Las evoluciones del Libro

La opinión del Comunicador Social….

ERNESTO A. HOLDER

A partir del próximo miércoles 25 de agosto y hasta el domingo 29, se celebrará en la Ciudad de Panamá, en el Centro de Convenciones ATLAPA, la VI Feria Internacional del Libro Panamá 2010. El país invitado este año es la República Oriental del Uruguay. Celebro que ya es la sexta versión de este evento en los últimos diez años. Sin embargo, y muy a pesar de que algunos señalan que en nuestro país es un mito la aseveración de que no se lee, la feria en sus primeras cuatro versiones solo reporta 220000 asistentes; relativamente poco si consideramos que tan solo nuestra matricular escolar de un año está por el millón de estudiantes. La página de Facebook para la versión de este año, señalaba que ‘2288 personas ‘likes’ Feria Internacional del libro en Panamá’.

En todo caso, exalto el hecho de que en nuestro país se vienen cimentando la celebración de este tipo de eventos con todas las conferencias y presentaciones que encierran las actividades para los visitantes. Hay un fenómeno que se viene dando y que merece la atención, gradual, de los propulsores del libro y, ante todo, de la lectura. El libro tal como lo conocemos hoy y, ante todo, su contenido que es lo primordial y su razón de ser, está experimentando cambios en su forma de presentación, lo que merece ser tratado como tema de discusión en el marco de los objetivos generales de divulgación y masificación del conocimiento.

Desde que Johannes Gutenberg creó los tipos de plomo para masificar la impresión de textos en 1448, al día de hoy —la era de los satélites y la Internet— el mundo cambio por completo. El mismo Gutenberg no tenía idea de que —literalmente— cambiaría el mundo de la manera en que lo ha hecho. Las infinitas posibilidades de que, como medio masivo de comunicación, sirva de vehículo para condicionar y jugar un papel principal de constantemente reordenar la conducta del homo sapiens a la hora de la configuración y reconfiguración de su realidad social y humana. No en vano la prestigiosa revista LIFE (magazine), en las postrimerías del milenio que acaba de terminar, consideró la creación de los tipos de plomo de Gutenberg como el número uno de los 100 inventos más significativos del los últimos mil años.

Si nos detenemos por un momento a pensar en todo lo que estimuló este invento, no acabaríamos nunca de asombrarnos. Permitió la propagación masiva ante todo, del conocimiento; de los grandes descubrimientos que aún estaban por darse a conocer; del pensamiento y las enseñanzas de los grandes filósofos de la Humanidad; de los textos religiosos e históricos; de las culturas y costumbres de otros pueblos y otras regiones. Y de las grandiosas obras literarias de grandes escritores alrededor del mundo.

Abrió la posibilidad de que cualquier persona en el mundo pudiera tener a su alcance la llave que lo sacaría —sin lugar a dudas— de la oscuridad de la ignorancia. El invento llevó el discurso filosófico e intelectual a otro contexto, el de la documentación de las ideas y los planteamientos científicos y filosóficos que han enriquecido el acervo intelectual de la Humanidad. Y ha puesto esta documentación al alcance de todos.

Es cierto que la masificación de libros se realiza por otros métodos y con la intervención de otras tecnologías. También es cierto, que con la tecnología de esta era, el Internet ante todo, se puede acceder a casi toda la información deseada para alimentar las necesidades de conocimiento que poseemos. La aparición de las tabletas electrónicas (IPads el más conocido) propone un cambio completo dentro de algunas décadas en la forma en que accederemos a las informaciones que generalmente encontramos en los libros.

En EE.UU., durante el segundo trimestre de este año, se vendieron $88.7 millones en libros digitales según el ‘Forum internacional de publicaciones digitales y la Asociación Americana de Editores’. Esta cifra sugiere un incipiente cambio en la manera en que los interesados obtienen sus libros, motivados por ahorros sustanciales en el producto digital, ahorro en tiempo y razones más sociales que tiene que ver con preservar los árboles y movimientos de esa naturaleza.

El cambio tecnológico preocupa y debe ser discutido. Las tecnologías que irán reemplazando el libro no están ni estarán al alcance de los marginados y necesitados de conocimiento. La lectura debe ayudar a elevar el nivel cultural de nuestra población, atacada y amenazada por influencias negativas presentes. En el camino de enfocar a una gran mayoría sobre las riquezas de la lectura, se debe incluir en es esfuerzo de masificación el uso apropiado de las tecnologías que pueden estar presentes cuando llega el momento.

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Este artículo fue publicado el  23 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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