un burro para llevar a sus familiares al centro de salud más cercano.

He visto en la carretera, yendo para La Palma, en Darién, a niños sin zapatos escolares, bajo fuertes aguaceros, pidiendo un aventón porque caminan grandes extensiones. Cuando llegan a la escuela, cansados y con hambre, nadie puede imaginar que en esas condiciones, hechas a propósito, podrán captar los conocimientos necesarios para salir de la pobreza.

Mira los grandes yates en la Calzada de Amador, en el Club de Yates, en Puerto Piña o las Islas Paridas, gozando de ambos mares.   ¿Sabes que los pescadores artesanales, que faenan en la madrugada sin tener siquiera lo mínimo para su supervivencia, a veces no pueden pescar por el alto costo del combustible?, costo que no es el mismo que en la ciudad de Panamá. Ahora por estos días andan buscando a uno que se perdió.   ¿Sabes cuánto cuesta un galón de combustible en Punta Alegre, Darién?   No lo sabes, ni te interesa saberlo, ya que lo que pase allá, tú piensas, compatriota, que no te afecta.

Los que creen en el sistema capitalista siempre quieren traer productos comestibles del extranjero, los anuncian mucho más baratos que los nacionales, y los gobiernos –todos corruptos– se lo permiten; así entramos en una guerra de precios que afecta a nuestros productores, humildes panameños que en la mayoría de los casos son hasta familiares nuestros. Por supuesto, en los países chicos la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico no permite los incentivos a estos.

Se abandona el campo con las consecuencias migratorias que todos conocemos, y al dejar de haber competencia los empresarios nos ponen, por ejemplo, los tomates a $1.89 la libra.   Por supuesto, ya no veo los tomatales antes del río Chico, en Natá.

¿Cómo puedo creer en este sistema y en la gente que lo aplaude, si a estos lo único que les interesa es su bolsillo y ser millonarios?   No les importa cuánto sufren los panameños, no les importa que tengan hambre, frío y tampoco les importa que los niños mueran.

Estos supuestos señores asustan a los ignorantes con lo que hace Chávez, pero ni de a vainilla usan como modelo a Lula, jamás le han dicho al pueblo que en Europa impera un sistema social que da grandes beneficios a los trabajadores, esa información es prohibida.

No hay nada que llene más el alma, a los que creemos en Dios, o de satisfacción personal, a los que no creen pero tienen buenos valores, que ayudar o dar de comer a un pobre, cada vez que se pueda; y cuando no se puede, entonces compartir con él.   Mi madre siempre enseñó en nuestro hogar “que donde comen cuatro pueden comer cinco” y así sucesivamente.

Como cristiano católico –igual deben hacer los evangélicos– pienso que no solo es rezar o decir que se cree, sino que es más importante practicar; no puedo ni debo aceptar un sistema en el cual no impera la mejor y mayor enseñanza de Jesús, “el amor con sacrificios por los más pobres”.

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Este artículo se publicó el 25 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.